Era sábado y era un día para descansar un poco más tarde. Con la pijama aun puesta y en mi pequeña bandeja mi tazón de galletas vainilla con leche eran mis favoritas. Papá siempre me las ponía lista cada vez que me sentía frustrada de pequeña y el olor a vainilla me hacía sentir protegida.
Revisé mi bandeja de notificaciones en mi portátil, pero no había ni un correo de Ada. Tomé mi móvil y vi una historia de Joice dirigiéndose hacia la laguna a pasar el fin de semana con Sara y Katy. Estaba claro porque no fui invitada. Revisé la última conexión de André y fue ayer a las 11:53 pm.
Acabo de recibir un nuevo correo, procedí a revisarlo y era de César.
— “Hola me tomé la molestia de averiguar tu correo y así poder obtener tu número ¿Tal vez?”
Empecé a escribirle… Ni bien terminé de mandarle mi número telefónico. Su mensaje llega.
— “Bien, ¿crees que desees salir hoy al parque de juegos mecánicos?
— “Oye esa es una buena idea. ¿Pasas a la 5:00pm a recogerme?
—“Creí que dirías que no, a esa hora estoy presente señorita”
Necesitaba salir a distraerme un poco en verdad lo necesitaba.
El timbre sonó y yo bajé traía puesto un vestido floral con una chaqueta jean celeste en conjunto con unos botines marrones. En el recorrido sentía la brisa marina muy cerca de mí, se sentía tan bien a lo lejos veía los juegos mecánicos y las luces alumbrando el camino hacia el parque. Llegamos lo primero que hicimos fue irnos a la máquina de simulación de carros de carreras. Era uno de mis juegos favoritos, resulté ganando a César y eso que era quien realmente manejaba uno. Obtuvimos finalmente tickes para acumular y poder obtener algún peluche u objeto que quisiéramos, pero siempre con la acumulación de tickes requerida. Nos subimos a la ruleta y observamos todo el panorama desde allí arriba. Luego fuimos por unos algodones grandes de azúcar y nos sentamos frente a una pileta del parque mientras conversábamos.
—La vida no es nada fácil, a pesar de creer tener todo económicamente. Solo tienes soledad.
—Créeme que yo sé bien cómo se siente. —le dije.
—Perdí a mi hermano hace casi 3 años, y ya nada ha vuelto a ser igual. Mis padres se separaron cada uno por su lado, yo mejor decidí vivir solo y alquilarme un departamento cerca de mi facultad. Si sigo de pie es por él, mi hermano. —me contó con un profundo resentimiento.
Apoyé mi mano sobre su brazo dándole pequeños toques, animándole que todo al final tiene un propósito. Cuando a lo lejos reconozco esa silueta dirigiéndose hacia nosotros dos. Me toma del brazo y me jala hacia él.
—Ven conmigo, no deberías estar aquí con él. —lanzando una mirada fulminante.
—¿Cuál es tu jueguito idiota? —André declamó.
—Detente, tú eres el idiota. No comprendo ninguna actitud tuya, de pronto eres irreconocible.
—No entiendes nada Harrison. —me dijo
—Suéltala André, no soy como tú, no voy lastimando gente a donde quiera que vaya.
Esas últimas palabras me aceleraron la presión arterial.
André no pudo contenerse y soltó un acelerado puñetazo. César no le siguió el juego, pero resultó herido en el labio inferior.
— ¡Para André!, eres muy impulsivo no quiero verte y no iré contigo. Vine con César y con él me iré.
Tomando el brazo de César nos subimos al auto dejé paralizado a André observándonos desde lejos.
Al llegar a casa limpié la herida de César.
—Estoy bien gracias Cailin.
—Lo lamento mucho, no esperaba que él llegase así de pronto y reaccionara así.
—Tranquila lo conozco y sé la clase de chico que es. Por eso debes alejarte o te terminará dañando.
Creo que lo mejor es alejarme, pero a la vez necesito saber por qué se comporta así y averiguar la causante de todo esto.
—Lamento no poder obtener al final el peluche de orejas grandes que quisiste.
—Pero si no te lo dije. —le dije intrigada.
—Vi tu vista enfocarse en ese peluche de orejas grandes. Te prometo que pronto lo tendrás. —tomando su chaqueta y llaves del auto.
Se despidió de mí y fui a mi habitación para aprovechar a descansar un poco. Repentinamente André me llama su voz se escuchaba llorosa y ebria.
—Te juro que no soy así Cailin, no sé qué me está pasando y me está aterrando.
Oír lo vulnerable que era André en estos momentos, era mi oportunidad para desvelar la causante de todo este lío en él y que no lo dejaba progresar.
—¿Dónde estás? —le pregunté
—Eso no importa.
—¿Dónde estás? Iré a verte.
—Frente al mar cerca al parque donde viniste.
Corté la llamada y fui por un taxi hacia él. Como deseaba en estos momentos poder tener un auto, pero recordé lo nerviosa que soy al manejar y de tantas veces que reprobé el examen de manejo.
Al bajar del taxi a lo lejos pude distinguir su atractiva silueta, se encontraba sentado frente al mar en esa silenciosa noche. Apresurada fui hacia él y le di un pequeño empujón, cuando ni bien hice eso, el apresurado y repentino abrazo me detuvo. André William me estaba abrazando fuertemente, mientras podía escuchar sus agitadas respiraciones cerca de mi oído. En ese momento las palabras no encontraban lugar para esa escena, el silencio se encargó de hacer una sinfonía.
—Lo siento Cailin, lo siento. Sé que ella se marchó aun sabiendo que quise que al menos estuviera en mi debut.
—Tú apareces como mi ángel ese pequeño rayo de luz que quieren opacar, tú no te mereces toda la mierda que estas recibiendo por mi puta culpa.
—Esa fotografía, te juro que encontraré quien nos hizo esto y le romperé el rostro.
—No necesito nada André, necesito saber que es en verdad que te tiene esclavo del alcohol y tabaco, ¿Por qué tus actitudes son tan impulsivas? No sé, pero no puedo dejarte así necesito ayudarte cueste lo que cueste.
En ese momento un silencio se apoderó de la escena y me sujetó de la cintura tomándome del cuello e hizo que sus labios sellaran los míos. Ese beso me calmó el alma ese beso me dijo todo.
—Perdón, no debí. —alejándose de mi cuerpo.
—Quiero escucharte André.
—Bien, mi vida no es la mejor. Tengo un hogar hechos añicos, un hermano postrado en cama con sueños rotos. Una madre que sufre violencia por parte de la persona que debería amarla y protegerla. Mi padre es un perdedor por más que me enfrento a él, él jamás se detiene. Pensé en escaparme de casa e ir a vivir con mi mejor amigo, pero no podía dejar sola a mi madre y hermano como presas listas para ese canalla. Mis sueños cada vez se pintan de color n***o y sin una pequeña luz aparentemente. Por último, la chica quien creí que estaría siempre para mí, la que creí que era mi girasol se marchó destruyendo todos los únicos sueños que me quedaban. Y lo hizo sabiendo que la necesitaba ese día de mi debut, la que me animó para poder cantar y perder el pánico escénico. Finalmente llegaste tú, despertaste un lado que creí que había perdido. Eres como un jodido rayo de luz.
No lo pensé y me lancé para abrazarlo, oír todo eso, necesitaba escuchar todo esto para poder entenderlo mejor. Mientras la brisa marina y el sonido de las olas nos acompañaban, él con la mirada fija en mis labios no lo dudó y me besó, me besó con frenesí como si ya no pudiera ocultar todo lo que se negaba a sentir. Bajo esas circunstancias solo deseaba estar así siempre con él, sus ojos grises brillaban bajo la luna llena de la noche.
—¿Qué me hizo señorita enojona?
—Decídete, ¿niña rica o señorita enojona?
—Los dos me encantan, ponte el casco te llevaré a tu casa.
Ahí nos encontrábamos juntos los dos, yo apretando su cintura con mis manos mientras el aire recorría nuestros cuerpos. Estaba amando subirme a su moto, pero si no era él no quería otro.
Llegamos a casa, mientras nos bajábamos de la moto en una esquina cerca de mi casa me volteó bruscamente para tomarme de la cintura y besar mis suaves labios. Luego su sombra se perdió entre las sombras de la noche y llegué agotada a mi habitación con ganas de solo dormir. Cuando de repente mi móvil timbra:
— “Llegué a casa hermosa”
No podría creer lo que realmente había sucedido hoy, todo un evento de sucesos continuos y repentinos. Mientras recorría mis labios con mi dedo índice derecho recordando los dulces besos de André William.