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2043 Palabras
39 Eran casi las tres y media de la tarde cuando Mónica y Patricia vieron al grupo de la tienda aparecer en la curva de la carretera, a una distancia de un poco más de cien metros. El cielo se había despejado, el sol brillaba nuevamente y las dos amigas ya habían tenido la oportunidad de cambiarse de ropa, para lo que habían tenido que utilizar como vestier la última banca de la parte trasera del bus. Mirándolos desde la distancia, se notaba que los expedicionarios no venían en las mejores condiciones. A medida que se acercaban, Mónica se dio cuenta que el paso que traían era lento y reflejaba cansancio. Patricia, por su parte, fue hasta el bus a avisar a los demás que el grupo ya se encontraba de regreso. Todos se apresuraron a levantarse de sus sillas y descender del vehículo con el anhelo de verlos llegar cargados de provisiones. Para su consuelo, vieron cómo cada uno de sus seis compañeros traía consigo una bolsa plástica; eso solo podía significar que habían logrado conseguir algo de alimento durante su expedición. A Mónica le llamó la atención que Adriana, a diferencia del resto de sus compañeros, exhibía una enorme sonrisa, además de que venía caminando descalza, y lo primero que se le ocurrió, fue que era otro de los shows que la niñita acostumbraba a hacer para impresionar y llamar la atención de sus compañeros. Parecía inclusive que no era capaz de cargar sus propios tennis, ya que su amiga Sandra, que venía unos pocos metros atrás, era la que los llevaba en sus manos. Nunca antes había visto la cara de extremo cansancio que traía su novio. Sabía que Esteban había hecho el esfuerzo solo por procurar conseguirle algo de tomar, que no había querido delegar en ninguna otra persona, y que quería hacerse responsable de que ella estuviese lo mejor posible. Desde que habían arrancado hacia la tienda, ella había notado que él no se encontraba en las mejores condiciones, y en medio del intenso dolor de cabeza que estaba sufriendo en ese momento, le había pedido que no fuera, pero él había insistido, diciendo que haría hasta lo imposible por conseguirle algo de tomar y así sacarla de ese estado de principios de deshidratación. Definitivamente eran acciones que lo hacían ver como una persona excepcional, una persona que en realidad se preocupaba por ella, que demostraba que en realidad la amaba, que se moría por ella y que haría lo que fuese por el bienestar de ella. Una persona así de entregada se merecía lo mejor del mundo y sabía que para él, ella hacía parte de lo mejor, así ella no se considerara como lo mejor. Lo único que no le gustó fue ver que Adriana, en medio de su amplia sonrisa, venía caminando justo al lado de Esteban y se preguntó qué clase de diálogo habría existido entre los dos durante las últimas dos horas que había durado su travesía. No podía subestimar las capacidades de su compañera, quien aparte de ser una hermosa niña, era una líder natural, una destacada música, y dueña de una personalidad que podría llegar a lograr muchas cosas. Sabía que ella misma poseía algunas de esas cualidades; no por nada el empresario la llamaba Miss Universo; también se consideraba muy buena en todo lo que tenía que ver con la música, y se consideraba además de inteligente, una persona dulce y tierna. No tenía el liderazgo o la fuerte personalidad de su rival, pero sus otras cualidades iban a tener que ser suficientes para evitar que su lindo novio cayera en las manos equivocadas. Cuando Esteban estaba a quince metros de distancia Mónica corrió a abrazarlo. Lo apretó fuertemente contra su pecho y no le importó que sus ropas estuviesen totalmente empapadas. El largo y tierno beso llegó después de que Esteban dejara en el piso la bolsa de provisiones que traía y tuviera sus brazos libres para corresponderle. Arturo y los demás miembros del comité se encargaron de repartir las reducidas porciones de comida y bebida entre las cuarenta y tres personas. "Gracias, don Arturo, le recibo el pancito y las papitas, pero mi parte de gaseosa si quiere déselo a la niña bonita de ojos azules…, es que ahora más temprano la vi muy mal, total yo en el camión tengo un poquito de agua", le había dicho Carlos Mario al director del grupo cuando este se acercó a ofrecerle su ración. Todos sintieron el alivio en sus cuerpos. Aunque era muy poco lo que estaban recibiendo, era lo único que la mayoría de ellos había probado durante las últimas dieciséis horas. No era suficiente para que estuviesen listos a subirse a un escenario por más de dos horas, pero al menos los empezaba a sacar del estado de inanición en que se habían encontrado. Desafortunadamente, los que la estaban pasando peor eran los que habían ido hasta la tienda. A parte del cansancio producido debido a la extensa caminata, habían recibido solamente su ración de comida, dado que la de bebida ya se la habían tomado antes de emprender el camino de regreso. Mónica no se había dado cuenta de eso, y cuando Arturo le informó que tenía doble ración de bebida, gracias a la amabilidad del conductor del tracto mula, procedió a tomarse lo que le ofrecían y a caminar hasta el vehículo de Carlos Mario para agradecerle por ese amable gesto. Solo fue después de esto, cuando se enteró de que su novio no había bebido nada, que el sentimiento de culpa la había invadido por completo. –Señor Arturo, ¿cómo está? –Ahí vamos, Lina María, ¿te pudiste volver a comunicar con Rodolfo? Eran las cinco y diez de la tarde y la carretera continuaba bloqueada. El cálculo del policía, una vez más, había quedado por el piso, pero según las comunicaciones que Carlos Mario había logrado tener con compañeros suyos, ubicados en las cercanías del derrumbe, después de haber dedicado un largo rato a componer el cableado de su radio teléfono, indicaban que la tierra que quedaba por remover era muy poca y que en cuestión de unos cuarenta y cinco minutos, según cálculos de ellos, se abriría nuevamente la vía. –Sí, señor, ya le conté que ustedes siguen atascados y que por ahí antecitos de las seis les dan paso. –Mil gracias, Linita, ¿y qué te dijo él? –Que por favor lleguen directo a la plaza de toros, que no hay tiempo para que pasen por el hotel, que él allá los espera, que ya hicieron las pruebas de sonido con la gente encargada del montaje, que no se preocupe por eso. –Mil gracias nuevamente, Lina. –Con mucho gusto, señor, y también me preguntó por el número de la placa del bus de ustedes, pero como yo no sabía eso, le dije que ustedes estaban justo delante del camión de mi papá, y pues le di esa placa, porque esa sí me la sé. –Tan raro eso… ¿no te dijo para qué quería ese dato? –No, señor, ni idea, y a mí me dio pena preguntarle… –Claro, Lina, no te preocupes, ¿y tú a qué horas te vas para la plaza? –Yo ya estoy aquí con mi novio, señor Arturo, yo creo que ya casi nos vamos, a menos que usted me necesite para algo más… Arturo se quedó mirando a Silvia sin saber qué responderle a Lina. –Dile que se vaya, total ella ya no puede hacer nada más –dijo Silvia. –Lina, vete tranquila para la plaza, yo allá te busco para darte tus boletas de primera fila. –No se preocupe, señor Arturo, usted ya está lo suficientemente ocupado como para ponerse en esas, más bien yo los voy a aplaudir mucho cuando estén tocando. –Bueno, Lina, en serio que muchísimas gracias por todo lo que has hecho por nosotros y ojalá nos podamos conocer personalmente esta noche. –Gracias a usted por confiar en mí, mándele por favor un saludo a mi papá y a sus compañeros. Adriana, sentada en el pasto al borde de la carretera, con la espalda recostada contra una piedra, trataba de relajarse mientras conversaba con Sandra. Ya se habían cambiado de ropa, pero el pelo de las dos estaba completamente mojado y desordenado. – ¿Y ahora decidiste que te gustan los hombres? Sandra miró fríamente a su amiga por algunos segundos y luego le respondió en medio de una dulce sonrisa: –Nunca había conocido a un tipo tan dulce y tan buena gente como Andrés. –Sí, es muy querido, pero me imagino que solo lo estás viendo como a un amigo… –Sabes que no sé –le contestó Sandra mientras miraba cómo el sol empezaba a descender en el horizonte. –No te lo puedo creer… ¿en verdad te interesa? –Te estoy diciendo que no sé… – ¿Hace cuánto que no te gustaba un hombre? –Creo que hace mucho rato…, pero ahora que veníamos caminando detrás de ustedes, y que empecé a hablar con él, no sé…, me atrajo mucho, fue bien raro… –Sabes que eso no es raro…, es exactamente lo mismo que a mí me pasa contigo. – ¿Tú crees? –Sí, es lo mismo, a mí siempre me han gustado los hombres, tú lo sabe. Me muero por Esteban, pero desde que te vi ese día en tu casa…, te vi tan linda, tan atractiva, y creo que sentí lo mismo que tú estás sintiendo por Andrés en este preciso instante… –Mira que esa raspadura en tú talón sí está medio tenaz –dijo Sandra mirando el pie de su amiga. –Sí, todavía me está doliendo…, pero no me cambies de tema. –Es que no quiero que hablemos de nosotras dos hasta que tú te decidas, lo que te dije anoche… – ¿Entonces mientras yo me decido tú aprovechas para andar con Andrés? – ¿Celosa? –preguntó Sandra mirando fijamente a su amiga. –Sabes que sí… –dijo Adriana con una leve sonrisa en los labios–, pero sé que no tengo derecho, total yo hasta venía cogida de la mano de Esteban. –Exacto…, pero no te preocupes, yo inclusive ni siquiera sé que es lo que estoy sintiendo hacia Andrés. – ¿Tú sabías que él está tragado de Patricia? –Me lo supuse –dijo Sandra arrugando los labios–, sí los vi muy juntitos el día de la audición y anoche durante el viaje. –Pero hoy todo el día han estado apartados…, yo creo que deben andar de pelea. – ¿Entonces será que me está usando a mí para darle celos a la otra?, y como no sabe de mis preferencias entonces habrá dicho: "caigámosle a esta". –Ni idea, lo que sí sé es que él hace rato anda detrás de Patricia y que ella se está haciendo la difícil, de pronto fue que se cansó, te conoció, le caíste bien, le gustaste… y si la otra no responde… pues… –También puede ser, y como quedamos de salir esta noche… – ¿En serio?, ¿y tú si crees que vas a tener la fuerza para salir esta noche? –No sé, Adri, y él tampoco lo sabe, igual quedamos que si estábamos muy cansados lo dejábamos para otro día. –Entonces aprovecha, o mejor…, mira qué cosas te quiere decir tu corazón, tu espíritu, de pronto esto es como una nueva revelación o algo así… – ¿Y Patricia? –Culpa de ella; es que en serio, hace más de dos meses que Andrés le viene tirando pelota, ya si lo pierde no es tu problema. –Lo único que te digo, Adri, es que yo te prefiero mil veces a ti por encima de él, tú sabes que yo solo estoy esperando a que tú te decidas. –Yo sé, pero como te digo, aprovecha y mira a ver qué pasa…, de pronto hasta yo te deje de gustar. –Eso no lo creo…, si yo fuera Esteban, no te soltaría ni un solo segundo…
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