—¿Esta lista para esto? — pregunto Callaghan con delicadeza.
Betty observó a su hermano de golpe, se distrajo por unos segundos, mientras contaba las migajas de pan que se encontraban sobre la isla de la cocina, donde acababan de tener su cena, estaba llena de dudas, pero tenía ser valiente y enfrentarse a ellas con la cara en alto.
La noche anterior, Betty tuvo una franca charla con su hermano, explicándole la situación en la que se encontraba con Asher, como su relación iba en picada.
—Supongo. — dijo ella, se mordió una uña nerviosa, el pelirrojo pasaría a por la rubia dentro de diez minutos, luego de algunos mensajes intercambiados a través de sus teléfonos celulares, llegaron al acuerdo, que lo mejor era hablar en terreno neutral.
Daría una vuelta por el pueblo, se sentarían en un banco de la plaza principal, esperando ponerle puntos sobre las íes.
—Sin importar lo que suceda, tienes que pensar en tu felicidad, en tu propio camino Betty. — le aconsejo su amoroso hermano.
—Imagine que me dirías, no le rompas el corazón a mi amigo. — bromeo ella, con una triste sonrisa tiñendo sus labios.
—Por favor, si alguien le romperá el corazón al otro, será él, y no te preocupes, lo mataré por ello. — él le guiño un ojo, se puso de pie y camino hasta el refrigerador, saco un trozo de pastel de chocolate, al parecer, estaba lidiando su duelo, comiéndose cientos de dulces, hechos por él.
—Oye Cal.— llamo ella, un tanto animada. — he estado pensando, si Asher decide no irse conmigo a Royk…— ella hizo una pausa, organizando las palabras en su mente. — quizás tú podrías tomar el otro boleto de avión, tomarte unas vacaciones a mi lado, después de todo el tío también regresa a la capital, y sinceramente no me gustaría dejarte solo.
El rubio camino con un envase en las manos, se sentó frente a su hermana, no le respondió de inmediato ni siquiera la observaba, quizás perdido en sus propios pensamientos, finalmente dejo ir una cansada exhalación.
—Me parece una buena idea, puedo pedir vacaciones, y cambiar de aires.— el abandono su dulce sobre la mesa.— después de todo, esta casa se encuentra llena de su memoria.— su mirada se perdió en algún punto de la cocina, que de seguro le removía los recuerdos.— en ocasiones siento que voy a dejar de respirar si continuo observando las paredes de esta casa.
Sintió pena por él, amaba a Víctor, y ahora se había ido, sin dejar rastros, más que los recuerdos que se desvanecerían con el tiempo, por encima de la mesa busco sus manos, las apretó entre las de ella, le dedico una mueca de comprensión a su hermano, y este lo agradeció con un ligero asentimiento.
Entonces, el claxon del auto de Asher, llamo su atención, ella brincó de su asiento y se despidió de su familia, Cesar permanecía en la sala de estar, la acompaño hasta la puerta, poniéndola de un humor de perros, su relación no se encontraba en la mejor posición, seguía sin perdonarlo, honestamente le obstinaba su presencia, estaba penando por sus transgresiones, pero le costaba comprender que su sobrina necesitaba algo de espacio.
Mientras ella recorría el camino fuera de su porche, él se quedó apoyado del marco de la puerta, fusilando al joven muchacho con una fierra mirada, lanzándole una silenciosa advertencia, si la lastimas te la verás conmigo.
Cuando Betty coloco la vista sobre Asher su corazón perdió un salto, la boca se le secó, un mal presentimiento se sembró en su pecho, este sería el adiós, lo sospechaba a pesar de que no deseaba creerlo.
Él la observo con algo de tristeza y culpa, al estar al frente del otro, se dieron un incómodo abrazo, no si dirigieron palabras algunas, porque Cesar seguía observándolos. Asher le abrió la puerta del auto, y la ayudo a entrar, entonces antes de cerrarla, acaricio una de sus mejillas con ternura, con expectación, la atmosfera entre ambos se cargaba de abatimiento.
Luego de la caricia, él cerró la puerta y se dirigió al asiento del piloto, por unos minutos ninguno de los dos se atrevió a iniciar una conversación, entonces sus miradas se cruzaron, chispas brotaron de sus ojos.
—Hola. — dijo él, cohibido.
—Hola. — respondió ella un poco divertida, pero cautelosa.
—Me has hecho falta este par de días. — confeso Asher.
—Yo estaba demasiado ocupada quitándome la resaca. — bromeó con él.
—Al menos me consuela que no fui el único. — se sonrió, lo que aliviano el ambiente.
Mantuvieron una ligera conversación hasta llegar a la famosa plaza, la estructura se hallaba justo en medio de todo el pueblo, dándole acceso a muchos de los establecimientos principales del centro de la ciudad.
Abandonaron el auto, caminando en silencio por los pasillos de la placeta, muy pocas personas se encontraban dispersas en esa tranquila noche. Betty tembló un poco gracias al frío, Asher como todo un caballero se quitó su chaqueta y la coloco sobre los hombros de la mujer, ella lo agradeció.
Luego de caminar unos metros más, se encontraron bajo su farol favorito, ella recordó la letra de una canción, una frase en particular que rezaba, “Al farolito juro me quede pegado”, pues ellos dos parecían vivir momentos transcendentales de su relación, bajo el mismo poste de luz, negó con la cabeza, tratando de apagar los sentimientos negativos que la acechaban.
El pelirrojo camino hacia un banco, su luz favorita rozaba la superficie, la rubia se quedó de pie, abrazada a la chaqueta que descansaba sobre sus hombros, deseaba moverse de allí, no quería teñir ese punto tan especial, con malos recuerdos.
—No. — dijo en susurro, Asher enarco una ceja, confuso por sus palabras. — no quiero terminar contigo bajo el mismo farol en que nos dimos nuestro primer beso. — confeso.
—¿Vas a terminar conmigo? — pregunto incrédulo.
—Solo si me obligas a hacerlo.
Asher dejo ir un cansado suspiro, mientras negaba con su cabeza, se puso de pie, camino unos cuantos metros más abajo, con ella pegada a su sombra, finalmente se sentaron en una mesa de piedra, uno frente al otro, listos para encarar su destino, para hablar y resolver las cosas, si eso era posible.