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3369 Palabras
34 El reloj marcaba la una de la mañana cuando el bus pasó por Ibagué y empezó a buscar el ascenso de la cordillera. A pesar de la hora, se empezaba a sentir el calor que poco a poco se iba metiendo por todos lados. Arturo le había pedido a don Antonio no prender el aire acondicionado para evitar que algún m*****o del grupo pudiese tener problemas de salud, especialmente en la garganta, tal y como le había sucedido a Luisa. La gran mayoría dormían a esa hora y solamente el papá de Melissa y el director del grupo se encontraban despiertos y conversando animadamente. –… y llevar dos años vivir en Colombia –dijo Greg, el papá de Melissa, con su marcado acento extranjero. –Muy interesante su historia…–dijo Arturo. –Lo mejor ser recorrer mundo, pero estar uno poquito cansado viajar. – ¿Y Melissa también ha viajado tanto? –Estar conmigo y mamá en Europa, Estados Unidos y México, pero mayor parte tiempo viajar solo, negocios. –Y supongo que Melissa se quedaba con la mamá… –Sí, con la mamá, pero siempre estar con la música, practicar en casa, asistir conservatorio, ensayar con amigos…, querer entrar a Vancouver Youth Symphony Orchestra… Orquesta Sinfónica… Juvenil en Vancouver… ser su sueño… – ¿Y qué pasó? –Ser muy difícil, mucho competencia, Melissa practicar todo el tiempo, con profesores, en colegio, en todo lugar… –Me imagino –dijo Arturo. –Lograr pasar primera audición, más de treinta participantes, quedar entre cinco mejores… – ¿Y a cuántos aceptaban? –En momento tener cupo solo para dos, pero no lograr pasar segunda audición… estar muy cerca… –Pobre… –Ser gran frustración, tener solo trece años, pero no querer volver tocar violín por largo tiempo… –Claro, me imagino… –Melissa no querer salir ninguna parte, no verse con amigos músicos, ser momento muy difícil para ella. –Entiendo… –Poco tiempo después salir contrato venir trabajar a Colombia, creer que eso ayudar mucho. Llegar Bogotá conocer nueva gente, nuevo colegio, todo nuevo. – ¿Y no fue difícil el cambio? –No para ella, ser muy difícil para mamá y uno poquito para mí, pero no para Melissa. Creer que ella necesitar cambio, estar muy frustrada con música en Vancouver. –Pero ella habla perfecto el español –dijo Arturo. –Tomar clases de español en colegio Vancouver, y tener amiga chilena y hablar español con amiga todo el tiempo. –Sí, se le nota un acento del sur del continente. –Ser muy buena para idiomas, también hablar francés. –No sabía, está bueno saberlo por si se nos ocurre algún día tocar algo de música francesa. –Ser buena idea –dijo Greg. –En el futuro debemos tratar de ampliar nuestro repertorio con diferentes tipos de música, usar más idiomas, no solamente español e inglés. –Entonces ya tener persona que cantar en francés… –dijo Greg sonriendo. –En serio me suena eso, al regresar a Bogotá podemos empezar a mirar esa opción. –Ser solo idea, no tratar vender mi hija –dijo Greg sonriendo. –Tranquilo, yo entiendo, pero en serio, parece una buena idea. –Para Melissa ser maravilloso, ser parte de Los Cuarenta significar mucho para ella. Ser reconciliación con música, con violín, con su vida. Melissa amar música, gustar tocar todo el tiempo. –Me alegra mucho escuchar eso. –Mamá y yo tener miedo que Melissa no lograr entrar… ser segundo fracaso, creer que Melissa abandonar música definitivamente. Pero colombianos decir: no apostar huevo… no sacar pollo. Arturo rio y dijo: –Melissa tiene mucho talento, y me encanta que esté con nosotros, aporta mucho a este grupo –dijo Arturo. – ¡Bueno eso!, yo amo… apoyar Melissa en todas las cosas, ¡oh!... pero mirar afuera, estar cruzando Alto de la Línea, –dijo Greg volteando a mirar por la ventana. –Sí, aquí es bastante frío, es un lugar famoso que tienen que pasar los ciclistas en la "Vuelta a Colombia", ya a partir de aquí empezamos a bajar hacia Armenia, capital del Quindío –dijo Arturo. –Lástima no ser día para mirar mejor paisaje. –De pronto de regreso… aunque yo preferiría regresar en avión –dijo Arturo. –Todo depender de pilotos. –O que podamos regresar en otra aerolínea… – ¡Pero Colombia hermoso país viajar en carretera! Esteban sintió que el bus frenaba y se despertó. Miró a Mónica que dormía profundamente, y por encima de su cabeza, al otro lado de la ventana, vio la ladera de la montaña. Ya había amanecido y el clima era agradable. Las manecillas de su reloj indicaban que eran las seis y treinta de la mañana. Volteó a mirar a Andrés y a Patricia que dormían plácidamente. Se puso de pie cuidadosamente para no ir a despertar a su novia y avanzó por el pasillo hacia la parte delantera del bus. Saludó con un gesto a Ismael y a Juan Carlos que se encontraban sentados un poco más adelante. Al llegar a la parte delantera vio a Arturo que se encontraba de pie hablando con don Antonio. –Buenos días. –Hola Esteban –dijo Arturo sin despegar la mirada de la carretera. – ¿Trancón? –preguntó Esteban al observar la larga fila de automóviles, buses y camiones que se encontraban detenidos delante de ellos. –Eso parece –dijo don Antonio. – ¿En qué parte estamos? –preguntó Esteban. –Antecitos de La Pintada, como a veinte minutos –respondió don Antonio mientras se frotaba los ojos. – ¿Y cuánto nos falta para Medellín? –preguntó Esteban. –Un poco más de dos horas –dijo don Antonio. Esteban sintió que alguien se paraba detrás de él y cuando volteó a mirar se encontró con el rostro de Adriana. Se sorprendió al ver cómo la cara de sueño con el pelo desordenado de su exnovia la hacían lucir increíblemente hermosa. –Te sientan las madrugadas, Adri. –A ti también, churrito –respondió Adriana y le dio un pico en la mejilla a manera de saludo. Instintivamente Esteban miró hacia la parte de atrás del bus y se sintió aliviado cuando comprobó que su novia todavía se encontraba dormida. –Tranquilo que todos están durmiendo, a excepción de Isma y el pesado del Juan Carlos –dijo Adriana con un guiño. Esteban meneó la cabeza y le sonrió. –Pero esto no se quiere mover –dijo Arturo. – Quién sabe qué pasó… –dijo don Antonio mientras se levantaba de su silla. Esteban se entretuvo mirando la parte trasera del bus que se encontraba justo delante de ellos. Era de color blanco y llevaba pintada una imagen de la Virgen del Carmen. Le llamó la atención la cantidad de colores que el artista había usado en su obra, casi tantos como el cuadro de Picasso que colgaba en una de las salas de la casa de su novia. Se rio solo, pensando en cómo se vería esa representación de la virgen en la casa de Mónica y el Picasso en la parte trasera de ese bus. – ¿Cuál es el chiste? –preguntó Arturo. –Ninguno, solo estaba trasladando mentalmente esa imagen de ese bus a la sala de la casa de Mónica. –Me imagino que se vería divino… –dijo Adriana de manera sarcástica. –Pero tocaría quitar el Picasso que tienen y reemplazarlo por ese. – ¿No está como temprano para estar hablando de arte? –preguntó Arturo. –Está temprano para todo –dijo Adriana. –Yo como que me voy a bajar a preguntar qué pasó –dijo el director del grupo. Don Antonio oprimió un botón y la puerta se abrió. Arturo bajó del bus seguido por el conductor, Adriana y Esteban. Se sentía bien estirar las piernas después de varias horas de viaje pensó el novio de Mónica. El aire puro de las primeras horas del día se empezaba a mezclar con el gas que emanaban los exostos de los vehículos. Por el carril contrario no circulaba ningún automotor. Ellos cuatro eran las únicas personas que habían descendido de vehículo alguno, parados a orillas de la carretera. –A mí me provoca ir a mirar qué pasó –dijo Arturo mientras miraba la interminable fila de vehículos que se encontraba delante de ellos. –Arturito, yo creo que pueden ser varios kilómetros antes de que encuentres la razón de esto –dijo Adriana. –Sí, don Arturo, el problema parece estar bien adelante –dijo don Antonio. –Y no pasa nada para este lado, se ve que la carretera está bloqueada en los dos sentidos –dijo Esteban. –Debe haber sido grave, entonces –dijo Adriana. –Con tal de que lo resuelvan rápido… –dijo Arturo mientras se sentaba en una roca al borde de la carretera. – ¿Para qué hora tenemos la prueba de sonido? –preguntó Esteban. –Tres de la tarde –dijo Arturo–. Menos mal estamos relativamente cerca. –Don Antonio –preguntó Esteban–, ¿por qué los buses y camiones no apagan el motor cuando están en estos trancones? –Es más la gasolina que se gasta volviéndolo a prender, y sufre más la máquina. –dijo don Antonio. –Es que siempre es contaminante… –dijo Adriana. –Lo que pasa es que si se llega a destapar el trancón voy a gastar mucho tiempo volviéndolo a prender –dijo don Antonio. –No lo digo por usted don Antonio, es que como son todos… –dijo Adriana. –Con tal de que podamos arrancar lo más pronto posible… –dijo Arturo. –Y todos lo demás como que siguen foquiados –dijo Esteban mirando hacia las ventanas del bus. –Es que está temprano todavía –dijo Adriana mirando su reloj de pulso. El conductor del tracto mula que se encontraba detrás de ellos abrió la puerta y se bajó, caminó hasta el grupo de Arturo y dijo: –Buenos días, señores, ¿Si tienen radioteléfono? –Sí, pero lo tengo apagado para no despertar a la gente –contestó don Antonio. –El mío viene fallando desde Manizales, a ver si pudiéramos hablar con alguien que esté más adelante… –dijo el conductor del tracto mula. –Ahora en un rato lo prendo… –dijo don Antonio–, es para no armarles bulla ahí a los del grupo. – ¿Y van para Medallo? –preguntó el conductor dirigiéndose a Adriana. –Sí, señor. – ¿Turistas? –No, señor, somos un grupo de música, tenemos un concierto esta noche en La Macarena. – ¿Ustedes son de Los Cuarenta? –Sí, señor… los mismos –dijo Adriana mientras don Antonio se alejaba del grupo y se ponía a chequear las llantas del bus. – ¡Eh ave María pues!…, mirá la coincidencia, si mi hija con el novio van pa’ ese concierto esta noche, porque ustedes se presentan esta noche… ¿o no? –dijo el conductor. –Sí, en la plaza de toros… Mucho gusto entonces –dijo la niña del pelo naranja extendiéndole la mano al conductor–, Adriana Sáenz. –Mucho gusto, señorita, Carlos Mario Serna para servirle… –dijo el conductor del tracto mula. Esteban le extendió la mano a Carlos Mario. –Mucho gusto, Esteban Palacios, baterista del grupo. –Y el amor de mi vida… –dijo Adriana mientras le guiñaba el ojo a Esteban. –Encantado, señor Esteban… pues hacen una linda pareja –dijo Carlos Mario mientras Esteban le clavaba la mirada a su compañera. – ¿Y viene de Bogotá? –preguntó Adriana mientras le sonreía a su exnovio. –De Duitama, señorita. –Lejos… –dijo Adriana. –Sí, señorita, recogiendo partes de carros que toca llevar a la planta de Medallo. – ¿Y cuánto se gasta de Duitama a Medellín? –preguntó Esteban. –Normalmente veinte horas si no hay tacos, pero me tocó parar en Bogotá a recoger otra carga, entonces ya vamos como pa´ diez y nueve, más lo que falta… – ¿Pero si para a dormir? –preguntó Esteban. –Claro, señor, si no imagínese… no hay quien aguante ese ritmo… – ¿Entonces su hija y el novio van para el concierto esta noche? –preguntó Adriana. –Sí, señorita Adriana, tienen esas boletas compradas desde hace como dos semanas. – ¿Y en Medellín sí se habla de nosotros? –dijo Adriana. –Pues claro, señorita, todo ese combito de mi hija y sus parceros se la pasan hablando de ustedes. – ¿Y qué dicen o qué? – preguntó Esteban. –Que son muy calidosos, que ustedes tocan toda clase de música… –No toda clase, más que todo rock y salsa –dijo Esteban. –Y disco y tropical también –adhirió Adriana. –Que tocan las canciones mejor que lo que lo hacen los propios originales –dijo Carlos Mario. –Pues nos halaga mucho su comentario –dijo Adriana. –Sí, señorita, allá todo el mundo está fascinado con ustedes, y dicen que para esta noche ya no queda ni una boleta, que eso está peor que un clásico Nacional contra Medellín. – ¿Pero qué clase de música le gusta a su hija? –preguntó Esteban. –Ella se la pasa escuchando Fruko, y así bastante la música en inglés… y pues salsita. – ¿Y a usted que le gusta escuchar? –preguntó Esteban. –Yo si soy de tango, más que todo lo de Gardel, y por ahí lo popular… Alci Acosta, Julio Jaramillo… Arturo se paró de la piedra donde estaba sentado y se acercó al grupo. – ¿Y usted dice que el radio teléfono le viene fallando desde Manizales? –Sí, señor… –Arturo… Arturo Cañón, director del grupo –dijo mientras le estrechaba la mano a Carlos Mario. –Mucho gusto, señor Arturo, Carlos Mario Serna para servirle… Sí, señor, parece que es la conexión a la batería que está molestando. –Qué pena la pregunta, don Carlos Mario, ¿y usted ahí con quién se puede comunicar? –preguntó Arturo. –Ese radio es más bueno, pues cuando sirve… pero yo ahí puedo hablar con la empresa, llamo a mi casa, a los compañeros en los otros camiones. –Interesante eso –dijo Arturo. –Por eso le preguntaba al señor conductor de ustedes si su bus tiene radio, a ver si podemos hablar con alguien que esté más adelante para que nos informe qué es lo que está pasando –dijo Carlos Mario. –Sí sería bueno, para no hacer tanto ruido esperemos un rato y miramos a ver a quién podemos llamar –dijo Arturo–, es que la mayoría todavía están foquiados. –Sí, no sea que se vayan a despertar las bellas durmientes –dijo Adriana sonriendo mientras le dirigía la mirada a Esteban. –Así es, señores, toca mirar eso, porque a ustedes los están esperando allá en Medallo –dijo Carlos Mario. –Correcto, tenemos que llegar rápido para poder complacer a su hija y sus amigos –dijo Adriana con una sonrisa. –No solamente a ellos, es que allá todo el mundo está loco por ustedes… El sol ya había subido en el horizonte en el momento en el que Mónica se despertó. Siempre había sido buena para dormir en posiciones incómodas y se encontraba fresca y lista para afrontar el nuevo día. Miró por la ventana a su novio, a Adriana y a Arturo conversando animadamente al borde de la carretera. Supuso que se habían detenido a desayunar, pero cuando miró los alrededores del sitio en el que se encontraban, comprendió que no estaban en ningún pueblo o restaurante de carretera, sino en la mitad de un trancón. Sacó la polvera de su bolso, se arregló el pelo lo mejor que pudo y se puso las sandalias que solo usaba en los paseos a tierra caliente. Enseguida miró cómo las manecillas de su nuevo reloj marcaban las seis de la mañana. Decidió que era hora de bajarse y cuando se fue a levantar de su silla para salir hacia el pasillo recibió el saludo de Andrés, quien se acababa de despertar. –Hola, Moniquita, buenos días. –Hola, Andresillo, ¿si pudiste dormir? –Él sí, yo más o menos –dijo Patricia abriendo los ojos. –Monita, ¿no dormiste bien? –preguntó Andrés. – ¡Divinamente! Lo mejor fueron las sábanas de satín –dijo Patricia levantando los brazos hacía el techo del bus–. ¡Oh what a night!, como dice la canción. –Yo sí dormí como un lirón, sin problema alguno –dijo Mónica. –Menos mal, yo también dormí bien, ¿pero dónde estamos? –dijo Andrés mientras miraba hacia afuera. –Parece que en un trancón –respondió Mónica. –Ya se le estaba haciendo tarde al trancón –dijo Patricia. –Ojalá pase rápido porque ya están dando ganas de desayunito –dijo Andrés. –Los hombres siempre pensando en comer –dijo Patricia mientras meneaba la cabeza tratando de desemperezarse. –Y nosotras en conservar la línea –dijo Mónica sonriendo. –Toca, barbie mediterránea, y más ahora con lo que nos va a poner Arturo a hacer en los conciertos –dijo Patricia. Andrés soltó la carcajada. –Barbie mediterránea… esa sí no me la sabía. –Tu noviecita que me puso ese lindo apodo –dijo Mónica mientras se sentaba en el apoyabrazos. – ¿Cuál noviecita? –dijo Patricia–. Si ve, eso nos pasa por dormir juntos… ya empiezan los rumores. – ¿Dormir juntos? –peguntó Mónica sonriendo maliciosamente. –Pues aquí en este bus, ¿porque dónde más? –dijo Patricia. – ¡Ah ya!, es que como no especifican… –Es que esta mona preciosa se me está haciendo la difícil… para cuadrarse conmigo, digo yo… –Pero es que tú tienes más afán que empleado público a las cinco de la tarde –dijo Patricia. – ¿Pero cuánto tiempo llevo en estas? – ¿No te parece que está un poquito temprano para hablar de eso? –dijo Patricia. –Supongo… –dijo Andrés apretando los labios mientras se levantaba de su puesto–, ahora nos vemos –y salió caminando hacia la parte delantera del bus. Patricia y Mónica se quedaron mirándolo mientras llegaba hasta la puerta y descendía por la escalerilla. –Se puso de mal genio –dijo Patricia. – ¿A ti si te gusta él? –Mucho, pero si no te haces la difícil… después no te valoran. – ¿Y si se cansa de andar detrás tuyo y después no quiere nada? –Hay que tomar ese riesgo, barbisita, además no quiero que piense que me está comprando –dijo Patricia. – ¿Cómo así? –Es que él me regaló una plata, lo que nos ganamos por la presentación de la plaza de toros… – ¿Y por qué te regaló eso? –Por lo que mi familia está mal económicamente… –dijo Patricia agachando la cabeza. –Ya… pero muy querido. –Él es diez puntos, en todo sentido, pero en serio no quiero que piense eso, es decir… que me está comprando, si no fuera porque mi familia está re mal… no se la hubiera recibido. –Yo no creo que él piense que te está comprando, simplemente te está tratando de ayudar, y lo hace porque está súper tragado de ti. – ¿Será que no va a pensar eso? –Te aseguro que no –dijo Mónica con una amplia sonrisa. – ¡Ay barbisita!, puede que tengas razón… Esperemos a ver qué pasa… –Pero no vayas a esperar mucho. –Yo sé, yo sé, pero más bien ven nos bajamos a ver qué es lo que está pasando. –dijo Patricia poniéndose de pie y tomando a su amiga de la mano para guiarla hacia la parte delantera del bus.
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