CAPÍTULO CINCO Al atardecer del día siguiente, crucé al estado de Nevada y tomé la primera salida que encontré antes de dirigirme a uno de esos moteles sin nombre. Conducir durante más de veintisiete horas hizo que mi pierna volviese a palpitar, incluso si no quedaban ya más que horribles cicatrices donde me mordió el vampiro. Para colmo, un leve dolor de cabeza había empezado unos kilómetros atrás. Además, estaba preocupada por un fuerte chirrido proveniente del viejo motor de Thunder. Aparqué frente a la oficina de inscripciones, saqué mi peluca y mis lentillas. No quería que me reconocieran si Logan me seguía y daba mi descripción. Pagué en efectivo por la habitación al recepcionista que estaba detrás de un sencillo escritorio. Un tipo blanco barrigudo de mediana edad con el pelo grasi

