No quiero irme.

2144 Palabras

Alan y Amelia estaban extasiados por la vista, se encontraban inmersos en un paisaje casi irreal. La altura les ofrecía una perspectiva única, las nubes que solían ver tan lejos desde abajo ahora parecían flotar bajo sus pies, extendiéndose como un mar de algodón. Ambos alargaron las manos, casi como si intentaran tocarlas, sintiendo el frío de la montaña envolviéndolos con una pureza inigualable. ‍‍‍‍‍ Frente a ellos se erguía el majestuoso Pico Bolívar, una obra de la naturaleza que se alzaba como un gigante en soledad, sus cumbres nevadas destellando bajo el sol como diamantes dispersos. ‍‍‍‍‍ Amelia, con los ojos entreabiertos por la luz brillante, sintió cómo el paisaje le hablaba de eternidad y fragilidad, recordándole que algunos momentos, como aquel, eran tan fugaces como precios

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