Perspectiva de Dorian
Cam estaba en la cafetería del campus, como siempre, perdido entre sus pensamientos y su trabajo de medio tiempo. Yo lo observaba desde la distancia, y no podía evitar que mi mente divagara hacia formas de “corregirlo” cuando cometía algún error, pequeño o grande. No me malinterpretes: no era maldad gratuita, sino una necesidad de moldearlo, de que entendiera que nuestra relación tenía reglas que él debía respetar.
Con cada gesto torcido o cada palabra distraída, podía sentir cómo mi deseo por él se mezclaba con un control casi visceral. Lo llamaba con discreción y le imponía correcciones físicas leves: un toque firme en el hombro, una ligera presión para que mantuviera postura, incluso tomar su muñeca y guiarla. Él se estremecía, pero a la vez sentía una mezcla de miedo y excitación que me llenaba de satisfacción. Cam se estaba convirtiendo en mi fetiche, mi propiedad privada, y eso me encantaba.
En el campus, nadie lo notaba del todo, pero los compañeros empezaban a percibir algo extraño: cómo Cam evitaba hablar con otros, cómo mi atención sobre él era exclusiva, cómo mi mano se posaba en su brazo de manera que él respondía con un leve temblor. Algunos profesores, discretamente, levantaron cejas al ver cómo el comportamiento de Cam se diferenciaba del de cualquier otro estudiante. Y, aunque todos sabían que éramos adultos, el nivel de control que ejercía sobre él era inquietante.
—Cam —susurré una tarde, mientras lo guiaba por el pasillo solitario y le acomodaba la mochila—. Mira, así lo haces, así no te lastimas la espalda... Perfecto, o si te resulta muy pesada puedo cargarla por ti.
Se mordió el labio, y pude sentir cómo su respiración se aceleraba. Él aceptaba mis correcciones, y cada vez que lo hacía, se fortalecía mi sensación de exclusividad. Nadie más podía ocupar ese lugar a su lado.
---
Perspectiva de Cam
Cada día me encontraba atrapado entre miedo y deseo. Las correcciones de Dorian me hacían sentir vulnerable, y al mismo tiempo, extrañamente seguro. No conocía otra forma de amor; lo que para otros podría parecer abuso, para mí era atención, afecto y dirección.
—¿Dorian… esto es… Normal? Me refiero a que, no sé si nuestra relación es normal—pregunté un día, intentando medir hasta dónde podía permitirme rendirme.
Él sonrió, esa sonrisa que mezclaba ternura y dominio:
—No hay demasiado, Cam. Solo tú y yo. Nadie más importa... Y si es normal o no tampoco importa. Además, ¿Quién decide si algo es normal o no?. ¿La sociedad? ¿Un grupo de personas que opinan y dan consejos de relaciones amorosas y ni siquiera tienen pareja o están divorciadas?. ¿Psicólogos que repiten lo que les enseñan en la escuela? ¿Libros escritos por personas que tal vez nunca se han enamorado? ¿O personas que no les gusta el compromiso y dicen que amar es dejar ir?. Y tal vez tienen razón, más bien estoy seguro que la tienen en muchas cosas, pero... ¿Eso es lo que tú y yo queremos?.
¿Que quieres Cam?. Dime que es lo que quieres, que tipo de relación quieres que tengamos. Aún estamos a tiempo de decidir que es lo que vamos a construir a futuro.
Dijo el con calma mientras acariciaba mi espalda con suavidad.
Sentía cómo mi cuerpo reaccionaba, cómo cada toque, cada presión y cada corrección me provocaba una mezcla extraña de miedo y excitación. Era aterrador, pero también liberador. Poco a poco, comprendí que ser su sumiso, aceptar su dominio, me daba seguridad. Y curiosamente, me gustaba.
—Quiero que estemos juntos, lo demás... Elígelo tú. Te doy ese poder, yo solo obedezco—Digo mirando sus hermosos ojos azules.
---
Narrador (tercera persona)
El mundo que Dorian había creado era exclusivo, hermético. Sus antiguos amigos del círculo social quedaron fuera, incapaces de penetrar la burbuja que rodeaba a Cam y Dorian. Nadie más podía acercarse; nadie más podía ocupar el lugar que Cam tenía en la vida de Dorian.
El control que Dorian ejercía se volvió más físico y psicológico, incluso ritualizado. Castigos discretos, gestos de corrección, posturas que Cam debía mantener, pequeños empujones de autoridad que reforzaban la dinámica de poder. Y Cam, aunque asustado, encontraba un extraño placer en la sumisión, en el hecho de ser el objeto de deseo y control de Dorian.
En el campus, los rumores empezaron a circular: “¿Qué pasa con Cam y Dorian?” “Parece que Dorian lo mantiene alejado de todos los demás”. Algunos estudiantes estaban impresionados y preocupados, otros simplemente intrigados, pero pocos podían realmente acercarse a ellos. El control de Dorian era total, y Cam, sumiso y complaciente, lo aceptaba completamente.
---
Perspectiva de Dorian
Cuando lo observaba, mientras se alejaba de los demás estudiantes, me sentía dueño absoluto de su atención. Incluso en el aula, cuando otros lo llamaban o lo miraban, yo podía notar su leve reacción, esa necesidad de cumplir con mis expectativas, de permanecer dentro de los límites que yo había marcado. Mi obsesión con él crecía, mis celos se volvían más oscuros y mis deseos más intensos.
—Nadie más va a tocarte —murmuré una noche mientras caminábamos por un pasillo vacío—. Solo yo.
Cam bajó la mirada, ruborizado y nervioso, pero no dijo nada. Sabía que no podía decir que no. Y, paradójicamente, eso lo hacía sentirse seguro. Su sumisión era su refugio, y mi dominio su protección.
---
Perspectiva de Cam
Cada gesto de Dorian me recordaba que él estaba allí, que me controlaba y que me deseaba. Era intenso, a veces agotador, pero extraño: me sentía amado por primera vez. Mi mundo giraba alrededor de sus órdenes y de su atención exclusiva. Cada toque, cada corrección, cada gesto era una prueba de que yo le pertenecía solo a él, y eso me llenaba de miedo, deseo y fascinación.
—Dorian… no sé cómo… —dije, con un hilo de voz, mientras su mano me guiaba para mantener postura—. no sé si puedo… manejar todo esto.
—Sí puedes, Cam —me respondió, con esa mezcla de firmeza y ternura—. Porque estamos juntos, y esto es solo nuestro mundo.