—¿El cine? Vaya, cuando estábamos juntos no te gustaba ir. Tenía que rogarte para que lo hicieras —rodé los ojos, recordando todo. Definitivamente, uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, y Lucas está experimentando eso. —¿Qué película vamos a ver? —pregunté. —La que quieras. He reservado la sala de cine solo para nosotros —me guiñó un ojo. —¿Por qué? No era necesario. Podríamos convivir con la demás gente. —Solo quiero que nadie nos moleste —dijo, acercándonos al chico que vendía los boletos y la comida—. ¿Qué vemos? Miré la cartelera y elegí una en especial. —Cómo perder a un hombre en diez días—solté, y el chico nos entregó los boletos. Recordé que a Lucas no le gustan las películas románticas, las odia. Y mucho menos si son tristes, pero quizás por eso la elegí. —Quiero pal

