Su primer turno en la voz principal le había restado mucha energía. Mónica se daba cuenta de que físicamente todavía no estaba totalmente recuperada. El largo mes soportando mala alimentación, sumado a los acontecimientos de las últimas veinticuatro horas, empezaban a afectar su resistencia. Además llevaba varios turnos en el piano, muchos más de los que había tenido en la presentación anterior.
Pero sabía que no se podía quedar atrás, especialmente con su próxima canción que demandaba mayor esfuerzo que la anterior. Miraba a sus compañeros, y aunque notaba la expresión de cansancio en algunos de ellos, eso no les había impedido moverse, cantar o tocar con la energía que demandaba un concierto ante tanta cantidad de gente. Sabía que hasta el momento lo había hecho bien, que había estado a la altura de las circunstancias, pero también que no era el momento para bajar la guardia, especialmente viendo las excelentes presentaciones que estaban realizando todos los demás. Parada en la parte de atrás de la tarima, esperó a que Sergio terminara su presentación de "Copacabana", y mientras el público aplaudía avanzó hasta la parte frontal del escenario, en la que ya no se encontraba su compañero, desprendió el micrófono de su base, respiró profundamente y escuchó cómo los instrumentos de cuerda y metales arrancaban con "Never can say goodbye", canción de Gloria Gaynor. Esperó veintitrés segundos y se acopló con su voz al resto del grupo cuando arrancó con las palabras:
"I never can say goodbye, no, no, no, no, no, now" lo que traducía: "Yo nunca puedo decir adiós, no, no, no, no ahora". Miró al público por unos segundos y se fue hasta la parte de atrás en donde se encontraba Patricia con el trombón, subió la pequeña tarima y continuó cantando parada al lado de la que se había convertido en su mejor amiga dentro del grupo. En un momento de la canción en que no le correspondía tocar, la rubia bajó su instrumento y le sonrió a la cantante, la cual ya no reflejaba ningún rastro del cansancio que le había observado minutos antes en el camerino. La vocalista de los ojos azules se quedó ahí por unos segundos más y luego descendió con cuidado la pequeña tarima, pero al llegar abajo salió corriendo hasta el borde del escenario, se puso de cuclillas con una mano sosteniendo el micrófono y la otra apoyada en uno de los monitores de sonido. Miró hacia todos lados, aunque era poco lo que podía ver debido a las luces que en ese momento caían sobre ella y la encandelillaban más de lo que hubiese deseado. Aprovechó un largo momento en el que no tenía que cantar y corrió hasta la posición de su novio en la batería, lo agarró de la cintura, lo obligó a ponerse de pie, se sentó en la butaca de Esteban, agarró un par de baquetas extras de la pequeña canastilla y empezó a tocar el instrumento que hasta ese momento nadie sabía que ella podía tocar. El rugir del público prácticamente llegó hasta el Cerro Nutibara. Su demostración en la batería no duró más de quince segundos, pero fueron quince segundos perfectos, casi como si estuviera tocando el piano o el arpa. Se puso de pie ante la mirada atónita no solamente de su novio, sino también de los demás miembros de Los Cuarenta que en ese momento se encontraban sobre el escenario. Corrió nuevamente hasta el frente del escenario, y para quedar más alta se paró sobre dos de los monitores de sonido que se encontraban más próximos a la base del micrófono, con un pie apoyado en uno de ellos y el otro apoyado en el de al lado. Levantó su brazo derecho, manteniendo el micrófono en la mano izquierda, tal y como le había dicho Adriana que lo hiciera, y empezó a moverlo rápidamente en círculos, movimiento que fue seguido por todos los miembros del público. Se podía decir que había llevado al público al momento del éxtasis; ninguno de los asistentes, tanto en tribunas como en platea estaba quieto; las miles de manos aplaudían, los brazos se movían, las piernas saltaban, las caderas se contoneaban, las cabezas se ladeaban, los cuerpos no paraban, y la hermosa cantante no se detenía en su intento por demostrarle al mundo y demostrarse a sí misma que había sobrevivido, que ese largo mes de encierro había quedado atrás, era parte de la historia, una historia que estaba olvidando, que aunque la había llevado a sentirse muy cerca de la muerte, era algo del pasado y que la música y este grupo le estaban permitiendo superar el trauma, estaban poniendo su mente y sus pensamientos en cosas alegres y positivas, que de ahora en adelante no tenía por qué mirar atrás, que el futuro era brillante, y que su esfuerzo y trabajo de varios años con su voz, con sus instrumentos y con la música en general estaba empezando a dar los mejores frutos y los resultados que nunca se hubiera podido imaginar. Eran situaciones que no se les presentaban a todas las personas. En cuestión de pocas semanas había pasado del infierno al cielo; muy pocas personas en el mundo tenían que vivir la experiencia de un s*******o, especialmente a tan temprana edad, pero también muy pocas tenían la oportunidad de empezar a triunfar en grande haciendo lo que les gustaba hacer, lo que realmente amaban; porque aunque apenas era su segunda presentación con el grupo, se daba cuenta de lo que estaba pasando, de cómo estaba siendo aceptada, no solamente por sus compañeros sino también por el público que la había escuchado cantar y tocar, y sabía que tenía que aprovecharlo, que era una nueva oportunidad que la vida le estaba dando y que iba a hacer todo lo posible para seguir en ese camino de triunfos y sobre todo de felicidad. Dio un brinco hacia atrás y volvió a quedar sobre la tarima, corrió hacia su derecha hasta llegar a donde estaban Silvia y Claudia detrás de los micrófonos de los coros, se paró entre las dos y desde esa posición siguió con la letra de la canción que había sido un gran éxito unos pocos años atrás y que todavía sonaba en todas las emisoras y discotecas del planeta. Gracias a que tenía una duración de un poco más de seis minutos, tuvo tiempo suficiente para correr hasta los teclados, en los que se encontraba Arturo en ese momento, le sonrió ampliamente a lo que el director del grupo levantó las manos de las teclas y con una enorme sonrisa le hizo un gesto invitándola a que fuese ella la que continuara tocando, pero ella se limitó a pararse al lado de él por algunos segundos, darle la vuelta a los instrumentos y regresar al frente del escenario para terminar su segunda presentación de la noche con los dos brazos en alto y el público queriendo romper las barreras de protección para llegar hasta ella.
Lo que siguió fue una impecable presentación por parte de Juan Carlos, Sergio y Andrés del éxito de 1977 "How deep is your love" de los Bee Gees. Mientras tanto, Mónica bajó al camerino en busca de alguna bebida. Su correría, mientras cantaba por todas partes del escenario, la había dejado con la garganta seca. No le quedaba más que una presentación en toda la noche, la de "Souvenirs", que iba a interpretar en compañía de Adriana, Patricia y Sandra, y según lo que había dicho Arturo, esta era la canción que iba a cerrar el concierto.
Esteban continuaba tocando la batería en medio de lo que parecía un sueño. No entendía cómo todos los integrantes del grupo habían logrado, después de casi dos horas de concierto, más lo que había ocurrido durante el viaje, exhibir un nivel tan alto en el manejo de sus instrumentos y sus voces. No sabía si se trataba de la energía que llegaba desde las tribunas, o por el hecho de encontrarse en una nueva ciudad con una temperatura perfecta para presentarse o si era algo más que él no había podido descifrar. Y para completar, la presentación que había hecho su Monina se salía de cualquier predicción o expectativa. Era como si hubiese recibido cursos intensivos de expresión corporal. Había estado casi tan fluida como Sandra en sus movimientos. Pero lo que más lo había dejado impresionado era su despliegue de habilidad con la batería. Había sido algo totalmente sorpresivo; ella nunca le había dicho que supiera algo sobre este instrumento y era mínimo el interés que había mostrado hacia este a pesar de ser el favorito de su novio. Sin embargo, lo había tocado con una agilidad y destreza impresionantes, casi que con el conocimiento de alguien que hubiese estado dedicado a su práctica durante varios años. Y esto lo puso a pensar sobre lo poco que conocía de su novia. En realidad no llevaban más de cuatro meses saliendo, a los cuales prácticamente había que restarle el mes en que ella había estado en poder de sus captores. Era una niña encantadora desde donde se la mirara, llena de talento y dulzura, y él estaba feliz con ella; ¿pero por qué nunca le había hablado sobre su conocimiento de la batería? Sabiendo que era el instrumento que él prefería, al que dedicaba casi todo su tiempo, y ella simplemente había llegado de un momento a otro, y delante de más de quince mil personas se había sentado en la butaca y había hecho una demostración impecable, por un poco más de quince segundos, provocando la euforia del público y la enorme sorpresa de sus compañeros. ¿Qué otras sorpresas iban a venir más adelante? ¿O simplemente había sido algo que ella había querido ocultar para no mostrarse como una persona con un conocimiento superior al de su novio y de pronto al de los demás, y que la euforia del momento la había llevado a hacer lo que había hecho? Iba a tener que esperar hasta el final del concierto para poder aclarar todos esos interrogantes, y sin embargo, su hermosa Monina cada día lo tenía más sorprendido.
Mónica agarró un vaso de plástico, le puso un poco de hielo, agarró una jarra con algo que parecía ser limonada y se sirvió un poco. Le supo espectacular y decidió servirse un segundo vaso. A pesar de que la temperatura no era muy alta, estaba sintiendo mucho calor y no quería regresar al escenario sintiéndose como en la mitad de un desierto. Cuando terminó su segundo vaso observó que un atractivo muchacho que nunca había visto antes caminaba hacia ella. Traía una reluciente sonrisa y parecía decidido a entablar conversación.
–Hola, cantaste súper bien – le dijo el muchacho mientras se servía un vaso de gaseosa.
–Gracias –contestó Mónica con una tímida sonrisa.
–Yo soy Camilo Posada, asistente de Rodolfo –dijo estirando la mano para saludarla.
–Mónica Márquez, pianista y cantante de Los Cuarenta –respondió con una amplia sonrisa.
–No sabía que el grupo tuviera cantantes tan lindas y tan talentosas.
Mónica sintió como los colores invadían sus mejillas. Menos mal que ya venía con calor y con la cara un poco colorada.
–Yo tampoco –contestó en medio de la risa.
–Los tenías a todos cautivados con tu presentación, y eso me incluye.
–Esa es la idea…, que a todos les guste lo que hacemos.
– ¿Hace cuánto estás en el grupo?
–Muy poco, entré como tres días antes del concierto de Cali.
– ¡No te lo puedo creer! Entonces solo llevas como diez días.
–Así es…
–Pero me imagino que llevas toda la vida en el cuento de la música…
–Sí, claro, desde chiquita.
– ¿Y antes habías estado en algún otro grupo?
–No, para nada, pues con el coro del colegio… y tocando el piano o el arpa en las reuniones familiares.
–Pero, sinceramente, por la manera como estuviste en el escenario parecía que te hubieras presentado en mil conciertos…
–Gracias, simplemente quise hacer algo bueno…
– ¿Bueno? ¡Buenísimo!, la mejor del grupo para mi gusto.
– ¿En serio? Porque aquí hay gente muy buena, y que llevan mucho más que yo…
–El grupo es de lo mejor, pero tú eres la mejor entre lo mejor.
–No me hagas poner roja…, otra vez.
– ¿Y vas a cantar o a tocar algo más esta noche?
–Solo me queda una canción que vamos a cantar con otras niñas, la del cierre del concierto.
–Mejor dicho ya casi –dijo Camilo.
–Sí, ahorita en el encore.
–Me encantaría volver a hablar contigo después del concierto, ¿será que te puedo invitar a tomar algo o a comer algo?
– ¿Y cómo de qué quieres hablar?
–De música, de tu futuro, de tu vida como cantante…
– ¿De mi futuro? –preguntó Mónica.
–Una persona con tanto talento tiene que empezar desde ahora a planear su futuro, no ves que el tiempo vuela.
–Tú me dijiste que eras el asistente del empresario, ¿verdad?
–Sí, estoy trabajando con él, además de que es mi tío…, entonces creo tener bastante influencia sobre él –dijo sonriendo.
–Ya…, sí, supongo que podríamos hablar un poco, sobre música… y sobre mi futuro… como dices tú.
– ¡Perfecto! Entonces te veo más tarde…, ahora me voy a ver cómo sigue todo –dijo Camilo mientras se inclinaba y a manera de despedida le daba un pico en la mejilla.