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2193 Palabras
27 Estaba llegando la noche y el bus climatizado avanzaba lentamente por la quinta con rumbo al coliseo. Aunque el grupo ya había realizado varios conciertos con buena cantidad de público, se podía sentir la tensión y nerviosismo en la mayoría de sus integrantes. Pensaban en las diferencias que podrían existir entre los fans de Cali y los fans de Bogotá. Ya sabían cómo tratar al público de la capital, cómo se divertía, qué le gustaba y qué le aburría. Pero no conocían mucho, o casi nada sobre los caleños. El empresario había dicho que les gustaba mucho la salsa, que tocaba darles una sobredosis de salsa; que tocaran un poquito de rock y algo de disco, únicamente lo más conocido, lo que estaba de moda, y había nombrado algunas canciones que supuestamente sería bueno incluir esa noche; pero eso era todo lo que sabían. Arturo los había tratado de tranquilizar con frases como: "son gente del mismo país", "no son ni gringos ni extraterrestres", "todos somos colombianos". Pero para algunos eso no había sido suficiente; todavía les quedaban muchas dudas. Luisa se levantó de su puesto y caminó hasta la parte delantera del bus en donde Arturo estaba sentado. –Hola, Arturito –su voz se escuchaba ronca. –Hola, Luisita, ¿qué se dice? –No mucho, solo que… me está molestando mucho la garganta, yo creo que fue el aire acondicionado del hotel. Arturo enarcó las cejas, dejó la sonrisa y torció los labios. – ¿Y has tomado algo para eso? –Ya me he chupado como cuatro pastillas… pero no mejora mucho –dijo Luisa con sentimiento de culpa. – ¿Y desde qué horas estás así? –Me empezó así duro… como después de almuerzo. – ¿Y hasta ahora me lo dices? –dijo Arturo mientras se agarraba la quijada con una mano. Luisa bajó la mirada. –Es que no estaba tan mal, pero me subí a este bus todo helado y fue mucho peor. – ¿Tú que vas a cantar esta noche? –Las dos que tenemos de Gloria Gaynor. – ¿"I will survive" y "Never can say goodbye"? –Exactamente. – ¿No más? –No, al fin Melissa va a cantar "Don´t you leave me this way", la de Thelma Houston. –Pero si estás ronquita…, este tipo de cosas son las que nos van dando experiencia… – ¿Por qué dices eso? –preguntó Luisa arrugando la frente. –No es tu culpa, tranquila. Hablo del cambio de clima, de los aires acondicionados, los ventiladores, vamos a tener que ser más precavidos con esa clase de cosas cuando salgamos de Bogotá. –Perdóname, please –dijo Luisa en tono de súplica. – ¿Y te sientes bien para tocar tus instrumentos? –Sí, con eso no tengo problema. –Entonces olvídate de cantar hoy, sería lo peor para tu voz si la empiezas a forzar, tómala con calma para que en Medellín ya estés bien. –Qué pena contigo. Arturo le cogió la mano. –No te afanes, voy a mirar a ver qué hacemos, regresa a tu puesto, tranquila. Arturo se paró de su asiento y se fue hacia la parte trasera del bus en busca de Adriana. Ella se encontraba distraída mirando por la ventanilla el variado colorido de los buses urbanos de la ciudad. El director se sentó al lado suyo aprovechando que la silla estaba desocupada. –Hola, Adri, ¿cómo vas? Adriana se volteó algo sorprendida. – ¿Cómo vas? – ¿Todavía molesta? – ¿Quién molesta? Arturo sonrió. –No, ¿que si todavía estás brava conmigo? –Yo no estoy brava. –Me parece que sí. –Tú hiciste lo que tenías que hacer, votar por la que creíste que era la mejor… –Pues por eso. –Yo quería a mi amiga en el grupo, pero la mayoría de la gente pensó que ella no era lo suficientemente buena –dijo Adriana. –Ella es excelente. –Pues claro que lo es… Pero ahora no me vengas a decir que la otra estuvo mejor, que ella será la próxima en entrar a este grupo, que está en la banca… no necesito eso. – ¿Tú crees que Mónica es buena? –Si no fuera buena, no estaría en este bus. – ¿Y piensas que está lista para este concierto? – ¿Acaso no va a estar en el piano? –Sí, en algo así como siete canciones. – ¿Entonces para qué me preguntas eso a mí? –Lo que pasa es que tenemos un problema –dijo Arturo. – ¿Y ahora qué pasó? –Adriana lo miro mientras arrugaba la boca. –Luisa no puede cantar, está ronca porque el aire acondicionado le fregó la garganta. –Y entonces quieres que Mónica la reemplace… – ¿Qué comes que adivinas? –Es la única que puede cantar lo de Gloria Gaynor a parte de Luisa, uno más uno… dos. – ¿Y crees que lo puede hacer esta noche? – ¿Y por qué no va a poder?, ¿acaso también le sentó mal el aire acondicionado? –No, para nada… lo que pasa es que es su primer concierto en la vida. – ¿Y? –No me estás ayudando, Adri –dijo Arturo. –Mira, si crees que la niñita se va a morir del susto porque le toca cantar por primera vez en su vida delante de diez y ocho mil personas, pues sí, se va a morir del susto, y va a poner la misma cara de aterrada que puso en la audición. –Por eso te pregunto, ¿tú la pondrías? – ¿Acaso yo soy la directora de esto? –Solo te estoy pidiendo tu opinión como m*****o del comité que eres. – ¿Y por qué no se la pides a Ismael entonces?, ¿o a Sergio?, ¿o a Silvia? –Porque… no sé, porque yo valoro mucho tu opinión, porque eres muy pila, porque sabes mucho de música… –Aquí todos sabemos de música. – ¿La pondrías o no? –preguntó Arturo al borde del desespero. –Arturito, no tienes ninguna otra salida: "I will survive" es la canción número uno del momento, lleva varias semanas en el top ten, y si no la tocamos hoy vamos a quedar como unos imbéciles. –Supongo que eso es un sí… –A menos que tú la quieras cantar… –dijo Adriana con una sonrisa sarcástica. –Gracias por tu ayuda, yo también te quiero –dijo Arturo y se levantó de su silla. Esteban miraba hacia el techo del bus mientras trataba de relajarse. La tensión que reinaba en el grupo también había llegado hasta él. Mónica, sentada a su lado, miraba por la ventana sin dar ninguna señal de nerviosismo. –Ya debemos de estar cerca –dijo Mónica–, ya estamos pasando la cuarenta y dos, faltan como diez cuadras. –Ojalá empiece esto rápido, yo sé que una vez empecemos a tocar, a todo el mundo se le va a quitar la ansiedad. – ¿Siempre es así antes de una presentación? –preguntó Mónica. –No, Monina, es por lo que es la primera vez por fuera de Bogotá, generalmente la gente es muy fresca antes de un concierto. –Pero me imagino que al principio no era así… –Las primeras veces no, lógicamente todos nos poníamos a mil, pero con el tiempo las cosas se fueron calmando… hasta hoy. –Yo si estoy súper nerviosa, nene –dijo Mónica mientras jugaba con su pelo. – ¿En serio, Monina? Pero no se te nota para nada. –Es una de las cosas que he aprendido después del s*******o… a disimular. Esteban la abrazó y le dio un pico en los labios. –Yo sé, amor. Pero precisamente ese es el propósito de esto, que el hecho de estar en el grupo te ayude a empezar a olvidar, a concentrarte en nuevas cosas. Mónica le dio un pico en la mejilla. –Tú eres el que me va a hacer olvidar de todo lo malo, pero mientras tanto… creo que tengo derecho a estar muerta del susto por mi primer concierto. –Tienes derecho a lo que tú quieras, mi Monina linda, los nervios en esto son normales, además hoy todos estamos nerviosos. –Consuelo de muchos… consuelo de tontos. –Yo sé, solo lo digo para que no te sientas en desventaja –dijo Esteban con una dulce sonrisa. – ¿Quién se siente en desventaja? –preguntó Arturo que en ese momento llegaba hasta el puesto donde ellos estaban. –Nadie –contestó Mónica con una sonrisa–, todos somos unos aventajados. –Sobre todo tú, Miss Universo –dijo Arturo mostrando toda la dentadura. – ¿Miss Universo? –preguntó Mónica arqueando las cejas. – ¿No sabías? Así es que te dice Rodolfo, el empresario –contestó Arturo. – ¡Uy, qué oso! –dijo Mónica mientras reía. –Sí, es el colmo –dijo Esteban con una sonrisa–, tú eres mucho más linda que cualquier Miss Universo. – ¡Ay, noo!, ahora si me hicieron dar pena ustedes –dijo Mónica. –Bueno, señorita, no más piropos, además lo último que necesitamos hoy es pena –dijo Arturo. –Yo sé, pero como es mi primer concierto, tengo todo el derecho a que me dé pena. –Bueno… pero no mucha –dijo Arturo mientras le ponía una mano en el hombro–, además necesito que me ayudes en una cosa… –En lo que sea, dime no más. –Necesito que reemplaces a Luisa en una canción esta noche. – ¿Cómo así? ¿Ella qué es lo que toca? Porque yo solo la he visto cantando. –Pues por eso… Necesito que cantes. No se sabía si Mónica había abierto más los ojos o la boca. – ¿Yo, cantar?, ¿en mi primer concierto? –Sí, tú, cantar, en tu primer concierto –respondió Arturo. – ¿Y qué pasó con Luisa? –preguntó Esteban. –Está súper ronca, dice que por los cambios de clima… Ni modo de que cante hoy. – ¡Ay, Arturo!, ¡nooo!, ¡qué susto! Yo que venía nerviosa y ahora vienes tú y me pones a mil… –Tranquila, amor, tú tienes toda la capacidad… –dijo Esteban. – ¿Y qué quieres que cante? –preguntó Mónica. –Luisa iba a cantar dos de Gloria Gaynor, pero vamos a dejar solo una… "I will Survive". Mónica se arrodilló sobre su silla. – ¿Tú quieres que yo cante la canción que lleva como mil años de número uno en Colombia y en todo el mundo? –Exactamente –respondió Arturo con su inigualable sonrisa. –Nene, tú me dijiste que este tipo era medio corrido, pero no que se hubiera escapado de Sibaté –dijo Mónica mirando a su novio. –Monina, tú la cantaste súper bien en la audición –dijo Esteban mientras le cogía la mano. –Sí, Mónica, por eso te lo estoy diciendo, y no es que te quiera hacer sufrir, pero no podemos irnos de Cali sin tocar esa canción… y tú eres la única que lo puede hacer, aparte de Luisa –dijo Arturo. – ¿Cómo así? ¿Nadie más la puede cantar? –preguntó Mónica. –No tenemos a nadie más, cuando la estuvimos ensayando hace tres semanas, muchas peladas trataron pero no daban el tono, solo Luisa lo logró –dijo Arturo. –Es verdad, Monina, inclusive Patricia lo intentó pero no dio –intervino Esteban. – ¡Ay, Dios!, regrésame a ese cuarto oscuro… –dijo Mónica mirando hacia arriba. – ¿Cuarto oscuro? –preguntó Arturo mientras miraba a Esteban. –Es solo un chiste, no le pongas cuidado –dijo Esteban con incomodidad. –Está bien, acepto, cuando toca… toca, pero ahora mi pinta no me va a servir… – ¿Y por qué no?, si te ves súper bien así –dijo Arturo. –Patricia me dijo que si uno iba en algún instrumento, o sea en la parte de atrás, podía llevar una pinta… pero que si iba al frente, y le tocaba cantar, tocaba llevar otra pinta –dijo Mónica mientras miraba hacia el asiento en donde estaba Patricia. –No le pongas cuidado a eso, mi Monina, si te ves súper bien así como estás –dijo Esteban mientras la abrazaba. –Además estas sandalias están horribles para estar brincando al frente del escenario –protestó Mónica. –Entonces no brinques tanto –dijo Arturo–, solo concéntrate en tu voz y listo. –Ojalá me pueda concentrar en abrir la boca… –dijo Mónica. –Vas a ver que todo te sale bien, Monina, los vas a dejar boquiabiertos –dijo Esteban en el momento en que el bus hacía su ingreso al coliseo bajo las miradas, chiflidos y aplausos de la gente que se encontraba haciendo fila para entrar al coliseo.
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