Perspectiva de Cam
El amanecer en la mansión Dupont siempre tenía un aire casi surreal. Las ventanas grandes dejaban entrar una luz que parecía acariciar cada rincón, y el aroma del café recién hecho me acompañaba mientras me preparaba para el desayuno. Dorian ya estaba allí, apoyado contra la barra de la cocina con esa sonrisa que me desarmaba antes siquiera de que pudiera saludarlo.
—Buenos días, príncipe —me dice, con el tono de quien sabe que ha ganado algo sin esfuerzo—. ¿Dormiste bien o tus huesos se rebelaron contra la cama?
Río suavemente, a pesar de que aún me siento débil, y él me observa como si pudiera leer todos mis miedos. Por un instante, temo que esta cercanía sea demasiado, que lo que siento sea demasiado para alguien como yo.
—Estoy bien —murmuro, aunque sé que no es del todo cierto.
—Claro que estás bien —replica con un guiño—. Y si no, yo me encargaré de arreglarlo. Incluso puedo usar mi toque mágico de Dorian Dupont para que todos los fantasmas de tu pasado desaparezcan.
Me río, aunque un poco por nerviosismo. Su humor siempre logra quitarme peso de los hombros, y aunque sé que no puede borrar mi historia, lo intento creer por un momento.
---
Perspectiva de Dorian
Verlo reír así, incluso con esa mezcla de inseguridad y fragilidad, me parte el corazón y me enciende al mismo tiempo. No puedo evitarlo: lo deseo con una intensidad que me hace perder la noción de todo lo demás.
—Sabes —le digo mientras sirvo café—, podríamos tener un concurso: quién logra resistirse más al otro esta mañana.
Cam me lanza una mirada de horror y diversión a la vez.
—¿En serio? —dice—. ¿Vas a intentar seducirme mientras desayuno?
—No, no, solo voy a mirarte fijamente hasta que me pidas clemencia —respondo, fingiendo solemnidad—. Eso no cuenta como seducción.
Ríe y baja la mirada, y por un segundo siento que todo el mundo podría desaparecer y solo quedaríamos nosotros dos.
---
Narrador (tercera persona)
La vida diaria en la mansión continuaba entre paseos por la ciudad, compras de ropa y debates intelectuales inesperados en la sala de estudio. Los Dupont, aunque aún reticentes al principio, empezaban a aceptar que Cam no solo era alguien digno de Dorian, sino una persona capaz de desafiar y fascinar a toda la familia.
El abuelo, un hombre rígido acostumbrado a la etiqueta y la jerarquía social, quedó particularmente impresionado: la elegancia natural de Cam, su porte y la calma con la que respondía a preguntas complejas, le recordaban a diplomáticos y eruditos con los que había tratado años atrás.
—Dorian, este chico… es más que un acompañante para ti —comentó un día mientras observaba a Cam resolver mentalmente un cálculo que había dejado boquiabiertos incluso a algunos académicos invitados—. Tiene algo que va más allá de nuestra posición.
Dorian sonrió orgulloso, mientras Cam bajaba la mirada tímidamente, como si no pudiera aceptar cumplidos tan genuinos.
---
Perspectiva de Cam
A veces me sorprendo al darme cuenta de lo feliz que puedo estar aquí. No hay orfanatos ni fríos pasillos que me recuerden que estoy solo. Solo hay Dorian y esta familia que, poco a poco, me permite ser yo mismo.
—Oye, Dorian —digo mientras caminamos por la nieve del jardín—, ¿te das cuenta de que soy un desastre absoluto con la ropa?
—Sí, y es mi deber arreglarlo —responde—. No te preocupes, tu muñeco de alta costura ahora está bajo mi cuidado. Pero debo advertirte: los próximos cinco cambios de atuendo pueden implicar poses ridículas y miradas dramáticas.
—¡No empieces! —río, y también lo hace él, aunque su sonrisa es auténtica me provoca inquietud—. Esto es humillante y adorable al mismo tiempo.
---
Perspectiva de Dorian
Esa risa… cómo me desarma. Cada gesto suyo me hace querer protegerlo y admirarlo a la vez. Y sí, mis manos tienden a buscar la suya en cada oportunidad. Los días se han vuelto rutinas de cariño, complicidad y, por las noches, momentos íntimos que nos acercan sin necesidad de palabras.
--
Narrador (tercera persona)
Aunque Dorian y Cam ya no están experimentando, sino construyendo una relación profunda y formal, la chispa del juego sigue presente: bromas, miradas, roces furtivos. La Navidad llega como un marco perfecto, iluminando las habitaciones, el jardín y sus corazones.
---
Narrador (tercera persona)
La relación entre Dorian y Cam alcanzaba un nuevo nivel de confianza y entrega. Dorian se convirtió en un guardián activo de la salud y bienestar de Cam, asegurándose de que comiera, descansara y se sintiera seguro.
Cam, a su vez, comenzó a mostrar un lado más abierto, más humano, sin dejar de lado su fragilidad y su historia marcada por la soledad.
Entre compras, risas y paseos por la ciudad, su amor creció: Dorian activo, Cam pasivo, pero ambos igual de enamorados y conscientes de la importancia de su vínculo. La mansión Dupont, llena de luces y aromas navideños, se convirtió en el escenario perfecto para una Navidad donde Cam, por primera vez, se sintió parte de algo más grande que él mismo: una familia, un hogar, un amor real y seguro.