Lo irónico de esta historia es que la persona que se encargó de la asesoría financiera, era una joven de 26 años graduada con honores en economía y estadística financiera, a la cual me había enamorado perdidamente. Sabía que debía tenerla cerca, así que la contraté como la auditora y asesora de la compañía, sería su jefe y ella mi empleada, y aprovecharía este hecho para poder tener una relación formal con esa chica. La chica se llamaba Claudia y a simple vista se veía que era una chica humilde y que quizás viniese de una familia promedio. Un día de la primera semana de ella trabajando en la empresa, la invité a tomar un café y charlar sobre lo relacionado a su trabajo, y bajo esa excusa ella acepto y así fue como estuvimos en el cafetín de la planta baja. Lo primero que le pregun

