Capítulo 13 "¿Que está pasando?".

2542 Palabras
Narrador (tercera persona) La mansión Dupont estaba cubierta por un manto de escarcha fina, con luces blancas y doradas que delineaban los arbustos esculpidos y los ventanales antiguos. El aire olía a muchas cosas que Cam no podía identificar, el aroma tenue de la chimenea que crepitaba en la sala principal le hacía sentir una extraña melancolía. Cam se movía entre los invitados con la timidez de quien aún no está acostumbrado a recibir afecto. Cada gesto de Dorian, desde una mano apoyando su espalda hasta una sonrisa furtiva, parecía reforzar una zona de seguridad invisible alrededor de él. Mientras tanto, el invitado de la NASA, un hombre alto de voz firme, discutía animadamente con Cam sobre matemáticas avanzadas. Hojas de papel y lápices volaban de mano en mano mientras garabateaban fórmulas y teoremas: la conjetura de Poincaré, el teorema de Bell, problemas de probabilidades y entropía. Los demás solo miraban, incapaces de comprender el ritmo del diálogo, aunque claramente fascinados por la claridad y rapidez de Cam. Finalmente, el hombre extendió una invitación: cuando Cam se graduara, podría unirse a su equipo en Cañaveral, Florida. --- Perspectiva de Dorian Lo veo brillar y siento que me desborda. —¡Eh, Cam! No te olvides que también existen mortales como yo— digo, empujándolo ligeramente mientras señala un adorno de cristal. Cam me lanza una mirada de puro escepticismo, arqueando una ceja perfecta. —Dorian, si alguien te escuchara hablar así, pensarían que eres un filósofo que perdió la brújula moral... —¡O un poeta confundido en la sección de hierbas ilegales! Pero al menos alguien tiene sentido del humor— replico, riendo mientras él pone los ojos en blanco. Puedo notar cómo mis familiares lo estudian, cómo evalúan cada gesto y cómo se suavizan las tensiones iniciales. Lo que ellos no ven es cómo me desarma cada sonrisa suya, cómo me hace querer ser mejor, solo para merecer un instante más de su atención. --- Perspectiva de Cam Nunca había pasado la Navidad rodeado de cariño genuino. Ni siquiera sabía cómo reaccionar. Dorian estaba allí, observándome con esa mezcla de amor y travesura que me desarmaba. —Prometiste no hacerme reír en la mesa—le digo mientras me alcanza un plato de tarta de manzana. —Prometí muchas cosas que aún no he roto… y esta es otra de ellas— responde, guiñándome un ojo mientras se sirve un poco de vino recién sacado de la cava. Río suavemente, y por primera vez en mucho tiempo siento que puedo dejar de lado mi pasado. Aquí, en esta casa, no soy un huérfano ni un extraño. Soy simplemente Cam. Y Dorian me mira como si eso fuera suficiente. --- Narrador (tercera persona) La cena transcurrió con un equilibrio delicado: risas, conversaciones triviales, y la evidente admiración de los Dupont hacia Cam. A pesar de la diferencia de clase, nadie podía negar la elegancia natural del chico, su porte imponente, y esa inteligencia que dejaba boquiabiertos a todos los invitados. Al terminar la cena, los Dupont se retiraron, y Dorian tomó la mano de Cam para llevarlo a dar un paseo por los jardines nevados. --- Perspectiva de Dorian —Si sigo mirándote así, me van a echar de la familia— bromeo, rodeando su cintura con el brazo mientras caminamos sobre la nieve crujiente. —¿Y si me arriesgo a que te echen?— contesta Cam, apoyándose en mí. —Entonces me despido del mundo solo para quedarme contigo— digo, sintiendo un escalofrío recorrerme el cuerpo mientras sus dedos se entrelazan con los míos. Nos detenemos junto a un pequeño banco cubierto de escarcha, y nuestros labios se encuentran en un beso largo, tembloroso, cargado de deseo y ternura. --- Perspectiva de Cam No puedo evitar reír suavemente al sentir sus manos temblar un poco sobre mi espalda. —Eres terriblemente dramático, Dorian—le digo, entre risas y susurros. —¡Dramático? Yo? Solo soy un romántico desesperado— replica, exagerando el gesto con las manos sobre el pecho. Por primera vez, el mundo fuera de la mansión desaparece. Las luces, la nieve, las conversaciones lejanas… nada importa. Solo nosotros, solo este instante que se convierte en memoria. --- Narrador (tercera persona) La rutina nocturna entre ambos se volvió un ritual. Dorian visitaba a Cam cada noche; compartían confidencias, risas y silencios que decían más que cualquier palabra. La intimidad había dejado de ser inocente, se estaba transformando en otra cosa, era evidente: Dorian activo y dominante, Cam pasivo y sumiso, y eso era un hecho, y ambos estaban explorando lentamente los límites del deseo y el afecto. También estaba el hecho de que a Dorian le resultaba muy atractivo que Cam a pesar de su evidente andrógina, no era afeminado en absoluto en sus ademanes. Solo era muy refinado, pero en si era bastante masculino en su andar y hablar. Pero le excitaba precisamente eso, ejercer control sobre otro hombre, le hacía sentir más poderoso. Los días siguientes trajeron más familiares, algunos recelosos, otros curiosos, todos cautivados por la combinación de belleza y mente brillante que Cam ofrecía. Sus gestos elegantes y su calma natural suavizaban las tensiones iniciales, y la familia Dupont comenzó a aceptarlo plenamente, notando cómo Dorian estaba más sereno y feliz a su lado. Cada paseo de compras se convirtió en un juego: Dorian elegía ropa para Cam, comentando con humor: —Vamos, esto te hace ver como un muñeco de alta costura… y yo soy el diseñador malvado— Cam reía, incluso mientras probaba cada atuendo, disfrutando de la ligereza y el cuidado que Dorian ponía en cada detalle. La Navidad, finalmente, llegó con risas compartidas, luz cálida y el aroma de galletas y chocolate. Cam estaba rodeado de amor por primera vez, y Dorian no podía estar más orgulloso de su compañero, amante y amigo. El vínculo entre ellos se consolidó: pasión, confianza y complicidad. Ya no había experimentación: había seguridad, entrega mutua y la certeza de un amor adulto y complejo, profundo y sincero. Perspectiva de Dorian La mansión estaba tranquila, con la luz cálida de la mañana filtrándose por los ventanales. Cam desayunaba en silencio, cuidadosamente vestido según mis indicaciones. Cada gesto, cada movimiento suyo, lo controlaba yo sin que mi familia sospechara, y no porque no me gustará la manera de ser de Cam. Pero controlar cada aspecto de el me daba seguridad y tranquilidad. No se que me estaba pasando, pero de cierta manera se que a el también le gusta que lo controle. Yo controlo y protejo y el obedece y es recompensado. Mi familia nos empezó a observar con atención. Mierda... Mi padre me había dicho en acción de gracias que amar no era controlar. Sonreía hacia ellos, hablaba con normalidad, pero mi mente estaba completamente centrada en él. —Cam, inclina un poco más la cabeza cuando tomes la taza —ordené suavemente, apenas un susurro—. Así, perfecto. Él obedeció sin rechistar. Sus manos temblaban ligeramente, pero no por miedo: por excitación. Cada día que pasaba, me resultaba más difícil contener mis celos y mi necesidad de marcar límites claros, de tenerlo solo para mí. En público, me mostraba cordial y amable, incluso hacia los susurros curiosos de toda mi extravagante familia. Pero en privado, cada movimiento suyo era mío para guiarlo, corregirlo, poseerlo. —Dorian… —musitó tímidamente, mientras ajustaba la servilleta que le había indicado—. ¿No es demasiado…? —No —respondí, firme, acercándome para colocar mis manos sobre sus hombros—. No hay nada que sea demasiado si estamos solos. Esto es… nuestro. Su respiración se aceleró, y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Cada segundo lejos de él me parecía insoportable; la obsesión crecía, silenciosa pero constante, y me aterraba la idea de perderlo. --- Perspectiva de Cam A veces, mientras me dejaba guiar por Dorian, me preguntaba si todo esto estaba bien. Cada caricia, cada orden sutil, cada presión sobre mis hombros o cintura… era nueva para mí, y no sabía si debía sentir miedo, excitación o confusión. Pero al mismo tiempo, por primera vez en mi vida, sentía que alguien me quería, que alguien estaba verdaderamente pendiente de mí. La atención de Dorian me calmaba, me hacía sentir seguro. Perderla… solo pensarlo me provocaba pánico. —Dorian… —susurré mientras él me guiaba hacia la sala, controlando incluso la manera en que caminaba—. ¿Esto… es normal? —Para nosotros sí —respondió, con una sonrisa que me helaba y encendía al mismo tiempo—. Pero nadie más tiene que enterarse. ¿Entendido? Asentí. Cada gesto suyo me hacía sentirme atrapado y protegido a la vez. No conocía otro tipo de amor, así que aprendí a normalizarlo, a justificarlo, a desearlo incluso cuando mi mente dudaba. --- Narrador (tercera persona) Dorian y Cam habían desarrollado un delicado equilibrio de discreción frente a los Dupont. La familia observaba cómo su hijo y su novio se movían con naturalidad y cariño superficial, sin percibir los juegos de control y sumisión que practicaban cada noche o en privado. El contraste era evidente: Dorian, en público, el hijo modelo, amable y sociable; en privado, dominante, celoso, posesivo. Cam, en público, tranquilo, dulce y sonriente; en privado, sumiso, excitado, entregado. Cada gesto y cada contacto físico estaba calculado, un delicado equilibrio entre lo permitido y lo prohibido. Pero la obsesión de Dorian crecía día a día. Cada mirada que Cam desviaba hacia otro chico, cada sonrisa ajena que recibía, alimentaba un temor oscuro de perderlo. Y las vacaciones terminaron. La Universidad se volvía un campo de batalla silencioso: Dorian temía que otros estudiantes descubrieran su relación insana, y al mismo tiempo, que Cam se alejara o se sintiera tentado por alguien más. --- Perspectiva de Dorian Cuando llegamos de nuevo a la universidad, cada paso de Cam por el campus era como un alfiler en mi pecho. Lo veía hablar con otros, sonreír, moverse con naturalidad… y mi mente se llenaba de celos y pensamientos oscuros. —No mires a nadie más —susurré a su oido cuando nos alejamos de los demás en el pasillo—. Nadie tiene derecho a mirarte así y menos a tocarte. ¡ERES MÍO! Cam bajó la mirada, un leve rubor apareció en sus mejillas, y asintió. Sabía que mi tono no era amenaza, sino propiedad. Era una mezcla de protección y obsesión que yo apenas podía controlar. —Dorian… a veces… me siento… —vaciló al decirlo, intentando describir la confusión que le recorría—. Es demasiado… intenso. —Lo sé —contesté, acercándome para presionar suavemente su cabeza contra mi hombro—. Y tú quieres que sea así. Lo sabes, ¿verdad? --- Perspectiva de Cam Sentí cómo mi mente se debatía entre la moral y el deseo, entre la confusión y el alivio. Cada orden, cada presión, cada toque me hacía sentirme cuidado y deseado, incluso cuando parte de mí dudaba. Nunca había conocido otra manera de ser amado, así que acepté, porque me hacía sentir vivo. —Sí… lo sé —susurré, dejando que mi cuerpo reaccionara mientras mi mente se llenaba de preguntas que no sabía cómo responder. La obsesión de Dorian era oscura, sí, pero su amor también lo era. Me sentía seguro, protegido… y aterrorizado al mismo tiempo. --- Narrador (tercera persona) Así pasaron los días en la Universidad: un delicado equilibrio de discreción frente a todos, dominación y sumisión en privado, y una tensión s****l que crecía sin control. Dorian se obsesionaba con cada pequeño gesto de Cam, mientras el joven aprendía a normalizar su entrega, aceptando que su amor y deseo eran parte de algo que nunca había conocido. —Date vuelta. Ordenó Dorian con tono autoritario, mientras Cam obedecía excitado por lo que vendría. Acababan de llegar al dormitorio luego de un largo día de estudio. Dorian le bajó los pantalones y empezó a tocarlo con ansiedad, haciendo que Cam se removiera inquieto. —Arrodillate frente a mi. Ordenó Dorian, Cam obedeció, entonces el otro liberó la enorme erección que luchaba en su ropa interior por salir—Abre la boca. Cam hizo lo que el otro le ordenaba, en cuestión de segundo Dorian estaba follandose su garganta, con fuerza y violencia mientras el otro tenía arcadas. En ese momento entendió por qué Dorian le había pedido que ayunara ese día, no quería que tuviera nada en el estómago para poder hacerle eso sin que el otro vomitara. Los movimientos de cadera de Dorian aumentaron salvajemente y luego de un rato, este sujetó la cabeza de Cam con fuerza para inmovilizarlo, hundió su miembr* hasta el fondo de la garganta del joven y se corrió dentro. Cam sintió la urgencia de expulsar el miembr* para tomar aire pues se estaba ahogando, sintió el cálido líquido espeso descender por su garganta y esófago. Eso lo excitó, cuando el otro al fin retiró su pene Cam pudo tomar una bocanada de aire totalmente adolorido de la quijada y aliviado por respirar. -Es una buena manera de usar tu garganta... Dijo Dorian sonriendo satisfecho. Cam asintió. - Ven amor, es tu turno... Quiero que te quites toda la ropa y que te pongas de pie frente al espejo, y empieces a masturbarte. Quiero ver mientras lo haces y quiero que te sientas observado... Le dijo. Cam obedeció. Observó su silueta, su cuerpo desnudo reflejado en la fría superficie del espejo, miro sus ojos y luego su mirada se cruzó con la de Dorian quien observaba todo sentado desde su cama. El sentirse observado haciendo algo a lo que se había acostumbrado a hacer en la privacidad de la soledad le produjo una sensación de morbo y excitación. Luego de un rato empezó a tener espasmos y eyaculó frente al espejo, llenando la superficie de este con su semen. Dorian sonrió satisfecho, se puso de pie y empezó a besar a Cam con ternura, luego se arrodilló ante él y le tomó la mano. —Cam... Te prometo, te juro que voy a cuidarte y estar contigo hasta que muera. Estoy a tu merced... Y aunque parezca que yo te domino, en realidad tú me dominas a mi. Haré cualquier cosa que me pidas, te daré todo lo que tú quieras... Soy tuyo y tu mío... Quiero que entiendas que no estoy jugando contigo y tampoco estoy experimentando. Te amo. Musitó. Cam abrió mucho los ojos, era la primera vez que se lo decía alguien en toda su vida. —Yo también te amo. Respondió y una lágrima rodó por su mejilla. —No llores amor mío. Le dijo Dorian pondiendose de pie y luego abrazarlo. —Dorian, soy tuyo y haré lo que me pidas... absolutamente cualquier cosa que me pidas. Soy totalmente tuyo. Informó Cam. Dorian sonrió satisfecho. -Y eres lo más valioso que tengo. Respondió este luego de unos segundos. El juego de poder silencioso, los celos, la atención exclusiva y la sumisión voluntaria se convertían en el núcleo de su relación, una danza peligrosa y hermosa que solo ellos comprendían. La obsesión de Dorian y la sumisión de Cam se reforzaban mutuamente, mientras el mundo alrededor seguía ajeno a la intensidad insana que los consumía.
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