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44 El receso, de un poco más de cuatro minutos, después de "I’d really love to see you tonight", de England Don and John Ford Coley, en las voces de Enrique y Sergio, les permitió a los integrantes del grupo tener un pequeño descanso. Rodolfo no podía de la dicha: hasta el momento, a pesar de haber arrancado con más de una hora de retraso, el concierto era todo un éxito y sabía que la venta de entradas para la presentación de Cartagena se iba a disparar en los siguientes tres días. Ya no le cabía le menor duda, este grupo estaba para grandes cosas, y como ya lo había pensado anteriormente, era solo cuestión de tiempo antes de que se estuvieran presentando en alguna ciudad por fuera del país. Juan había sido un genio al reunir a este grupo de muchachos, era un hecho que no podría discutirse. A pesar de las inmensas ganas que tenía de hablar con su novia, Esteban no tuvo la oportunidad de acercársele debido a que se encontraba bastante ocupada con sus tres compañeras hablando sobre los últimos detalles de la presentación que iban a realizar para el cierre del concierto. Decidió regresar a su batería y no pasaron más de dos minutos antes de que Ismael entonara las notas de "What you won´t do for love" de Bobby Caldwell. Era justamente la clase de melodía que necesitaban para volver a llevar al público desde lo suave y lo calmado hasta lo fuerte y estrepitoso. Durante las notas de "I want your love" de Chic, que Andrea, Patricia, vistiendo una minifalda blanca y una blusa esqueleto del mismo color, sintió que ya estaba lista, tanto en su indumentaria como física y mentalmente, para regresar al escenario. Se había sentido mal durante todo el concierto viendo cómo Andrés se enfocaba, única y exclusivamente, en su instrumento, en sus turnos en la voz principal y en la nueva niña de los ojos verdes que estaba reemplazando a Luisa. ¿De qué le servía a ella haber decidido ennoviarse con Andrés, si a la primera oportunidad él se había ido detrás de otra persona? Pero era consciente de que había sido su culpa, que se había demorado mucho en tomar esa decisión y entendía que la gente no se podía sentar eternamente en una mecedora a esperar su decisión. Pero no iba a dejar que se lo quitaran; ella era una mujer a la que le gustaban los hombres, sabía que era bonita y que tenía muchas cualidades para lograr que él volviera a fijarse en ella. Total, solo habían pasado algunas horas desde que él se había disgustado y se había empezado a fijar en alguien más. Además, Sandra no era competencia para ella: si hubiese sido una niña como todas las demás del grupo se hubiese podido dar una batalla interesante, pero sabía que la predilección de su rival no estaba precisamente en los hombres. Estaba decidida a salir al escenario, dar lo mejor de sí, demostrar que era mucho más que la oji verde en todo sentido, tanto física como artísticamente, y al final de este largo día iba a tener a Andrés entre sus brazos. "You are the one that I want" de John Travolta y Olivia Newton John, en las voces de Juan Carlos y Silvia, con los quince mil asistentes a la plaza bailando y saltando, dieron la pauta para que las cuatro niñas vestidas de blanco se enfilaran hacía la tarima junto con los compañeros con los que iban a tocar la última canción de la noche, y quienes no se encontraban todavía en el escenario. –Niñas –les dijo Arturo cuando se las encontró poco antes de subir a la tarima–, vamos a cerrar con broche de oro. Improvisen sí quieren improvisar, sigan fajándose como lo han venido haciendo toda la noche, y recuerden que todos hacemos parte del mismo grupo. Los instrumentos de percusión hicieron sonar las primeras notas de "Souvenirs" de Voyage, canción disco del año setenta y ocho que al igual que la mayoría dentro de su género, manejaba un tempo bastante rápido. Con Esteban en la batería, Arturo reemplazando a Mónica en los teclados y ocho compañeros más en percusión, guitarras, bajo, y metales, más el perfecto manejo de luces y amplificación por parte de Carlos, los dos primeros minutos de la canción, en los que las cantantes todavía no intervenían, retumbaron a través de la plaza y sus alrededores con la potencia que el ingeniero de sonido únicamente aplicaba para el momento de cierre de los conciertos. La interpretación del piano, que llevaba la melodía en gran parte de esta pieza, fue llevada a cabo magistralmente por el director del grupo que no paraba de sonreír y de mirar a su novia, quien desde la parte de atrás del escenario no quería perderse un solo segundo de la presentación. Sin que pudieran ser vistas por el público, gracias a que los spot de luces solo iluminaban a los instrumentos que en ese momento estaban sonando, las cuatro cantantes se pararon formando una fila en la parte trasera de la tarima, tan solo unos pocos pasos por detrás de la batería. En el momento indicado, ya todas ellas con sus propios micrófonos en las manos, dieron varios pasos al frente hasta quedar por delante de los instrumentos, sus respectivos spots las iluminaron, y entonaron en coro las primeras palabras de la canción: –"Souvenirs are signs that take you away" –la reacción del público en el momento en que vieron a las cuatro lindas niñas acercarse a la parte frontal del escenario fue lo que convenció a Arturo de que su futuro estaba con Los Cuarenta y no con una beca de alguna escuela de música norteamericana o europea. En los dos años que llevaba el grupo presentándose en diferentes sitios, nunca había visto una reacción como la que estaba viendo en ese momento, ni tampoco la había visto en los conciertos de otros grupos a los cuales había tenido la oportunidad de asistir en varias ciudades del mundo. Era como si alguna droga hubiese sido repartida entre los asistentes a la plaza; pero no una droga cualquiera, algo que se solía ver en esta clase de eventos, sino una droga que los puso absolutamente a todos a saltar y bailar de manera casi que incontrolable. Adriana no lo podía creer, y en medio de su concentración por mantenerse al compás de sus compañeras, pudo observar cómo las miradas de todos no se despegaban de los rostros de cualquiera de ellas. No les miraban las piernas, ni los cuerpos, ni los brazos, y mucho menos al resto de músicos, todos se concentraban en sus caras. Mónica no era ajena a lo que su compañera percibía, con la diferencia de que cuando enfocaba su mirada en alguno de los asistentes, sobre todo los de primera fila, se daba cuenta de que esa persona solo la miraba a ella y absolutamente a nadie más; no a sus lindas compañeras de al lado, sino única y exclusivamente a ella. Andrés, en la guitarra líder, sintió que se sentía igual de estupefacto que el público. ¿En qué momento era que estas niñas habían podido montar esa clase de presentación? Las había visto ensayar aquella tarde en el estudio, pero lo que estaba viendo en ese momento se salía de cualquier pronóstico. La forma como Patricia se movía, como bailaba, como manejaba el micrófono pasándolo de una mano a otra mientras no dejaba de cantar, como se compaginaba no solamente con sus compañeras sino también con el público, esa hermosa sonrisa, ese energía que desplegaba, ese dinamismo, la hacían ver en esa tarima como toda una diosa vestida de blanco. Pero Sandra no se quedaba atrás, a ella ya le conocía sus enormes aptitudes para la expresión corporal, pero era esta canción la que la había puesto a rendir muy por encima de su acostumbrado desempeño. En un momento en el que no tuvo que cantar, la linda oji verde se acercó a Adriana, le pasó el brazo alrededor de la cintura, la puso a bailar a su propio ritmo y después puso su cara muy cerca a la de ella y le dio un pico en la mejilla. Para Andrés era simplemente un ingrediente más de la extraordinaria locura en que se estaba convirtiendo esta última canción del concierto en Medellín. Parece que todo valía en esta especie de competencia que de un momento a otro se estaba empezando a desatar entre las cuatro cantantes. Acto seguido, Adriana se soltó de Sandra y mientras cantaba una nueva estrofa en coro con sus compañeras, caminó hasta donde estaba Patricia, la tomó por la cintura de la misma manera como Sandra la había tomado a ella, y en una acción casi que calcada, le dio un pico en la mejilla. Lo último que quería era que sus compañeros y el público que abarrotaban la plaza fueran a pensar que entre ella y Sandra había algo, y la mejor manera de convencer a la gente de lo contrario era haciendo lo mismo que Sandra había hecho con ella, pero ahora con la rubia, como si se hubiese tratado de un acto preparado. Patricia se limitó a sonreírle, se dio la vuelta y corrió hasta donde se encontraba Mónica en su pantalón capri y su blusa strapless blanca, se paró junto a ella, le sonrió y bajó su propio micrófono hasta la rodilla, puso su mano libre en el de su amiga, acercó su cara a la de ella de manera que unieron sus voces a través de un solo micrófono en la interpretación de la siguiente estrofa que decía: –Cause all we need is a world of dreams –las dos permanecieron así por un poco más de veinte segundos y a continuación, y de manera sorpresiva, las cuatro niñas dieron unos cuantos pasos hacia el frente hasta que llegaron al borde de la tarima, se sentaron en el piso de manera que dejaron los pies colgando, distanciadas una de otra por un poco más de dos metros, y sonriéndole al púbico de primera fila continuaron con la interpretación de la siguiente estrofa. Andrés volteó a mirar a Esteban, y a este lo único que se le ocurrió, aparte de devolverle la sonrisa, fue hacerle un gesto de total incomprensión. Con las cantantes tan cerca al público, Rodolfo tuvo miedo de que las personas que estaban en las primeras filas pudieran traspasar las barreras de seguridad en su intento por llegar hasta ellas. Afortunadamente, el capitán de la policía y sus efectivos, al igual que la gente de logística, estaban bien posicionados y evitaron que algo así pudiese llegar a suceder. Las cuatro niñas se volvieron a parar y empezaron a recorrer el escenario, cada una a su manera, en la antesala de lo que sería la última estrofa de la canción. Mientras Mónica se acercó hasta la batería y puso su mano en el hombro de su novio, Sandra se acercó hasta donde estaba Andrés en su guitarra, le pasó la mano por la cintura al igual de como lo había hecho con Adriana, le retiró suavemente la mano con la que estaba rasgando las cuerdas, y con su propia mano empezó a rasgarlas continuando a la perfección con lo que había venido haciendo él hasta ese momento. Patricia se limitó a esbozar una pequeña sonrisa y se fue hasta la parte delantera del escenario, estiró los brazos por encima de la cabeza y empezó a aplaudir, movimiento que fue imitado inmediatamente por todos los asistentes a la Plaza de la Macarena. Momentos después las otras tres niñas corrieron hasta donde se encontraba Patricia y se sumaron a ella en los aplausos. Después de quince segundos, Adriana se volteó, miró a Arturo y cuando este le devolvió la mirada, ella movió su dedo índice en forma circular, señal que indicaba la extensión de lo que venían tocando por unos minutos más. Siguieron con los aplausos hasta que Patricia bajó los brazos, se llevó las palmas de las manos hasta los labios, las tuvo ahí por un par de segundos, las desprendió, y las estiró hacía el público a manera de beso. Corrió hacia atrás, buscó a Andrés que se encontraba cerca de la batería de Esteban, le puso los brazos alrededor del cuello, acercó su cara a la de él y le dio un pico en la boca, a lo que él, más sorprendido que cualquiera en toda la plaza, dejó de tocar la guitarra por un breve instante y cuando ella finalmente se apartó para volver a correr hacia el frente, miró hacia el cielo por unos segundos, volvió a tomar el control de la guitarra, bajó la mirada y vio como las cuatro niñas se agrupaban tras un solo micrófono para interpretar la última estrofa de la canción. La potencia en el sonido, la adrenalina, la energía que llegaba del público, parte de su mente en el instrumento, la otra parte en Patricia, y otra más en Sandra, esto era una locura, y ese beso, sobre todo ese beso, de esa preciosa rubia con las mejores piernas del planeta, pero entonces esos espectaculares ojos verdes de Sandra, que quería hablar con él, que también le había dado un beso, así fuera en la mejilla, que había tocado con él, que era súper querida. Las frases "we´ll keep on moving" y "let´s find a place", repetidas tres veces por esas hermosas voces para terminar el concierto. La emoción del público ya no cabía dentro de la plaza y solo una luz morada quedó encendida sobre las cabezas de ellas, agrupadas casi que como en un solo ente en la mitad del escenario con sus brazos extendidos hacia arriba. El resto de los que habían participado en "Souvenirs" con sus brazos hacia abajo, agotados por el cansancio, pero con la claridad suficiente para entender que todo había cambiado, que había un antes y un después, y los dos separados por lo que había sucedido esa noche en la Plaza de La Macarena. Al finalizar el concierto el camerino fue invadido por periodistas y reporteros. Rodolfo, sin previo aviso, había organizado una rueda de prensa con el fin de promover las próximas presentaciones del grupo. Les pidió el favor a Arturo y a Adriana para que ayudaran a responder algunas de las preguntas. A pesar del cansancio físico, el momento emocional era más que perfecto para atender a la prensa hambrienta de información. Con un fondo improvisado, un par de mesas y algunas sillas, el empresario y los dos músicos empezaron a responder los interrogantes. –Clara Jaramillo, del Diario de Aburrá. ¿A qué atribuye usted el éxito del grupo? –le preguntó al director una periodista de pelo largo, con tono castaño claro, quien llevaba gafas de color púrpura. –Llevamos dos años practicando juntos, todos los que hacen parte del grupo son casi que expertos en el manejo de por lo menos dos instrumentos además de ser muy buenos cantantes, para estar aquí tienes que ser un verdadero músico. –Iván Darío Duque, de Cromos. ¿Cómo puede ser que un grupo que nunca ha grabado un solo sencillo, y ni hablar de un larga duración, esté llenando plazas y coliseos? –preguntó un periodista gordo y de poca estatura que iba de corbata. –Creemos que se debe a la variedad que estamos presentando. ¿En dónde más puede usted asistir a un concierto en el que pueda escuchar los éxitos de Donna Summer, Gloria Gaynor, Village People, Bee Gees, Rubén Blades, Héctor Lavoe y muchos más en cuestión de dos horas? –contestó Adriana exhibiendo su linda sonrisa. – John Jairo Restrepo, de Veinticuatro Horas. ¿Sería posible hablar con la hermosa niña que interpretó las canciones de Gloria Gaynor? –preguntó un periodista cuarentón, alto, y de corbata. Arturo se puso de pie, miró a su alrededor y vio a Mónica conversando alegremente con Silvia. Le hizo una señal para que se acercara a la mesa y se sentara con ellos. Mónica, en medio de su sorpresa, se acercó tímidamente y tomó asiento al lado de Adriana. El director del grupo le sonrió y le guiñó el ojo. –Ella es Mónica Márquez, una de las artistas más nuevas del grupo. –Gracias, señor director –dijo el periodista cuarentón y luego se dirigió a la joven cantante: –Mónica, aparte de ser una hermosa joven, tienes un talento inigualable, sabemos que llevas poco en el grupo, ¿pero te ves en el futuro haciendo una carrera como solista y teniendo tu propio grupo? Mónica, cegada por las luces y los flashes de las cámaras, supo que nuevamente el color rojo había invadido sus mejillas. Miró a Arturo, quien a su vez la miraba con su acostumbrada sonrisa, miró a Adriana, quien tenía la mirada perdida en la distancia, y sin estar muy segura de su respuesta dijo: –La música es mi vida… Los Cuarenta se están convirtiendo en mi vida y en mi familia…, pero apenas estoy empezando mi carrera en los escenarios… Primero quiero darle todo lo que tengo a este maravilloso grupo, y sí…, en un futuro supongo que me gustaría ser solista… Esteban sintió que estaba esperando turno para hablar con su novia como quien espera turno para ser atendido en la ventanilla de una embajada o de una oficina pública. Al terminar el concierto había tratado de acercársele para felicitarla por su excelente presentación, preguntarle acerca de sus habilidades en la batería, y por encima de todo darle un enorme beso y un fuerte abrazo. Pero había cometido el pequeño error de quedarse por un par de minutos en el escenario hablando con Andrés, y cuando finalmente bajó al camerino encontró a su novia hablando con Silvia y acto seguido, Mónica había sido llamada a participar en la rueda de prensa al lado de Arturo y Adriana. No era de sorprenderse que con tanto talento hubiese llamado la atención, no solamente del público, sino también de la gente de los medios de comunicación. En realidad su novia se merecía ese reconocimiento, pero lo ponía a pensar el hecho de que para una niña tan joven, y habiendo pasado por el drama de un s*******o, existía la posibilidad de que no pudiera tomar las cosas con la madurez necesaria. Apenas era su segundo concierto, no llevaba más de doce o trece días con el grupo y ya había personajes de la prensa que le estaban insinuando la idea de que se lanzara como solista. Era la ilusión de casi todos en el grupo el llegar a ser reconocidos cantantes o músicos, pero sabía que las cosas había que tomarlas con cierta calma para no terminar estrellados. Su Monina, con tanta belleza, con esa forma de ser, con ese enorme talento, tenía todas las posibilidades de llegar a ser una gran estrella, y él era el primero que estaba dispuesto a apoyarla en su camino hacia el éxito, pero también pensaba que era muy importante recorrer el camino de manera prudente, quemando las diferentes etapas. Sería un gran error saltarse los años de la adolescencia para llegar de un día a otro a enfrentar las situaciones y las responsabilidades propias de una persona adulta, y sobre todo de una estrella de la música con fama y reconocimiento. Sabía que no era el caso del deportista de origen humilde que de un momento a otro encuentra la fama y la fortuna y se enloquece cuando no sabe cómo manejar unas cantidades de dinero y fama que nunca ha visto en su vida. Por el contrario, su novia había gozado de los lujos, los privilegios, los beneficios y la educación necesaria para no llegar a perder la cabeza con las consecuencias económicas que traía el éxito. Su problema no era de dinero. Pero la fama, que en su caso podría llegar a darse de un momento a otro, podría venir acompañada de algunas consecuencias negativas. Su falta de experiencia, sumada a su inocencia, podría ser aprovechada por gente inescrupulosa o ventajosa, de los cuales había muchos en el mundo del espectáculo. No sentía celos ni envidia, era consciente de sus propias aptitudes en el mundo de la música; pero lo último que quería era que su linda Monina llegase a ser presa de periodistas, empresarios o intermediarios ambiciosos que lo único que quisieran fuera aprovecharse de ella. De ahora en adelante iba a tener que estar muy pendiente de todo lo que sucediera con su novia.
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