Capítulo 8

1034 Palabras
Son las siete de la mañana, miro la hora y suspiro, cuando intento escribirle para decirle que ya estoy en el hotel, un hombre se me acerca y me conduce hacia los ascensores. Paso saliva y me dejo guiar, miro mi reflejo en el espejo y acomodo mi cabello detrás de la oreja por instinto, suspiró de nuevo cuando se abre el ascensor. El hombre abre la misma habitación del día anterior para mí, esta vez Giacomo está sentado de espaldas a la puerta mirando la vista de la ciudad. —Buenos días, Giacomo —digo con voz firme. Él no responde ni se gira, me acerco y el hombre que me acompañó nos deja solos. —Deberíamos encontrarnos en otro lugar, parece que somos amantes. —Es la idea, no puedo darme el lujo de que me traiciones, con esta versión de los hechos cualquier cosa que digas será por despecho. —Excelente forma de convencerme de hacer esto contigo. —Estás aquí, asumo que ya tomaste una decisión —responde. Sigue sin mirarme. —Tu oferta es bastante escueta, aún no entiendo que debo hacer yo, aún no sé qué pretendes. —Soy un hombre práctico, ya te dije, todo lo que necesito, ya lo tengo, solo necesito que digas que sí. —¿Que diga que sí a qué? —Serás poderosa. —Me estoy cansando de esto, no tengo paciencia, muero por explotar en contra de mi marido. —Necesito que Claudio descubra que le eres infiel conmigo, al menos que lo crea. —¿Qué? ¿Por qué haría eso? Es él quien me engaña. Yo a ti ni te había visto. —Te irás sin nada, pero yo te voy a compensar. —¿Qué? ¿Así es que es cómo me harás poderosa? Es absurdo. —Quiero a mi hermano humillado por haber sido engañado por su mujer conmigo, quiero que mueva a sus abogados para divorciarse. —Para eso le pido el divorcio, yo por infiel. —No te dará el divorcio por el hecho de que lo descubrieras. —Tengo las fotos. —Él es poderoso, parece que no has entendido nada. —Creí que me pedirías espiar sus negocios o algo así. Sonríe de medio lado y niega con la cabeza. —Solo eres su esposa, a ti no te involucra en esos asuntos y no los entenderías, a la otra sí, con ella habla de negocios. Alzo el rostro para darme valor, me duele lo que dice, para él ella es más importante en su vida que yo. Por un segundo quiero hacerle creer que de verdad lo engaño, pero es un absurdo. —Parece que sabes mucho sobre ella y que sería más útil para ti que yo, mejor úsala a ella. Yo me voy. Camino hacia la puerta de salida. —Podemos ser aliados, igual haré que quedes como una esposa infiel sin tu consentimiento, Isabella, deberías aceptar la protección que te ofrezco, al final recuperarás todo, nunca le firmaras el divorcio y después de mis jugadas podrás quedarte con la mitad de su fortuna y si movemos bien las piezas podrías dejarlo sin nada. —Nunca me ha interesado el dinero, lo dejaré y me iré lejos. —¿Quién no quiere mil millones de dólares? —Yo, si nos has espiado, sabes qué clase de vida llevo, una sencilla aún en medio de los lujos en los que vivo con él. —Isabella, no has entendido nada, haré esto contigo o sin ti. —¿Para qué la paciencia? Creí que sola no podría enfrentarlo, según dijiste. —La paciencia es para soportar su reacción ante tu infidelidad, la paciencia es para esperar que él actúe como estoy esperando que lo haga y esperar a qué yo le demuestre que no le fuiste infiel, que fue mi trampa y que cayó en ella. —Había entendido que eras inteligente. Igual será traición haberme puesto de acuerdo contigo para engañarlo con mi supuesta infidelidad. —La que no es muy inteligente, eres tú —dice, se levanta y se para frente a mí mirándome de forma intensa con sus ojos claros, es intimidante, paso saliva. —Me voy, haz lo que quieras, no participaré de ese absurdo que solo me perjudica. —Por ahora te perjudicará, pero saldrás vencedora. Sola no puedes enfrentarlo, sola no puedes contra él. —Ya sé las consecuencias de dejarlo, seré nadie y perderé todo, estoy dispuesta, me iré lejos, si tengo que irme lejos, yo no quiero saber nada más de esto. Camino hacia la puerta de la habitación de nuevo, él toma mi antebrazo con fuerza, mi corazón se paraliza. —Ahora mismo nos están tomando fotos, y estás, pueden ser las imágenes perfectas de una ruptura, las voy a usar, Isabella contigo o sin ti. No has entendido que estás en este juego, quieras o no, así que está bien, vete, no puedes reclamarme luego las consecuencias, te ofrecí mi protección. —No la quiero —respondo firme mirándolo a los ojos. —Bien, no serás mi responsabilidad. Estás sola. —Y no tengo miedo ni necesidad de involucrarme en cosas retorcidas con un desconocido. Niega y regresa la vista a la ciudad. —Entiendo por qué prefiere a la otra, no eres una mujer inteligente, solo bonita. Ignoro la punzada de dolor en mi pecho, me duele que diga que él prefiere a Patricia, esta vez las lágrimas recorren mis mejillas sin poder evitar que salgan. Me las limpio y salgo del lugar. Decido ir a trabajar, no puedo darme el lujo de perder ese trabajo, cuando me divorcie será todo lo que me quede. Antes de poner en marcha el auto recuerdo las palabras de Giacomo sobre como es que Claudio prefiere a Patricia porque es inteligente y sabe de negocios, me entrego a un llanto desconsolado rumiando sus palabras. Cuando logro calmarme me dirijo a la oficina, podré controlar mi llanto por un momento, pero el dolor que se me ha instalado en el pecho sé que no será fácil de superar. Sé también que hice lo correcto, yo no quiero venganza, yo quiero irme lejos y olvidar todo.
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