Acto 2. El guardián y la princesa.

5000 Palabras
Habían pasado dos años desde el vespertino encuentro entre Ezra y su padre, Lucas. A quien todos conocían ahora como el rey plateado. La encarnación del dominio, y el hombre que debía derrocar al dragón todo poderoso Primal. El más fuerte de los dragones del equilibrio. En el transcurso de estos dos años, a todos los hombres de la manada Sunfangs Savage se les explicó lo que había sucedido y se les habló respecto a Ezra. Dándoles a entender que el muchacho era el hijo de uno de los siete reyes de la profecía, la cual estaba cerca de cumplirse. Faltaba muy poco y la estadía de Ezra en la manada, era una señal clara de ello. Él por su parte aun tenía más de la mitad de su poder sellado, pero ahora todos sabían que era incluso más poderoso que el Alfa. Las manadas que habitaban Rumania ya le guardaban cierto respeto y se había hecho una reputación, aunque todos cuidaron que esto no se conociera fuera de las manadas porque él mismo había advertido sobre un vampiro que presumía ser tan fuerte como un Güiverno. A todas estas, nadie conocía realmente el verdadero poder de Ezra y todavía había algunos imbéciles que querían hacer de las suyas y secuestrar a la princesa lunar. La hermosa Arya, quien se había convertido en una hermosa señorita de catorce años. Ezra seguía teniendo, por ende, la tarea de cuidar de ella y protegerla de cualquier peligro. Ese era su rol en la manada, y lejos de ser el más querido, era odiado por aquellos que querían pretender a la muchacha, porque siempre estaba pegado a ella y no permitía que nadie se le acercara. Esto más que nada sucedía entre los más jóvenes de la manada, ya que todos los adultos sabían realmente cual era el verdadero poder y propósito de Ezra. Esto se había dado a conocer a los adultos justo después de aquella primera aparición por parte de Lucas, ya que tuvieron que explicar que era lo que estaba sucediendo. Finalmente, solo los adultos habían podido escuchar las palabras del rey plateado cuando este se refirió a su propio hijo como “la brújula para hallar al rey dorado” y no solo eso, sino que también habló de la inmensa fuerza que poseía pese a ser tan joven, llegando a ser tan fuerte como un Güiverno. Dicho esto, ahora Ezra y Arya eran mucho más cercanos que antes. Ella ya tenía catorce y había estado creciendo, convirtiéndose en una hermosa señorita. Mucho más hermosa de lo que ya era aun desde pequeña. Ezra por su parte ya la había alcanzado en estatura, e incluso estaba a punto de superarla. El crecía a un ritmo bastante anormal, y para cuando tuviera dieciséis ya se habría desarrollado en su totalidad como un hombre hecho y derecho. Su naturaleza volátil no había cambiado demasiado, pero tampoco tenía motivos para perder el control, ya que pese a lo que pudiera haber imaginado sobre la dificultad que representaría su tarea de cuidar de la princesa, en realidad no había mucho problema con ello. En dos años no habían tenido ningún tipo de inconveniente con respecto a la seguridad de Arya. Esto no se sabe si era a causa de Ezra o de cualquier otra cosa, pero era algo muy positivo. - Ezra… ¡Concéntrate! – Exigió su padre, quien ahora podía tomar forma física y mantenerla por un poco más de cuatro horas. Todo este tiempo lo usaba para entrenar personalmente a su hijo – no sé a donde estás mirando, pero te necesito enfocado en mí. - Ah… si, lo siento papá – le dijo Ezra – lo lamento, es que… he estado pensando y hay algo que me preocupa… - ¿Se trata de Arya no? – Preguntó su padre mientras Rebecca los observaba desde la distancia, sentada bajo la sombra de un enorme árbol, con su espalda recargada al tronco robusto y con un aroma agradable a madera de la mejor calidad. Nunca había olfateado un aroma a madera como este, ni siquiera en su mundo. - Todo ha estado demasiado tranquilo desde que nos deshicimos del Alfa Jonathan – dijo Ezra – me resulta muy extraño, puedo estar casi seguro que no es posible que él sea el único que quisiera atentar contra Arya… - En eso tienes razón – le dijo Lucas – es por eso que debes seguir entrenando… los he estado vigilando y ciertamente hay algunas manadas que aun conservan su renuencia hacia los Sunfangs, más que nada porque quieren a Arya… entre ellos está la manada del Alfa Jonathan… su hijo es el nuevo líder de la manada. - ¿El hijo del Alfa Jonathan? – Cuestionó Ezra sorprendido. - Su nombre es Anthony… lo he estado vigilando – dijo su padre y Ezra lo miró sorprendido – no he podido comprobarlo, pero tengo la sospecha que está trabajando con la iglesia. Si ese es el caso, es muy probable que les haya hablado de ti, aunque no tiene mucha información como para perjudicarnos, pero sigue siendo un riesgo… es por eso que te necesito concentrado. - Entendido padre… no más distracciones – dijo Ezra – ahora… ¿En qué estábamos? - Te enseñaré a magnificar el poder de tu don más fuerte… te enseñaré a amplificar tu control sobre la gravedad. - ¿Qué tengo que hacer? - Lo primero que debes hacer es visualizar. Esa es la clave de cada uno de los dones que poseemos… todos los dones de los siete reyes funcionan de la misma manera. Para aprender a controlarlos debes visualizar lo que se supone que hace tu don. Debes darle una forma… en tu caso eso será sencillo… ¿Te has preguntado alguna vez por qué tus ojos son de color plateado, igual que tu lobo, cuando están brillando? – Ezra asintió algo confundido y su padre asintió – básicamente se debe a que es el color de tu aura… el aura toma un color distintivo que corresponde en esencia a la forma del alma. Este color varía según la forma de cada alma en diferentes colores que siempre tienen alguna relación con los dones de sangre, los cuales van ligados directamente al alma… el color de tu alma es plateado, porque tu don principal es el dominio de la gravedad. Así que, en busca de un color neutral pero poderoso, tu aura ha tomado esa tonalidad plateada… lo primero que tienes que hacer es ver la corriente de aire del mismo color de tu aura, que representa la gravedad de la tierra. Podrás verla con tus ojos, pero no es algo que logres observar a simple vista, requiere que tu mismo le des forma… para eso voy a ayudarte. La forma en que debes visualizarlo, es como una capa muy delgada que flota en el aire sobre ti. Eso vendría siendo el campo gravitacional de la tierra y es lo que tú tienes que controlar. Tal y como su padre le había dicho, Ezra hizo brillar sus ojos y comenzó a visualizar un campo gravitacional sobre su cabeza, con la forma de una delgada capa que daba la sensación de ser un campo de fuerza protector. Al cabo de unos minutos consiguió visualizarlo correctamente y justo en ese momento Lucas sonrió porque él también podía verlo. - Lo veo – dijo Ezra, lo puedo ver… - Eso es… lo captaste rápido… ahora tendrás que tomar energía de ese campo gravitacional como si fueras una aspiradora. Esto lo harás de manera natural. Tus manos están conectadas al campo gravitacional como si se tratase de magnetismo y en cuanto las levantes hacia cualquier punto de él, verás como si muchos hilos de energía se entrelazaran con tus dedos para permitirte tirar de él. Lo interesante de este don es que puedes moldear ese campo gravitacional a tu antojo, manipulándolo para convertirlo en una defensa absoluta, o bien en una ofensiva destructiva que fácilmente podría destruir un país entero sin siquiera moverte más que tan solo unos cuantos centímetros. Pero por la complejidad de este don tan poderoso, por ahora solo podrás moldear pequeñas partes de ese campo gravitacional para hacerlas tuyas. Inténtalo, quiero que pruebes a treparme bajo un domo de gravedad que me impida moverme. Ezra rápidamente hizo lo que su padre le había indicado y comenzó a visualizar los pequeños hilos de energía que se trenzaban entre sí y luego se entrelazaban con sus dedos, entonces consiguió manipular el campo gravitacional, pero le tomó casi todo el día poder manipularlo hasta crear un domo gravitacional sobre su padre para inmovilizarlo, y aun así no era suficiente. Pese a que el domo gravitacional estaba sobre Lucas, él aun podía moverse casi con entera libertad. - No te preocupes, no pretendo que lo domines de una vez… mientras el domo esté sobre mí, solo quiere decir que estoy bajo tus dominios, pero para inmovilizarme, debes hacer el esfuerzo de compactar el campo gravitacional contra el suelo. Al principio esto será prácticamente imposible, porque para ello tendrías que ejercer una fuerza mayor a la mía. Yo resistiré fácilmente tu dominio sobre el campo gravitacional y mi propia fuerza y peso me permitirán evitar que compactes la gravedad contra el suelo para dejarme inmóvil… debes saber que, entre más presiones con el campo gravitacional, más fuerte será la inmovilización, pero lograr compactarlo por completo te será imposible con la fuerza que tienes ahora. Este poder tiene una gran desventaja, y es que requiere de un enorme esfuerzo físico porque, imagínate que el campo gravitacional sobre nosotros, es en realidad un manto de una tela muy pesada, que puede llegar a pesar millones de toneladas, y eres tu quien tiene que empujar esa tela hacia abajo para poder inmovilizarme, ya que el manto permanece suspendido en el aire de manera voluntaria y cambiará de posición únicamente a través de la fuerza. Lo que significa que, al principio, el peso del campo gravitacional será tanto, que no podrás moverlo tan fácilmente, pero una vez que te acostumbres, podrás incluso imbuir todo tu cuerpo con el campo gravitacional a tu antojo, bien sea para volverte tan ligero como una hoja de un árbol, o tan pesado como la gran masa de agua de un tsunami. Así, aquel día de entrenamiento se había ido en menos de lo que Ezra jamás hubiera imaginado. Ni siquiera había tomado las cuatro horas y poco más del tiempo que Lucas tenía en su forma física, ya que el pequeño de doce años ya estaba demasiado agotado como para continuar. Sus manos estaban sobre el suelo y todo su cuerpo estaba repleto de sudor. Sus ojos perdían claridad y su visión perdía nitidez, convirtiéndose todo en un borrón que apenas si alcanzaba a entender. Había hecho demasiada fuerza. Mucha más de la que estaba acostumbrado, pero esto era porque estaba entrenando con su poder sellado. Sus padres querían que aprendiera a controlar el campo gravitacional con su poder sellado, para que supiera qué cantidad de poder debía usar al momento de poner en practica su don de sangre más poderoso. Ya que, de lo contrario, nunca tendría dominio sobre la cantidad de poder usada y esto terminaría provocando que se quedara sin energías, como en este momento. Eso era una clara desventaja para él, ya que, como su madre le había explicado años atrás, usar más poder del que su restricción le permite, lo dejaría agotado al nivel de quedar en coma. Esto porque, pese a tener el setenta y cinco por ciento de su poder restringido por el anillo, aun así, podía acceder a ese poder sin sacarse el anillo. Al cabo de unos minutos, el sol se había ocultado bajo una nube y entonces su padre se sentó en el pasto verde y cubierto de una enorme frescura, para relajarse en medio de aquel claro en el que se hallaban. Miró a su hijo con una sonrisa y le lanzó lo que parecía ser una manzana. Ezra apenas si podía ver lo que su padre estaba haciendo, y apenas si fue capaz de reaccionar a tiempo para atrapar la manzana. Entonces miró la fruta, la cual era un poco extraña y luego miró a su padre quien le estaba sonriendo y asintiéndole para que comiera la manzana. Así que, él no esperó más para darle una mordida y luego del primer bocado, encontró no solo que la manzana era increíblemente deliciosa, sino también que tenía propiedades energizantes, ya que le había devuelto toda la energía que había gastado hasta el momento tratando de dominar el campo gravitacional. - Pero… ¿Qué es esto? – Cuestionó el muchacho muy confundido cuando finalmente se dio cuenta que aquella no era una manzana normal. Le quedaba tan solo un trozo de la manzana y aun así podía ver claramente que la cascara tenía un color un poco más rojo de lo normal, y también tenía una especie de aros pequeños y grandes, unos dentro de otros, de color amarillo. - Es una manzana de Valoran – dijo Lucas – son originarias del mundo místico. Crecen en arboles como aquel, debajo del cual está sentada tu madre – señaló con una sonrisa – el árbol fue nombrado Valoran por los dragones y fue bendecido con una fruta especial que puede hacer que recuperes tus fuerzas con tan solo comer una. Esta fruta conocida como manzana de Valoran, existe en el mundo místico para que la mayoría de las especies carnívoras puedan subsistir sin tener que cazar. Se trata de una fuente de alimentación rica en nutrientes y vitaminas que ayudan a mantener el cuerpo en una condición lo bastante buena para la batalla… de alguna manera los dragones la dieron como regalo a los mestizos para que pudieran sobrevivir en el caótico mundo místico cuando aun no se habían separado las dimensiones, aunque claro, todo esto no era más que otra de las artimañas sádicas y perturbadas de esos asquerosos dragones para deshacerse de la humanidad a través de una guerra en la que ellos fingían estar a favor nuestro, pero en realidad siempre estuvieron a favor de Wyrm. - Las manzanas de Valoran son muy poderosas, pero solo tiene efecto en un ambiente repleto de energía mística, ya que, si se vieran expuestas a un ambiente con una energía mística nula, entonces se pudrirían fácilmente antes que pudieras comerlas – explicó su madre – por eso es absolutamente necesario que aprendas a dominar este poder así, para que no tengas que depender de ellas, ya que fuera de este lugar no podrás comer ninguna. - Te esperan muchas pruebas que deberás afrontar hijo y cada una será más peligrosa que la otra – le dijo Lucas. - Lo sé… estaré listo para afrontar cada una, te lo prometo papá – le respondió el muchacho lleno de una convicción que hizo sentir orgulloso a Lucas. Si había algo en lo que claramente se diferenciaban Lucas y Ezra, era que su hijo tenía mucha mayor confianza y convicción de la que él tuvo jamás a su edad. Para sus cortos doce años, Ezra era incluso más valiente que su padre cuando tenía diecinueve, justo cuando atravesaba la época de su vida en la que era un peligro para todos. Porque en ese momento de su vida, Lucas permanecía bajo el miedo constante de matar a alguno de sus seres queridos debido su incapacidad para controlar sus poderes y sobre todo debido a aquella profecía sobre la muerte de uno de los mentores, bajo sus propias garras. Pero Ezra, sabía lo que le deparaba el destino y aun así estaba dispuesto a seguir hacia delante, sin miedo, sin distracciones, sin la incertidumbre para dudar si algún día podría dominar aquel poder y evitar su trágico destino. Él solo estaba más que dispuesto a cumplir con su tarea, aunque eso implicara la muerte. Y pese a ser una de las cosas que más le preocupaban a su madre, nada podían hacer ni ella, ni Lucas. Porque a fin de cuentas esta era su decisión. Era el camino que había decidido tomar desde el momento en que decidieron encomendarle la tarea que ahora tiene y él decidió aceptar con todo el gusto del mundo. Más que nada porque representaba una oportunidad de convertirse ene se guerrero que siempre había soñado ser desde que tenía uso de razón y memoria. Desde esos momentos en los que a sus cortos cuatro años ya tenía peleas contra sus primos mayores que él por casi dos años. Ezra y su padre continuaron entrenando para dominar el campo gravitacional por otras tres horas. Estaba comenzando el atardecer y el tiempo de Lucas en su forma física se había acabado. Era hora de volver a su forma espiritual y seguir viajando entre las dimensiones, buscando al cuarto rey. La encarnación del rayo. Entonces, después de haberse despedido tan solo por ese día, Becca y Ezra salieron del bosque sagrado para regresar a la mansión de la manada Sunfangs, en donde los esperaba un gran banquete. Había una reunión bastante importante al parecer. Algunos Alfas de otras manadas estaban en la mansión para aquel banquete y Ezra y su madre apenas si se enteraban de ello. Así que subieron a darse una ducha y cambiarse rápidamente para estar presentables delante de los Alfas y sus Betas, que además eran acompañados por algunos miembros de sus manadas. Ezra notó enseguida que todos los presentes eran lobos bastante fuertes. No lo suficiente como para representar un reto contra él, pero si eran bastante poderosos. Sin embargo, había algo que llamó su atención y la de su madre casi de inmediato. Había tres Alfas presentes que ellos no conocían. O al menos Ezra no. Uno de ellos era el ya mencionado con anterioridad, hijo del Alfa Jonathan. El nuevo Alfa de los Colmillos de la luna creciente. Anthony Rasghul. Los otros dos, no tenían ni la menor idea de quienes eran, pero Ezra se dio cuenta enseguida que se trataba de hombres bastante fuertes. Entonces apareció Arya con un hermoso vestido blanco con motas negras y un peinado muy bonito que hacía juego a la perfección con el rubor natural de sus mejillas la blanquecina tez de la muchacha. Ella lo atrapó aferrándose a su brazo con alegría porque hacía varios días que no se veían, pese a que él era su guardián. Ella había estado de viaje con su padre el Beta de la manada, y por supuesto a Ezra no le convenía irse de viaje durante su entrenamiento, así que decidió quedarse, sabiendo que mientras estuviera con su padre y Alter, ella no correría ningún peligro. Lo abrazó con mucha emoción y restregó cariñosamente su mejilla a la de Ezra mientras tenía una increíble sonrisa en su bonito rostro. Él estaba algo aturdido por sus acciones, pero no pudo hacer otra cosa que sonreír, alegre por verla después de varios días, y divertido por la actitud tan pegajosa que tenía la muchacha, la que era dos años mayor que él y aun así la igualaba en estatura hasta casi superarla fácilmente. -  Pero… ¡¿qué tenemos aquí?! – Dijo con mucha emoción y Ezra la miró algo sorprendido – nuestro dulce y fuerte guardián… parece que conforme pasan los días y no te veo por tan solo dos de ellos, cambias demasiado… no es justo. Cada día te acercas más a dejar de ser un dulce y tierno niño, para convertirte en un fuerte y guapo joven que atraerá las miradas de todas las muchachas y pronto te alejarán de mi – Ezra comienza a reírse suavemente y la mira con reproche. - ¿Qué tonterías estás diciendo Arya? – Le cuestiona con una sonrisa divertida – en primer lugar, ya tengo a mi Luna, y, en segundo lugar, aunque no fuera así, sería imposible que me acaparen otras niñas, sobre todo cuando tu eres la verdadera acaparadora aquí – ella dejó salir un grito ahogado de indignación y sorpresa. - ¿Qué estás queriendo decir? – Replicó haciéndose la ofendida. - Que siempre estás pegada encima de mi y todos los días acaparas mi atención, como si no fuera suficiente con que yo sea tu guardián… la verdad es que te aprovechas de este hecho – le dijo riéndose y ella le hizo un puchero, molesta. - Eso no es cierto… me gusta pasar tiempo contigo, y aprovecho que eres mi guardián ¿Eso qué tiene de malo? - Nunca dije que estuviera mal – le dijo él sonriéndole divertido – solo quiero decir que, es ilógico que digas esas cosas, cuando tu sabes perfectamente que eso es imposible, más que nada porque tu misma no lo permitirías de ningún modo. - Por supuesto que no permitiría que las demás niñas te acaparen… tengo que cuidarte, ya sabes, para tu Luna. No sea que vayas a cometer alguna locura – le dice ella en tono muy serio y señalándolo, a lo que él se ríe a carcajadas. - Tu muy bien sabes que eso es imposible. No soy ni quiero ser ese tipo de hombre – replicó él limpiándose las lágrimas de los ojos, aun con dejos de su carcajada - ¿Y bien? ¿Qué es todo esto? ¿Por qué de repente hay un banquete hoy en la mansión y están esos Alfas que ni siquiera conozco? - Ah si, eso… – dijo ella – bueno, es que, durante mi viaje con papá, mi hermano y Alter y su hijo, fuimos a conocer al hijo del difunto Alfa Jonathan… ¿Si ves? Es ese que está allá – le dijo señalando al joven de unos veinte años que estaba conversando con el resto de los Alfas mientras esperaban en aquel gran comedor a que sirvieran la comida – el banquete se está haciendo con el motivo de firmar la paz con algunas manadas con las que aun teníamos conflictos y también para celebrar que finalmente todos esos conflictos han acabado – dijo ella. - Vaya… eso suena como una muy buena noticia – le dijo Ezra y ella asintió emocionada. - Además… creo que uno de esos Alfas podría ser el rey dorado – dijo ella. - ¿Por qué creerías tal cosa? – Preguntó Ezra un poco preocupado. - Bueno es que… su aroma es cautivador… uno de esos Alfas huele a lo que más me gusta… según entiendo así es como funciona el tema de las Lunas y los Lobos… - ¡No tonta! – Replicó Ezra negando con la cabeza, bastante decepcionado mientras se palmeaba la frente – eso no significa que pueda ser el rey dorado. En primer lugar, no tendría sentido que el rey dorado esté dirigiendo otra manada, cuando claramente los Sunfangs Savage le pertenecen. Y en segundo lugar, los hombres lobo podemos pretender o tener más de un pretendiente. En este caso, tu podrías tener más de un candidato a ser tu Lobo, así como yo podría tener más de una candidata a ser mi Luna. Son personas que efectivamente, huelen a nuestras cosas favoritas, y eso las convierte en potenciales parejas destinadas, pero finalmente solo depende de tu decisión, aunque en casos como el tuyo, ya tienes una pareja destinada por la diosa luna, así que más que una decisión de tu parte, es algo que sucederá. Así que, no es como si pudieras elegir… además, sabrás cuando el verdadero rey dorado aparezca. Por ahora, puedo decirte con toda certeza que ese tipo no está ni cerca de ser el rey dorado. - Eres un aguafiestas… él está bien guapo – le dijo ella haciendo pucheros y Ezra se rio. - ¡Tonta! Eso lo ya lo sé – le dijo él – pero recuerda, que esté guapo no significa que sea el hombre para ti… puedo ponerme a mi como ejemplo. Tu siempre te la pasas diciendo que estoy bien guapo y que esto y lo otro, pero eso no me convierte en el hombre para ti ¿O si? - No seas tramposo, eso no tiene nada que ver… no deberías meterte en esto… – le dijo ella con nerviosismo y casi mostrando una timidez que hacía mucho tiempo que él no veía en ella. - Es exactamente lo mismo – le dijo él con una sonrisa. - Eso no es justo… tu eres mi mejor amigo… no puedo simplemente verte de esa forma, así que no se vale – le dijo casi haciendo berrinche como niña pequeña. - ¡Nada! Que es lo mismo te digo niña – le replicó Ezra dándole una palmada a la cabeza – después de todo sigo siendo mucho más maduro que tú. - Sigi siendi mis midiri qui ti – replicó ella de forma infantil con una mofa y él se rio. - Solo reafirmas lo que digo – le dijo él casi al borde de una escandalosa carcajada. Al tiempo que la comida finalmente llegaba a la mesa. El banquete comenzó y luego de un par de horas, todos estaban conversando después de la comida. Entonces uno de los jóvenes Alfas nuevos, que Ezra no conocía, se acercó a Arya y la saludó de manera amable y amistosa. Ezra no podía distinguir muy bien cuales eran sus intenciones, pero se mantuvo alerta en todo momento. - Hola… - le dijo con una timidez que no era para nada común en un hombre lobo. Mucho menos en un Alfa. Pero por lo que Ezra podía olfatear, era completamente genuina. - Hola – le dijo ella con mucha emoción y una sonrisa muy bonita en su rostro, que cautivó de inmediato al joven Alfa. - Creo que todavía no nos han presentado – le dijo él – mi nombre es Arthur Chanes. Soy el Alfa de la manada Garras de la luna menguante. - Bueno… no habíamos tenido el placer de presentarnos, pero, si sé quién eres – le dijo ella con una sonrisa. - Vaya… es un honor y una verdadera alegría que la princesa lunar sepa sobre mi – le dijo él, muy emocionado, a lo que ella sonrió enternecida – sobre todo sabiendo que es usted una criatura tan hermosa, señorita – terminó y esto si era propio de la conducta de un Alfa. Aunque Ezra seguía sin olfatear malas intenciones. Ella por su parte se sentía muy halagada por él y luego el Alfa le extendió la mano – le gustaría dar un paseo conmigo por el bosque… le prometo que no se va a aburrir… - No estoy segura de que eso sea una buena idea – le dijo ella algo apenada. - Usted no se preocupe. Si de su seguridad se trata, puede estar tranquila… mis hombres son fuertes, ya se habrá dado cuenta. Ellos nos acompañaran para cuidarnos durante nuestro paseo. Entonces ¿Qué le parece? Ella hizo silencio y se quedó dubitativa, peor luego miró a Ezra y este le sonrió porque no percibió ninguna mala intención en el Alfa. - Adelante, ve con él. Yo estaré cerca igualmente… pero asegúrate de no hacer ninguna tontería… recuerda lo que te dije… estás destinada para el rey dorado, y no puedes botar eso a la basura por un simple Alfa como este – le dijo por medio de su telepatía y ella lo miró sorprendida, para luego regresar su mirada hacia Arthur. - Está bien – le dijo con una sonrisa – acepto tu invitación. Él le sonrió y después de hacer una reverencia muy elegante, salieron a caminar, escoltados por el Beta y los demás hombres que acompañaban a aquel Alfa. Poco después se adentraron en una zona del bosque alrededor de la mansión que tenía un sendero bien iluminado, el cual llevaba del salón de festejos a la mansión. Al poco tiempo, el padre de Arya notó su ausencia y cuando preguntó por ella, Becca le dijo que había salido a caminar con uno de los Alfas, y le dijo que se despreocupara porque Ezra había ido detrás de ellos a seguirlos para cuidar que ella estuviera bien. El Alfa sabía mejor que nadie, que no había otra persona tan capaz como Ezra, para cuidar a su hija. Así que simplemente se relajó y continuó disfrutando de la conversación con el resto de los Alfas y miembros de las manadas. - ¿Le han dicho que es una mujer muy hermosa señorita Stefan? Seguro se lo deben decir muy a menudo, pero que tonto soy – le dijo Arthur y ella negó con la cabeza mientras le sonreía. - No… ¿Cómo crees? No eres tonto por hacerme un cumplido como ese… es cierto que a menudo recibo este tipo de cumplidos, pero… es lindo que me los hagan. Sea quien sea. Aunque cabe aclarar que no soy una mujer. Apenas si soy una adolescente en desarrollo. - Tener catorce años no es ninguna limitante para que una señorita como tú, parezca una mujer adulta. Casi tienes la estatura de una, la actitud de una, y quien sabe, hasta tengas los gustos de una mujer adulta… ¿No crees? – Le dijo acercándose de manera peligrosa hacia ella. A lo que Arya instintivamente retrocedió, pese a ir tomada de su brazo y que él no la había soltado aún. - Lo siento… como dije, pese a lo que parece, solo soy una adolescente. Aun así, es lindo que me tenga en tal alta estima Alfa Arthur… muchas gracias por su cumplido… aunque ahora me gustaría volver al salón de fiestas con los demás. - ¿Por qué? ¿Tan rápido quieres irte con todos? ¿Y arruinar nuestro momento a solas para divertirnos? ¡No lo creo! – Dijo el Alfa mientras que todos sus escoltas se posicionaban entre los arboles y los dos caminos de acceso. De pronto, la mirada del Alfa, así como la de sus escoltas, se tornó fría y muy maliciosa.
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