La madre que como todas las madres siempre tienen recursos para todo, trajo una caja grande de cartón, que tenía aplastada en un rincón, la armó, un poco alejada de donde teníamos nosotros que trabajar, pero desde donde el niño nos vería bien, y metió al peque, y le dijo: ―Mira aquí desde tu casita cómo esos señores están jugando. Él quietecito se sentó, y allí estuvo no sé cuánto tiempo, mirándonos como nos movíamos de aquí para allá haciendo cosas y él tan tranquilo calladito, tanto que en un momento se debió de aburrir y se quedó dormido. Cuando nos dimos cuenta llamamos a su madre para que se lo llevase y nos dijo: ―No, si aquí está bien ―Y se marchó, pero al instante vino y con una vieja toalla y lo tapó. La caja le sirvió de cuna, quizás era su cuna, porque dentro no habíamos vis

