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2489 Palabras
26 Esteban y Andrés se encontraban en la habitación que les había sido asignada. El lujo se dejaba ver en todos los detalles: desde la gruesa alfombra, pasando por el mini bar con toda clase de licores, la nevera repleta de refrescos, y la magnífica calidad de las camas. – ¿Sí le vio esas piernas tan divinas a Patricia? –preguntó Andrés, quien sentado al borde de su cama se tomaba una gaseosa. –Yo solo tengo ojos para una mujer –respondió Esteban, quien ya estaba metido debajo de las cobijas y miraba la televisión sin ponerle mucha atención a lo que estaban presentando. –Siii, cómo no… –En serio… pero bueno, digamos que se le reconoce, las tiene bonitas, y con el color perfecto –comentó Esteban. –Ahora sí estoy más llevado que antes, es que es divina –Andrés meneo la cabeza. – ¿Y han vuelto a hablar del tema? –No, le estoy dando tiempito, es que tampoco se le puede rogar. –Si le demuestra mucho interés… la embarra. –Por eso no le he vuelto a tocar el tema, dejarla que piense un poquito –dijo Andrés. –De pronto estos climas tropicales pueden ayudar a la causa, el calorcito hace cambiar a la gente. –Dios lo oiga, porque sería del carajo andar con ella, ya oficialmente digo, durante toda esta gira. –Y si no pues se consigue otra –dijo Esteban con tono burlón. –No, socio, yo estoy muy tragado de mi Pati… es que es divina. –Divinas hay varias en el grupo. –Pero no tanto como ella… bueno, a excepción de su novia que es "Miss Universo". – ¿Y qué me dice de Adriana? –Sí, también, pero como es toda inmamable, eso como que le quita belleza. –Y también está Luisa, esa es otra que está como quiere. –Sabe que a mí me gustaba mucho ella. – ¿Y qué pasó? –preguntó Esteban. –Nada, en esa época ella andaba con Juan Carlos, entonces nada que hacer, y después entró Patricia al grupo y mis sentimientos cambiaron. –Pero ahora creo que anda sola, y Juan Carlos como que tiene a alguien del colegio. –No creo que ande sola, esas viejas tan chuscas siempre tienen una fila de tipos detrás, y Juan Carlos ya terminó con la del colegio –dijo Andrés mientras guardaba su ropa en el armario. –Pues tal vez tenga a muchos detrás, pero creo que no está cuadrada con nadie. –Entonces cáigale –dijo Andrés en tono burlón. – ¿Usted se embobó? –Bueno, bueno, ¿y mañana qué? – ¿Qué de qué? –preguntó Esteban. – ¿Cómo es el plan? –Creo que hay un concierto… –dijo Esteban haciendo una mueca con la boca. –Nooo, no tenía ni idea… Pero en serio, ¿qué vamos a hacer mañana? –Creo que por la mañana ir a conocer el centro de la ciudad, almorzar por ahí, y después de almuerzo creo que toca ir al coliseo a hacer las pruebas de sonido, y supongo que después venir aquí para descansar un poco y alistarnos para la noche. Andrés terminó de guardar la ropa entre el armario y se metió a su cama. –Oiga, y su Monina también se gasta severas piernas, que pena la observación. –Sabe que yo nunca la había visto de falda… –comentó Esteban mientras se paraba de su cama y apagaba el televisor. – ¿En serio?, ¿ustedes cuánto llevan ya? –Tres meses… pero pues como estuvo desaparecida un mes… –Sí, como decía Pati, ese tiempo no cuenta. –Pues contó para sufrir, pero no para gozar –dijo Esteban. –Exacto. –¿Pero si vio que en la piscina ya se la estaban llevando bien? –Menos mal, porque compartiendo cuarto… –Les tocaba volverse amigas a las buenas o a las malas –dijo Esteban. –Oiga, ¿y a Adriana con quién le tocó en el cuarto? –Creo que con Melissa, ¿por qué? –No… por nada… –Usted es bueno para guardar bien los chismes, eso me gusta –dijo Esteban. –Por lo menos no le he contado a nadie lo del s*******o de su novia. –Sí, gracias, es mejor así, ya si ella quiere contarle a alguien del grupo… pues que lo haga. –Y si no lo hace, creo que sería mejor, ya tiene muchas cosas por las que llama la atención, no creo que necesite más –dijo Andrés mientras apagaba la luz de la lámpara. –Tiene toda la razón… ––Y menos mal que entró al grupo –dijo Andrés en medio de la oscuridad. ––Sí, menos mal, si no… yo me hubiera muerto…. Las diez y ocho mil boletas para entrar al concierto de Los Cuarenta que se realizaría en el Coliseo El Pueblo, se habían agotado dos días después de haber salido a la venta. Desde temprano en la mañana, Arturo, Silvia e Ismael, en compañía del empresario, revisaban el montaje del escenario y de los equipos de sonido y luces que deberían estar listos a más tardar al medio día. El resto del grupo se encontraba disfrutando de un tour por el centro de la ciudad, con visitas que incluían la iglesia de la Ermita, el Cristo Rey, la estatua de Nicolás de Federmán y la Capilla de San Antonio. El día era soleado y la temperatura había subido hasta los treinta y dos grados. Esteban y Mónica disfrutaban de la primera salida de Bogotá que hacían juntos, mientras Andrés trataba de agradar a Patricia de todas las formas posibles. Para Adriana, que ya había estado varias veces en Cali, el recorrido turístico resultaba un poco aburridor, y mientras caminaba sola detrás del resto del grupo, su mente se encontraba a varios kilómetros de ahí, dividida en tres pensamientos que no la habían dejado dormir muy bien la noche anterior. No dejaba de recordar la tarde de hace tres días, en la que Sandra había perdido la oportunidad de ingresar al grupo. En el momento en que el nombre de la ganadora había sido anunciado, su amiga la había abrazado fuertemente y el llanto no se había hecho esperar. No se sabía cuál de las dos había derramado más lágrimas, y para sorpresa de los pocos miembros del grupo que las observaban, dado que la mayoría se encontraba felicitando a Mónica, Sandra había sido la primera en reponerse y había terminado consolando a su amiga. Para Adriana, esto había significado una gran derrota. Durante la reunión del comité con Arturo, en donde se había decidido el nombre del reemplazo de Eduardo, la votación había estado muy cerrada. Lógicamente, ella había votado por Sandra, al igual que Sergio, a quien le había fascinado su atuendo tipo rasta. Silvia e Ismael se habían inclinado a favor de Mónica, y había sido a Arturo a quien le había correspondido desempatar la votación. Llegado el momento, Adriana había supuesto de antemano que Arturo se iría con la novia de Esteban, dado que se había dado cuenta de cómo el director, viendo que Mónica no llegaba al estudio, había tratado de prolongar los tiempos de descanso entre las audiciones, dándole así más chance a la última aspirante para que finalmente apareciera, logrando todo esto que la decisión del director del grupo no la tomara por sorpresa, aunque de todas maneras el golpe había sido bastante duro. Así mismo, le estaba quedando difícil sacar a Sandra de su cabeza. Sabía que Esteban le fascinaba, no lo había podido olvidar, pero su linda amiga de cabello largo castaño con mechones rubios y lindos ojos verdes, se había convertido en una atracción casi que imposible de pasar por alto. Sentía miedo de que sus gustos estuviesen cambiando y estaba tratando de llegar al fondo del asunto. Pensaba que posiblemente lo suyo no se trataba de una cuestión de géneros, pues ninguna otra mujer le atraía en lo más mínimo. Creía que tal vez se trataba de algo más profundo o exótico, debido a que únicamente Sandra era la que, a su manera de ver, reunía una serie de cualidades, no solo físicas y mentales, sino también artísticas, las cuales la convertían en alguna especie de ícono susceptible a la admiración de los demás. Y estaba el tema de la novia de Esteban: era consciente del éxito total que había tenido durante la audición. En la votación de todos los miembros había barrido de lejos. Sandra era la que solo había derrotado por escasos tres puntos a Héctor. La niña era una excelente música, era hermosa como lo había confirmado el empresario al referirse a ella como "Miss Universo", a la llegada del grupo al aeropuerto la noche anterior. Y no ayudaba para nada el hecho de que Esteban se veía totalmente feliz en su compañía. La cosa no estaba fácil, y lo peor de todo es que su mente no se cansaba de jugar con ella, y con sus sentimientos. Mónica no dejaba de caminar alrededor de su habitación. Se notaba que estaba nerviosa. Observaba a Patricia, quien se maquillaba frente al espejo del baño; iba hasta la puerta de la habitación, se devolvía, le daba vueltas a la mesa, hasta que finalmente decidió pararse frente al closet. Al abrirlo se quedó mirando la ropa que había llevado para los tres días de estadía en Cali. Había suficiente como para una semana, lo que hacía todavía más difícil su decisión. No sabía si usar falda o pantalón para el concierto, camiseta esqueleto o strapless, pero en todo caso tenía que ser algo que no le diera calor. Se imaginaba que con treinta y nueve músicos a su lado, más el calor de las luces, los amplificadores, y las diez y ocho mil personas del público, tendría que ser algo fresco, pero sobre todo, algo que la hiciera ver bien. Era su primer concierto y quería que todo, empezando por su vestimenta, saliera perfecto. Patricia salió del baño vistiendo el acostumbrado atuendo que solía ponerse para los conciertos. Se trataba de una blusa verde clara de manga sisa, y unos knickers color beige. Mónica la volteó a mirar y le sonrió a manera de aprobación, y siguió mirando hacia el interior del closet pensando en qué se iba a poner. –Yo no sé qué ponerme –le dijo a Patricia mientras se echaba para atrás y se sentaba en el borde de la cama. Patricia, arreglando el desorden que había dejado en el baño dijo: –Algo que no te acalore. Mónica echó la cabeza y la espalda hacia atrás y se quedó mirando al techo. –Eso ya lo sé… – ¿Al fin que vas a tocar esta noche? –le preguntó Patricia desde la puerta del baño. –El piano. –Ve, yo pensaba que ibas a tocar el cencerro –bromeó la rubia. –No, eso se lo dejamos a mi nene –respondió Mónica con una leve sonrisa. –Bueno, barbie mediterránea, ponte pilas que nos toca bajar en veinte minutos. – Pero ¿qué me pongo? –Por eso te pregunto: ¿qué vas a tocar? – ¿No te estoy diciendo que el piano? –dijo Mónica abriendo los ojos lo que más podía. – ¡Ay, estas principiantes! –dijo Patricia acercándose al closet a mirar la ropa de su amiga. –Perdóname –dijo Mónica con expresión triste en los ojos. Patricia le sonrió y se sentó junto a ella. –Mira, lo que quiero decir es que… en qué canciones vas a participar, ¿qué te dijo Arturo al respecto? Mónica soltó una pequeña risa. – ¡Ah!, ya entiendo… en tres de salsa, y cuatro de rock y disco. – ¿Y vas a cantar algo? –No, me dijo que para Medellín si me pone a cantar, pero que para este no, ¿pero eso qué tiene que ver con mi pinta? –Por los estilos… Si vas a estar adelante y cantando, debes llevar una cosa, pero si vas más atrás, en algún instrumento, debes llevar otra –dijo Patricia mientras se ponía de pie y empezaba a mirar la ropa que Mónica tenía en el closet. – ¿Y entonces qué me pongo? Patricia agarró un pantalón estilo capri de color blanco. –Este te queda bien para hoy, por lo que es recortado y solo te llega hasta la espinilla… lo digo por el calor que va a hacer. – ¿Y de top qué piensas? Patricia miró las opciones de blusas al detalle y medio minuto después sacó una y la extendió sobre la cama de Mónica. –Esta strapless te quedaría bien. Mónica la miró y la puso al lado del pantalón. –Negro con blanco… me parece bien. –Entonces cámbiate rápido porque tenemos que bajar en quince minutos –dijo Patricia mientras se recostaba en su cama. Sin perder tiempo, Mónica se puso su pinta y frente al espejo del baño se empezó a aplicar un poco de maquillaje. –Patica, tengo nervios… – ¿Por ser tu primer concierto o alguna otra razón? –le preguntó Patricia mientras ojeaba un folleto turístico de la ciudad. –Es que mi máxima presentación con público fue en la audición, de resto solo cuando toco el piano o el arpa en frente de mi familia y mis tías en las novenas de navidad… y estamos hablando máximo de quince personas. –Bueno, tranquila que aquí no van a ser quince, van a ser más de quince mil –dijo Patricia levantándose de su cama y acercándose a la puerta del baño. –Eso no ayuda para nada –dijo Mónica mientras estiraba los labios y se aplicaba un poco de labial. Patricia se paró al lado de Mónica y al mirarse al espejo vio reflejado su rostro al lado del de su compañera. Si la nueva integrante del grupo era como "Miss Universo", ella perfectamente podría ser la virreina del concurso. –No te preocupes tanto, tienes que tomarla suave, si algo no va bien, Arturo inmediatamente te va a reemplazar. –Pero eso es lo que no quiero –dijo Mónica con cara de angustia. –Mira, barbie mediterránea, preocúpate en serio cuando te pongan a cantar, eso sí te puede poner grave, pero solo por tocar un instrumento… no vale la pena que te pongas así –dijo Patricia mientras se arreglaba una de las pestañas. –Entonces tengo una semana para prepararme psicológicamente, porque según Arturo, en Medellín si me va a tocar cantar –dijo Mónica mientras se cepillaba el pelo. –Por ahora no pienses en eso, solo concéntrate en el piano, tú tienes toda la capacidad para… no embarrarla esta noche.
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