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Eran las nueve de la noche y a la plaza de toros de La Macarena no le cabía una persona más. Sin embargo, el ambiente se encontraba enrarecido debido a la tardanza en el comienzo del espectáculo. Se empezaban a escuchar arengas y chiflidos cada vez más seguido. Varios sectores del público reclamaban, otros aplaudían y muchos de los que se encontraban en la parte baja de la plaza habían decidido sentarse en el piso a esperar la aparición de Los Cuarenta.
En las afueras de la plaza, Rodolfo no podía dejar de caminar de un lado a otro esperando a que el bus blanco con verde apareciera en cualquier momento sobre la Avenida Regional. Aunque la brisa fresca que subía del Río Medellín ayudaba a refrescar la noche, el empresario se sentía cada vez más acalorado y la bebida que le había ofrecido Carlos, el ingeniero de sonido del grupo, no le había servido para nada. A su lado se encontraba el oficial de la policía encargado de la seguridad de la plaza, quien se había tratado de mantener en contacto con los agentes que escoltaban el bus, y según la última información que había recibido, el bus ya se encontraban atravesando el sector de Envigado.
–Si no tenemos a su grupo en esa tarima en cuestión de media hora, esto se nos puede rebotar feo –le dijo el oficial de la policía a Rodolfo mientras escuchaba cómo los chiflidos del público se hacían cada vez más fuertes.
–No se preocupe, capitán, apenas se bajen de ese bus, en cuestión de dos minutos los tengo tocando en ese escenario –respondió Rodolfo con una sonrisa nerviosa. Aunque había dejado de fumar tres años atrás, los nervios lo llevaron a dirigirse hasta una caseta que se encontraba a pocos metros de la plaza en busca de un paquete de cigarrillos. Escogió la marca que había sido de su preferencia en el pasado, le pagó a la señora y cuando se había alejado unos pocos pasos, recordó que ya no cargaba fósforos ni encendedor y tuvo que dar media vuelta y regresar en busca de la pequeña tienda. Recibió una cajetilla de fósforos de la vendedora, pagó lo que debía y cuando levantó la mirada, después de haber guardado la billetera, vio a un muchacho de unos diez y ocho años que se le acercaba.
–Que hubo, tío, ¿nada que aparecen?
–No, Camilo, esa gente nada que llega, y el capitán ya está acosando.
–No solo el capitán, eso allá adentro está bien encendido, están que chiflan y ya hay gente diciendo que les devuelvan la plata de la boleta.
–Sí, hasta aquí se escucha la bulla, pero tranquilo, ya no pueden demorar mucho… ¡Bienvenido al mundo del espectáculo!…
–Menos mal el capitán hizo el favor de prestar a los de las motos para que los sacaran de allá rápido, si no imagínese…
–Sí, menos mal; la vaina es que esos muchachos deben venir bien cansados, no ve que salieron de Bogotá hace más de veinticuatro horas.
– ¡Tenaz!, pero igual son sardinos y todavía deben traer toda la energía.
–Eso espero, además es clave que aquí en Medellín hagan una buena presentación, si no quién sabe si la boletería se mueva bien para el de Cartagena.
–Pues si vienen cansados, eso con un poquitico de perico les subimos el ánimo –dijo Camilo sonriendo.
–No sobrino, todos esos pelados son sanos, son músicos de escuela, de conservatorio, todos pilos, no son rockeritos baratos…
–Me va a decir, tío, que de cuarenta que vienen ninguno se mete un bareto…
–No sé…, pero por lo menos en casi año y medio que llevo con ellos no he visto nada de eso.
–Es que lo harán a escondidas, como todos…
–Como yo que ya estoy escondiendo este paquete de cigarrillos –dijo Rodolfo sacando el paquete que acababa de comprar.
– ¿Tanto es el desespero que va a volver a fumar?
–Pero es que… ¿se imagina que no aparezcan?
–Pero si ya vienen, póngale cinco, diez o quince minutos…
–Es que parece que estuvieran rezados, primero esa huelga de pilotos y después ese derrumbe –dijo Rodolfo volviendo a guardar el paquete de cigarrillos.
–Rezados para triunfar, tío, póngale fe y verá.
– ¿Será?
–Ahora me va a decir que no…
–No, no…, yo sé que este grupo va para arriba que se las pela, tiene todos los elementos para triunfar en grande, póngale cuidado y verá que en menos que canta un gallo están presentándose en otros países, lo que pasa es que lo de hoy si está como complicadito…
–Pues parece que esto ya se empezó a descomplicar –dijo Camilo dirigiendo la mirada en la dirección opuesta a donde Rodolfo estaba mirando.
Rodolfo volteó a mirar y vio las luces de un bus verde con blanco, precedido por dos motos de la policía, acercándose a la plaza de toros. Sin mediar palabra salió corriendo, seguido por su sobrino, hacia la puerta que había sido dispuesta para el ingreso del grupo.
Apenas el bus se detuvo, varios agentes de policía lo rodearon para evitar que el poco público que aún se encontraba por fuera de la plaza se acercara a los miembros del grupo, que lentamente empezaban a descender. El primero en salir fue Arturo, seguido por Silvia y Adriana.
– ¡Bienvenidos a Medellín! Casi me hacen dar un infarto –dijo Rodolfo mientras abrazaba fuertemente al director.
–Gracias, hombre, yo sé… casi no llegamos.
–Mira, te presento a mi sobrino Camilo, él está trabajando conmigo –dijo Rodolfo.
–Hola, Camilo, ¿qué tal?, Arturo Cañón, director de Los Cuarenta, y esta es mi novia, Silvia.
Mientras algunos se saludaban, otros fueron ingresando al camerino de la plaza. Una vez adentro, todos se abalanzaron sobre la mesa de bebidas y pasabocas que estaba dispuesta desde hacía varias horas. Lamentablemente no había nada que en realidad los alimentara, dado que la larga mesa se limitaba a tener papas fritas, chitos, crispetas y bebidas gaseosas. Mónica no dejó de beber hasta que desocupó cinco vasos de gaseosa. Los pasabocas le sabían a gloria, no diferenciaba entre unos y otros, lo importante era darle algo a su pobre estómago. Esteban, parado a su lado, también se concentraba en comer y beber todo lo que se le atravesaba, pero sabía que en algún momento iban a tener que recibir algo que en verdad los pudiera nutrir un poco.
–Nene –dijo Mónica cuando se terminó su quinto vaso de gaseosa–, yo creo que no hubiera podido aguantar media hora más.
–Me imagino, Monina…, es que ha sido tenaz.
–La verdad es que yo creo que mi cuerpo no se ha recuperado bien después de esa dieta obligada que tuve durante ese mes.
–Puede que sea eso, de pronto todavía no tienes suficientes reservas.
–Yo creo que es eso…, en todo caso al salir de aquí tenemos que ir a comer algo en serio, así sean las doce de la noche, además tengo que llamar a mi casa, deben estar súper preocupados.
–Pero Rodolfo como que habló con Gladis y le dijo que le avisara a todos los papás, me dijo Arturo.
–Yo sé, nene, pero tú sabes como es mi papá.
–Yo sería igual, no quisiera que le pasara nada malo a una niña tan divina –dijo Esteban abrazando y besando a su novia.
–El grupo no luce nada bien –le dijo Rodolfo a Arturo una vez estuvieron en el camerino.
–No hemos comido en serio desde anoche que paramos en Silvania. En el trancón por ahí conseguimos unos panes y cosas de paquete, pero eso fue todo.
–De haber sabido les hubiera tenido algo más que esto –dijo Rodolfo mirando hacia la mesa de pasabocas.
–Lo mismo con la bebida, es muy poco lo que hemos tomado, algunos ya estaban medio deshidratados.
En ese momento Adriana se unió a la conversación.
–Rodolfo, yo sé que el público está impaciente, pero si no comemos algo en serio el grupo no está en condiciones de subir al escenario, además necesitamos tiempo para arreglarnos, sobre todo las mujeres.
–Yo entiendo, pero llevamos casi que hora y media de retraso…
– ¿Usted si cree que alguien aquí tiene la energía para tocar durante dos horas? – preguntó Adriana.
Rodolfo se rascó la cabeza, miró a Arturo y dijo:
–¿Hay algunos miembros del grupo que puedan arrancar tocando unas cuatro o cinco canciones mientras los demás comen algo?
Arturo miró a Adriana, apretó los labios y dijo:
–Lo que pasa es que se daña todo lo que tenemos preparado para empezar el concierto, y la idea es hacer una muy buena presentación.
–Bueno, señores, ¿listos para empezar?, el público los espera –dijo el capitán de la policía, quien sorpresivamente había entrado al camerino y se unía a la conversación.
–No sabía que la policía estuviera a cargo de la organización del concierto –dijo Adriana torciendo la boca.
– ¿Y quién es la señorita? –dijo el capitán.
–Ella hace parte del comité directivo del grupo –respondió Arturo.
–Entonces, señorita, sea tan amable y me colabora organizando a su gente para que esto comience cuanto antes –dijo el capitán con tono de cuartel.
–Con mucho gusto, apenas todos hayamos comido algo, estaremos listos para arrancar –dijo Adriana.
– ¿Y acaso no comieron ya? –dijo el capitán señalando la mesa de pasabocas.
–Necesitamos comida de verdad, no un paquete de chitos –dijo Adriana.
–Entonces eso va a tener que esperar, si esto no empieza dentro de diez minutos, me voy a ver en la obligación de cancelar el evento –dijo el capitán antes de retirarse del recinto.
Adriana, Arturo y Rodolfo se miraron entre ellos.
–Ese tombo es un imbécil, ¿qué le pasa?, ¿es que no se da cuenta?
–La culpa es mía por no haberles tenido al menos unas pizzas aquí listas –dijo Rodolfo.
–No es hora de echarse culpas, es hora de mirar qué podemos hacer –dijo Arturo.
– ¿En cuánto tiempo podemos tener unas pizzas aquí…, o unas hamburguesas? –Preguntó Adriana.
–Me imagino que en máximo media hora –dijo Rodolfo.
–Arturo, pongamos a Daniel en la batería y a Sergio en la guitarra a abrir el concierto, ellos vienen en buen estado –dijo Adriana.
– ¿Y qué van a tocar?, ¿y por cuánto tiempo? –preguntó Arturo.
–Que hagan un solo, no sé…, cualquier cosa, el todo es arrancar con algo para que ese tombo hijuemadre no cancele el concierto.
–No lo va a cancelar –dijo Rodolfo–, son solo amenazas, si se pone a sacar a toda esta gente de aquí le acaban la ciudad, pero igual tenemos que afanarle.
–Pues vaya consiguiendo las pizzas o lo que sea mientras nosotros pensamos en algo –le dijo Adriana a Rodolfo.
–Listo, listo, voy a llamar, ya vengo –dijo Rodolfo mientras se retiraba.
–Parece que estamos en las manos de unos ineptos –dijo Adriana.
Arturo se paró sobre la primera silla que encontró y subiendo el tono de voz le preguntó a todo el grupo:
–¿Quiénes se siente en condiciones de empezar a tocar dentro de cinco minutos?
En medio del murmullo que siguió, Patricia, Claudia, Melissa, Daniel, Sergio y Enrique fueron los únicos en levantar la mano.
–Perfecto –dijo Arturo–, necesito que arranquen ustedes seis durante unos veinticinco minutos mientras los demás se alistan.
– ¿Pero cuál es el afán, no íbamos a arrancar casi todos con "Tragedy" de los Bee Gees? –preguntó Patricia.
–La policía está molestando, que ya llevamos mucho retraso y que si no salimos rápido el público se va a revolucionar –dijo Arturo–, "Tragedy" la dejamos para cuando salgamos todos.
– ¿Y qué diablos quieres que toquemos? –preguntó Claudia.
–No me importa, así sea "La Roncona", el todo es arrancar en cinco.
– ¡Ya sé!, gritó Melissa, hagamos una versión súper extendida de "I want you to want me", la de Cheap Trick.
– ¿Y después? –preguntó Daniel.
–Puede ser "My Sharona" de The Knack, también súper extendida –dijo Sergio.
–Y para mantener el género, le metemos "Hold the line" de Totto –dijo Melissa.
–Y después yo puedo hacer "Lotta love" de Nicolette Larson –dijo Patricia.
–Ahí hay algunos metales... –dijo Arturo.
–Si me dan veinte minutos yo entro con la flauta para esa –dijo Andrea mientras se soltaba el caucho que le había agarrado su largo pelo n***o durante todo el viaje.
–Y yo con el saxofón porque Enrique estaría en teclados –dijo Juan Carlos.
––Y yo entro al escenario comiéndome unos tres pedazos de pizza, porque con este filo… ––dijo Carolina.
–No se diga más, ustedes alístense, yo le digo a Carlos que en cinco saltan al escenario, el resto vayan alistándose, y tranquilos que Rodolfo ya está pidiendo comida a domicilio –dijo Arturo.
–Esa gente son unos duros –le dijo Mónica a Esteban–, abrir el concierto sin haber comido más que papás fritas.
El sonido de "I want you to want me" empezaba a retumbar por toda la plaza y sus alrededores, tres segundos después de que Daniel terminara con un solo de batería que se había extendido por más de tres minutos. Finalmente se podía apreciar la cara de tranquilidad que lucía Rodolfo mientras conversaba con su sobrino y el capitán de la policía. La mayoría de las mujeres se encontraban frente a los espejos ocupadas con el peinado, el maquillaje y la ropa que iban a lucir en el escenario.
–Nuca había oído una versión tan larga de esa canción –dijo Esteban.
–Pues que la sigan alargando mientras llega la pizza –dijo Mónica tratando de organizar la blusa blanca que se acababa de poner.
Cuando Sergio estaba terminando de cantar su versión súper extendida de "My Sharona", con solo de guitarra por parte de Andrea, Sandra se acercó a Andrés que todavía se encontraba junto a la mesa de pasabocas disfrutando de lo poco que había quedado de comida.
– ¿Ya estás listo para conquistarlas a todas?
Andrés la miró con una enorme sonrisa.
–Yo soy un tipo serio, ya es cosa de ellas si me quieren admirar –dijo Andrés en medio de su risa.
–Modestia aparte… –dijo Sandra.
–No, mentiras…, pero sí soy serio…
–No me importa si eres serio o no, el caso es que tienes algo tan especial… que no te lo imaginas…
– ¿Verdad? –dijo Andrés sonriendo y arrugando la frente.
–Si te contara…
– ¿Contarme qué?
–No sé…, después te cuento…, de pronto... –dijo Sandra con una leve sonrisa.
–Ahora me vas a dejar intrigado durante todo el concierto…
–Tú concéntrate en lo tuyo, en cantar bien, en tocar bien… y si lo haces, de pronto después de esta presentación te lo cuento…
La potencia del piano se sintió cuando Enrique arrancó con "Hold the Line". La calidad del sonido que llegaba hasta el camerino no parecía ser el producido por unos músicos que habían permanecido las últimas veinticuatro horas metidos en un bus atascado en una montaña.
–No sabía que Enrique fuera tan bueno en el piano –dijo Mónica mientras se miraba al espejo.
–Lo mejor de él son el saxofón y la trompeta, pero con el piano no se queda atrás, lo que hace que tú, Monina, te sientas cada día más orgullosa de estar aquí –dijo Esteban.
–No entiendo qué tiene que ver eso, nene.
–Pues que aquí todos son unos duros, y que tú estás haciendo parte de todo esto.
–Ya te entiendo, pero tú ya sabes que esto es lo máximo para mí; en serio que me siento realizada, y sobre todo estando aquí contigo, es que es todo perfecto.
–Y yo ni se diga –dijo Esteban agarrando uno de los aretes que su novia se había puesto–, tú eras lo único… o la única que faltaba para volverlo perfección
–Entonces hagamos que sea perfecto para siempre –dijo Mónica antes de voltear la cara y darle un beso a su novio.
–Perfección la de esas pizzas que acaban de llegar –dijo Esteban cuando se apartó del abrazo de Mónica y vio cómo los domiciliarios llenaban las mesas con varias cajas de pizza y botellas de gaseosa. En ese momento dejaron de existir los espejos, los baños, las sillas, los instrumentos, y todos se abalanzaron sobre la suculenta comida.
–Acuérdense que tenemos a seis compañeros que están dando la cara por nosotros en el escenario –dijo Adriana–, así que no se la vayan a acabar toda.
–Yo me voy para arriba, Pati ya va a arrancar a cantar, pero me dejan alguito –dijo Andrea con un pedazo de pizza en una mano y la flauta en la otra.
Patricia, que generalmente desprendía el micrófono de su base y se paseaba por el frente del escenario, esta vez decidió quedarse parada en la mitad. Como ya llevaban cuatro canciones y nadie había hecho el saludo debido a la improvisación en el arranque de la presentación, decidió que lo mejor era saludar al público de Medellín.
– ¡Buenas noches!, por fin estamos aquí en Medellín.
Los gritos de bienvenida se confundieron con los aplausos y los chiflidos de la gente.
–Lo que les voy a cantar toma un significado especial para mí esta noche… –la rubia se vio obligada a parar debido a la nueva ronda de aplausos y chiflidos.
–Se llama "Lotta love", algo así como "Mucho amor"… –y se volteó a mirar a Juan Carlos para darle la señal. Ya no eran solo seis, en ese momento ya eran ocho gracias a la llegada al escenario de Andrea y Juan Carlos.
Andrés, desde el camerino, alcanzó a escuchar las palabras de Patricia. En dos años, nunca la había oído hacer el saludo, y mucho menos hablar específicamente sobre alguna canción en pleno concierto. Fue cuando decidió tomar el corredor que conectaba con el escenario. Subió la escalinata que se encontraba en la parte trasera de la tarima, y al llegar arriba se quedó parado detrás de uno de los amplificadores, observando la actuación de su amiga que en ese momento arrancaba con las palabras "It´s gonna take a lotta love to change the way things are", "va a tomar mucho amor cambiar la forma como están las cosas", era la traducción de las palabras que salían de la atractiva rubia. Le llamó la atención ver que no caminaba, que únicamente movía los brazos suavemente hacia arriba y hacia abajo al ritmo de la música. Tampoco volteaba a mirar hacia atrás como era su costumbre. Parecía tener la mirada clavada en el público. "It´s gonna take a lotta love, or we won´t get too far", era lo que ahora decía a través de la canción; "Va a tomar mucho amor o no llegaremos muy lejos". Ella era la que había tenido la iniciativa de cantar eso. La canción ni siquiera estaba incluida en la lista para esa noche. "So if you look in my direction, and we don´t see eye to eye, my heart needs protection, and so do I", "Entonces si miras en mi dirección, y no nos miramos a los ojos, mi corazón necesita protección, lo mismo que yo", continuaba cantando; pero, sin embargo, en ese momento y para sorpresa de Andrés, sin que supiera la razón, ella volteó a mirar hacia atrás, justamente al punto en donde él se encontraba. Sus miradas se cruzaron por un par de segundos, ella le sonrió muy levemente y a él solo se le ocurrió levantar la mano a manera de saludo. Después ella dirigió nuevamente su mirada hacia el público y lo dejó ahí parado pensando en el significado de lo que acababa de suceder. ¿Le estaba diciendo algo a través de la canción? ¿Por qué se había volteado justo en ese momento? Ella no sabía que él se encontraba ahí… ¿Había sido solo una coincidencia? Si le quería hablar de amor, ¿por qué continuaba rechazándolo? En realidad no entendía mucho lo que estaba sucediendo.
Arturo se acercó al micrófono principal, tomó de la mano a Patricia, hizo una reverencia que toda la tribuna aplaudió con emoción y dijo:
–Esta noche queremos agradecer a una persona a la que personalmente no conozco, pero que fue de gran ayuda para lograr que pudiéramos estar aquí para este concierto. Es una persona que está entre ustedes…, allá en la tribuna –señaló hacia lo alto de la plaza con su brazo extendido–, su nombre es Lina María Serna – a lo que todos los asistentes aplaudieron y chiflaron–, y quiero que esté aquí en primera fila junto con su novio…, le pido el favor al personal de logística que los dejen pasar para tenerlos aquí cerquita, muchas gracias… Y ahora vamos a continuar con algo que les va a gustar mucho… –y se volteó a dar la señal para que Esteban en la batería arrancara con "Bad case of loving you"de Robert Palmer, canción que puso a toda la plaza a saltar al ritmo del rock de Los Cuarenta.
Después de una docena de canciones en inglés había empezado la tanda de música salsa y tropical. Ismael entonaba "A Medellín" de Nelson Henríquez, mientras los seis que habían arrancado el concierto, más algunos otros, disfrutaban de la suculenta pizza en el fondo del camerino. Arturo estaba satisfecho de ver cómo, a pesar de la larga travesía, el grupo estaba tocando mejor que nunca. Parecía que la carga psicológica debido al hecho de ser apenas su segunda presentación por fuera de Bogotá, había afectado al grupo de manera positiva. Siguiendo el consejo de Rodolfo y el ejemplo que Adriana había dado en Cali, todos empezaron a aumentar sus movimientos alrededor del escenario, y ya no solamente se concentraban en brindar lo máximo en la ejecución de sus instrumentos, sino también en dar lo mejor de sí en su expresión corporal.
–Estuviste genial con tu canción –le dijo Mónica a Patricia.
Patricia se demoró en contestar pues para ella en ese momento era más importante el pedazo de pizza de pollo con champiñones que los halagos de su amiga.
–Gracias, barbie, creo que me salió del alma, me fluyó del espíritu, como decía un tipo todo corrido que conocí en San Andrés.
–Esa iba dedicada a él, ¿verdad?
–Obvio, la cosa es que como que no se la pilló… ––dijo Patricia torciendo los labios.
– ¿Por qué lo dices?
–Porque lo vi allá arriba mirándome cantar, pero cuando regresé aquí abajo lo encontré feliz hablando con esa tonta.
–Pero ahí no va a pasar nada…
–Y quién quita qué a Sandrita le dé por experimentar con gente del otro sexo…
–Bueno, yo no sé de eso, pero no me imagino…
–Y como es bien chuscota, y con esos ojazos verdes, entonces no le quedaría difícil.
Se empezaban a escuchar las notas de "Siembra" de Rubén Blades en la voz de Andrés.
––Y canta bien bonito el imbécil… ––dijo Patricia.
–Yo creo que a ti te toca es hablar con él esta misma noche, apenas se termine esto.
–Yo ya no sé… Tú sabes que yo ya estaba dispuesta a cuadrarme con él, pero ahora se la pasa pegado a ese proyecto de hippy.
–Para mí, eso solo es amistad.
–No sé, puede que lo sea, pero lo que más rabia me da es que él no sabe que ella es así…, él está convencido de que ella es normal y que por ahí pueden tener su cuento.
–Eso es verdad, Pati, pero es que tú igual lo hiciste esperar mucho, entonces cualquiera se cansa…
–Pero tenía mis razones…
–Yo sé, pero tienes que definirte ya, inclusive antes de que acabe "Siembra".
–Es que ya estoy definida, pero yo ya no sé si a él le siga interesando…
–Yo creo que sí, una traga de esas no se pasa de la noche a la mañana, y apenas fue esta tarde que ellos dos se hicieron amigos.
–Parece que hubiera sido hace más…, hasta de pronto ya le había echado el ojo desde el día de la audición.
–No seas boba, si fuera así no se hubiera ido contigo todo el trayecto desde Bogotá hasta el trancón.
–Nunca se sabe…
–Más bien prométeme que esta noche vas a hablar con él –dijo Mónica mirándola fijamente a los ojos.
–Está bien…, prometido –dijo Patricia torciendo la boca y bajando la mirada.
–Perfecto, y ahora alistémonos que ya casi sigue "Calle luna calle sol" y las dos vamos en esa.
–Oye, ¿y al fin quién va a hacer la voz de Héctor Lavoe en esa?
–Verdad… No sé si al fin Ismael o tu futuro novio…, parece que nosotras no hiciéramos parte de este negocio –dijo Mónica entre la risa de las dos amigas que se apresuraron a caminar hacia el pasillo que conducía al escenario.
La tanda de canciones en español terminó con "María Lionza", interpretada por Ismael, que era el que mejor lograba imitar lo que hacía Rubén Blades con esta canción. Esteban había estado en los coros de la mayoría de las canciones de los géneros salsa y tropical y ahora tenía que pasar a la batería para la tanda de música disco que se aproximaba. Era un momento especial en el que Sandra iba a presentarse por primera vez. En medio de la oscuridad y con los aplausos y gritos de fondo, el mejor baterista del grupo alcanzó a distinguir a Mónica parada detrás de los teclados. Se venía "Mc Arthur Park" de Donna Summer, y ella era la que iniciaba la pieza con un solo de piano. Parecía que cada vez ganaba más confianza y los nervios que había tenido durante la presentación en Cali habían desaparecido casi que en su totalidad. Además, se había logrado reponer físicamente, al igual que el resto de los miembros del grupo, gracias a la comida y la bebida que habían sido servidas en el camerino.