El tiempo es una de esas cosas que pasan tan rápido en la vida. Ya llevo más de una semana desde que rompí mi relación con Leonardo y no tienen idea de cuánto duele. Aunque no lo amaba como debería, me dolía la soledad. Estaba muy acostumbrada a su compañía, a sus malos chistes y a esas sorpresas que me hacía constantemente. Desde ese día en el coche no quise darle la cara por lo apenada que me sentía, pero él me llamaba a cada rato preguntando si estaba bien y si estaba segura de mi decisión. Por eso habíamos quedado en un parque cercano. Yo estaba sentada en una de las bancas, viendo cómo jugaban los niños con sus padres. Me pregunté: ¿Será que alguna vez tendré una familia llena de amor? Quién sabe, a este ritmo, no lo creo. —Hola —dijo Leonardo, vestido de manera sencilla. —Hola —l

