Capítulo 19 "Realidades y planes".

676 Palabras
El sol de la mañana filtraba una luz blanca y limpia a través de los ventanales del penthouse. Por primera vez en semanas, el ambiente no parecía pesar tanto. Dorian se había levantado temprano, con una serenidad extraña, casi desconocida. Salió a correr como cada mañana cada que salía el sol, y regresó para ponerse a hacer ejercicio en la habitación que había acondicionado a modo de gimnasio a lado del estudio, Desde hacía varios días asistía a terapia sin que Cam lo supiera; le había confesado al psicólogo sus temores, su ira y ese pánico irracional a perder lo único que lo mantenía en pie. Hablarlo no lo liberó del todo, pero sí lo hizo consciente. Ahora, mientras se abotonaba la camisa frente al espejo, pensó en Cam y en la manera en que sus ojos se apagaban cada vez que él alzaba la voz. Aquella imagen lo perseguía incluso en sueños. En la universidad, Dorian empezó a notar los detalles que antes ignoraba: los grupos ruidosos, las risas forzadas, las jerarquías absurdas. Se dio cuenta de lo cruel que había sido su propio círculo. Dejó de hablarles sin hacer drama. En su lugar, se acercó a los que solían pasar inadvertidos: los estudiantes de informática con mochilas gastadas, los músicos que tocaban en los pasillos, los chicos que coleccionaban cómics o hablaban de videojuegos. Encontró en ellos algo que no esperaba: paz. Cam, tímido al principio, lo seguía con cierta duda, como si aún esperara una emboscada emocional. Pero pronto comenzó a relajarse. Le gustaba ver ese nuevo Dorian: el que bromeaba con humor n***o, el que reía de verdad. Una tarde, mientras tomaban café en la cafetería del campus, Dorian lo miró con una sonrisa que parecía limpia de cualquier sombra. —¿Te gustaría salir a cenar conmigo mañana? —preguntó con un tono suave, casi tímido. Cam alzó la vista sorprendido. —¿Una cita? —Una cita —repitió él, tocando su mano sobre la mesa. --- El restaurante era elegante, de luces tenues y música de jazz. Las miradas se dirigían inevitablemente hacia ellos dos; Si, miraban a Dorian pero luego se centraban en Cam, su porte, su voz, su presencia seguían siendo magnéticas para los demás. Y Dorian lo notó, como siempre, Cam desviaba la mirada nervioso y optaba por sonreírle a él, a prestarle toda su atención, incluso cuando las miradas ajenas se cruzaban, Cam ponía mala cara, les miraba mal o miraba la vajilla. Dorian le miró escudriñandolo. No hubo celos, solo un pulso leve de incomodidad que se desvanecía cada vez que sus ojos se encontraban. Dorian pidió vino, brindaron por los nuevos comienzos, y durante la cena hablaron de cualquier cosa menos del pasado. Era como si hubiesen abierto una ventana después de un incendio. Cam lo observaba en silencio, notando el cambio, pero sin saber la razón. Lo veía más paciente, más humano, con un brillo tranquilo que nunca había tenido. Lo que ignoraba era que Dorian seguía yendo al psicólogo cada semana, buscando entender y corregir lo que había dentro de él antes de perderlo todo. --- Esa noche, mientras regresaban en el auto, Dorian tomó la mano de Cam y la llevó a su pecho. —He estado pensando… —murmuró—. ¿Qué te parecería irnos el fin de semana a Gales? A la casa de campo de mi familia. Solo tú y yo. Cam lo miró con una mezcla de emoción y duda. —¿Los dos solos? —Sí —respondió con una sonrisa que no tenía doble filo—. Sin clases, sin nadie alrededor. Quiero… descansar contigo. Cam asintió, con esa inocente ilusión que aún no le habían arrebatado del todo. No sabía que, por primera vez en mucho tiempo, el hombre a su lado realmente quería sanar, no poseer. --- El coche siguió su ruta bajo la luna. Dentro, el silencio era cómodo, casi tibio. Y aunque el camino seguía largo, por primera vez ambos sentían que no iban hacia el mismo abismo.
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