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Sandra vio cuando Andrés bajaba por la escalerilla del escenario en compañía de Esteban. Dejó que este pasara y abordó a su amigo de los ojos claros.
–Te tengo una envidia enorme…, pero de la buena.
–¡Hola, Sandrita! Envidia la mía, lo que acaban de hacer ustedes en ese escenario… está fuera de este mundo… ¿No te parece que es al revés?
–Bueno, sí, gracias. Pero es que tú estás hecho, lo digo por lo del grupo, esto es lo máximo… Tú que estás todo el tiempo aquí, yo en cambio soy apenas un reemplazo… –dijo Sandra mientras caminaban juntos por el corredor que los llevaba hacia el camerino.
–Después de lo que hiciste esta noche, no creo que vayas a seguir siendo un reemplazo.
–Gracias, ¿a ti sí te gustaría tenerme aquí, tiempo completo?
–Como ya te dije en el bus, si por mí fuera estarías hace rato en este grupo.
–Yo no sé qué voy a hacer, quisiera que este día nunca terminara.
–Te entiendo perfectamente, pero te cuento que este ha sido nuestro mejor concierto en la vida –dijo Andrés–, y mucho de eso es gracias a ti.
–Tan lindo tú –dijo Sandra y abrazó a su amigo mientras caminaban, para volverlo a soltar cinco segundos más tarde.
––Yo pensé que no ibas en "Souvenirs" –dijo ella.
––Sí, pero Nacho me pidió el favor de que lo reemplazara a última hora, el tipo está fundido, es que como él juega fútbol en las divisiones menores de Santafé, como que ya venía grave de físico con tanto partido.
––Pero bueno, así mejor, me gustó tenerte en el escenario para esa canción –dijo Sandra.
–Tú dijiste que querías contarme algo cuando íbamos a empezar el concierto, ¿te acuerdas?
–Claro que me acuerdo, pero no te lo voy a contar en la mitad de un corredor.
–Supongo que no… ¿pero entonces en dónde?
–Ahora más tarde en el hotel –alcanzó a decir Sandra antes de que entraran al camerino y lo encontraran repleto de periodistas entrevistando a Arturo, a Adriana y a Mónica.
Para Patricia no fue ninguna sorpresa ver ingresar al camerino a Andrés en compañía de Sandra. Estaba decidida a no dejárselo ganar. Se acercó hasta donde ellos estaban y les sonrió al mismo tiempo que cogía a su amigo de la mano, movimiento que tomó a Andrés por sorpresa, pero antes de que alguno de los dos pudiera decir algo Sandra intervino:
–Te felicito, Pati, se nota que llevas tiempo en el grupo.
–Y tú solo llevas dos días…, y eso como temporal, y si no te alejas de Andrés no vas a llegar al tercero –dijo Patricia con cara de pocos amigos.
–Qué pena, solo quería felicitarte…, pero hasta donde yo estoy enterada, Andrés no le pertenece a nadie…, todavía… –respondió Sandra dibujando una leve sonrisa en su rostro.
– ¿Por qué más bien no te vas con tu amiguita y dejas en paz a las personas normales?
– ¿A ti qué te pasa? ¿Solo porque cantaste bien te crees con derecho a tratar así a los demás? –dijo Sandra mientras daba un paso hacia adelante.
–Cuando la gente no respeta, no merece que se los trate con respeto –respondió Patricia acercando su cara a pocos centímetros de la de su compañera.
Andrés tuvo que intervenir antes de que las cosas se pusieran peor. Le soltó la mano a Patricia y puso los brazos entre sus dos amigas que ya empezaban a acercarse demasiado.
–Bueno, tranquilas, no es el momento para estar peleando, por el contrario, es el momento de celebrar.
– ¿Celebrar que esta niñita, a la que ni siquiera le gustan los hombres, venga a inventar cosas aquí siendo apenas una vil reemplazo, y fuera de eso piense que puede caerle a quien le dé la gana? –dijo Patricia al borde de la histeria.
Sandra dio un paso atrás y se quedó mirándola fijamente por unos instantes para después fijar su mirada en Andrés, mientras que este daba muestras de no saber qué decir ni qué hacer.
–Pero yo no me voy a quedar aquí discutiendo, Andrés –continuó Patricia–, si para ti no es suficiente lo que acabo de hacer en este verraco concierto, entonces nada que hacer, yo no te voy a rogar más.
–Pero si yo era el que te estaba rogando…, te vengo rogando hace más de dos meses, y entonces ahora que ves que alguien más se interesa por mí, ahora sí decides que quieres andar conmigo… –protestó Andrés.
–Lo decidí desde esta mañana…, desde el momento en que te fuiste con los demás a buscar comida, inclusive desde antes de eso, pero claro, tenías que regresar de muy amiguito de esta…
–Esta tiene nombre –dijo Sandra.
–Mira, haz lo que quieras, yo no me voy a seguir rebajando discutiendo con personas que ni siquiera saben qué es lo que les gusta–, y salió caminado rápidamente hacia los baños.
Andrés se quedó mirándola por un par de segundos y en seguida volteó a mirar a Sandra.
– ¿Es verdad lo que dijo ella?
–De eso era que te quería hablar –dijo Sandra–, y por eso es que no lo quería hacer aquí.
–Te entiendo, entonces hablemos en el hotel, después de que nos entreguen las habitaciones.
–Me parece bien –dijo Sandra mientras le pasaba la mano por la mejilla a manera de caricia.
En el momento en que terminó la rueda de prensa y los periodistas empezaron a abandonar el camerino, Rodolfo les comunicó a todos que el bus los estaba esperando para llevarlos al hotel. También les informó que Gladis, la secretaria del grupo, había hablado con los papás de todos para contarles sobre los acontecimientos sucedidos en la carretera y así mismo informarles que todos se encontraban bien. Pero la mejor noticia fue la que tenía que ver con el regreso del grupo a Bogotá. La secretaria había logrado acomodarlos en un vuelo de Cóndor Air para el lunes en la tarde. Tenían todo el domingo y el lunes en la mañana para descansar y recorrer la ciudad.
Esteban empezó a sentirse nervioso cuando se dio cuenta de que el asistente del empresario, que durante la rueda de prensa había permanecido de pie al lado de la mesa de los cantantes, se había precipitado a abordar a Mónica justo en el momento en que ella se había levantado de su silla al término de la sesión. Desde la parte de atrás del camerino, cerca de la puerta que conducía hacia el escenario, pudo observar cómo su Monina respondía con elocuentes sonrisas a lo que su interlocutor le decía. Estaba muy lejos para conocer el tema de la conversación, además de que el bullicio producido por los demás miembros del grupo no ayudaba. Decidió que lo mejor era dejar de esperar y acercarse a ella. Recorrió los doce metros que los separaban, esquivando en el camino a algunos de sus compañeros, y cuando finalmente se encontró a solo cuatro pasos de su novia, ella, sin darse cuenta de que su novio venía, salió caminado rápidamente detrás del sobrino de Rodolfo. Sin entender lo que estaba sucediendo y en medio del desorden, el bullicio y la algarabía, lo único que se le ocurrió fue llamar su atención gritando su nombre, a lo que ella respondió deteniéndose y volteándose a mirarlo.
–Monina, ¿para dónde vas?
–Ahora nos vemos, nene, es que me van a presentar a alguien, ya vengo–, fue lo único que obtuvo como respuesta antes de que ella desapareciera por la puerta que conducía a los parqueaderos. No se le ocurrió seguirla, pensando que no quería entrometerse en los asuntos para los cuales no había sido llamado. Pero sí se preguntó: ¿qué clase de cosas tenía su Monina que atender con el asistente del empresario? ¿A quién era que le querían presentar? ¿Sí todos estaban concentrados en alistar sus pertenencias para abandonar el coliseo, qué podría ser tan importante para ella que no pudiera esperar a que estuvieran en el hotel? Decidió alistar su morral y no pasaron muchos minutos antes de que Arturo diera la orden para que todos pasaran al parqueadero en donde los estaba esperando el bus.
Eran las once y treinta, y aunque el cielo estaba despejado y se veían varias estrellas acompañadas por la luna que se empezaba a elevar sobre la cordillera, la temperatura era bastante agradable. Con razón la llaman "la ciudad de la eterna primavera", pensó Esteban. Luego tuvo la esperanza de encontrarla en algún sitio cerca de los carros que se hallaban estacionados en las inmediaciones del bus, pero no la vio por ninguna parte. Cuando se dio cuenta que la mayoría de miembros del grupo se habían subido, se acercó a Arturo, quien se encontraba al lado de don Antonio acomodando los morrales y las maletas en la bodega, y le preguntó si sabía que era lo que estaba sucediendo con Mónica.
–Tranquilo, ella llega al hotel –le respondió el director tranquilamente.
– ¿Cómo así que llega al hotel? –preguntó, sintiendo cada vez más que las cosas se estaban saliendo de su cauce natural.
–Rodolfo me dijo que se había ido con el sobrino, el asistente de él, que se la iba a presentar a un periodista que quiere entrevistarla y que después la llevaba al hotel.
–Ya… ¿Y por qué no pueden hacer eso en el hotel? –preguntó Esteban sintiéndose cada vez más ofuscado.
–Parece que tiene que ver con que querían grabar la entrevista con un buen sonido en el estudio de la emisora, y pues tenían el afán de hacerlo rápido para sacar eso en los programas de mañana temprano.
– ¿Pero por qué se tenía que ir sola?
–En esa parte tiene razón, hermano, pero todo fue como tan de afán… Igual ella está con Camilo que es de plena confianza, según Rodolfo.
–No sé… ¿no debería ser más bien que lo entrevistaran a usted como director del grupo o a alguien del comité?
–Esteban, todo el mundo quedó fascinado con la presentación de su novia, no solo cuando cantó sola sino también en la canción de cierre que hizo con estas otras peladas, y Rodolfo sí dijo que tocaba aprovechar eso para darle más publicidad al grupo y para que las ventas de los próximos conciertos estén fijas.
Esteban se quedó mirando las estrellas y dijo:
–¿Qué tal que le pase algo por allá? Me mata la familia, no ve que acaba de salir de un s*******o…
–Fuera de que no le va a pasar nada, ¿por qué diablos le irían a echar a usted la culpa?
–No ve que yo fui el que la trajo al grupo…
–Sí, pero de ahí en adelante todo quedó en poder de ella; Mónica fue la que hizo la audición, la que decidió entrar a esto, la que le pidió permiso a los papás para poder hacer parte de esta gira…
Don Antonio cerró las puertas de las bodegas del bus y mientras subía por la escalerilla volteó y le dijo a Arturo:
–Ya listos, don Arturo.
–Perfecto, don Antonio, ya subimos–, y cogiendo suavemente del brazo a su compañero se lo llevó en dirección a la puerta del bus.
–Fresco, hermano. Mire, si en un rato prudencial no ha regresado me avisa y yo hablo con Rodolfo, pero no se preocupe, es solo una entrevista…
–Eso espero… –dijo Esteban mientras se subía al bus.