CAPÍTULO 13: BEST OF ME

2537 Palabras
Eran las 8:00pm cuando desperté, me levanté fui por mis babuchas y al ver mi reflejo en el espejo del baño. Me di cuenta lo desastrosa que me veía, con los ojos hinchados de tanto llorar y el cabello enredado. Empecé a volver a la realidad y recordé todo lo sucedido con André. Mi presión arterial empezó a alterarse por la rabia y decepción que sentía en el alma con él. —¿Cómo fue capaz de todo? Pero respiré hondo y me lavé el rostro, cuando terminé de hacerlo alguien le da pequeños golpes a la puerta de mi habitación. Aquellos golpes me resultaban familiar, papá tenía una típica y reconocible tocada de puertas. Al abrir mi puerta, ahí estaba él con una sonrisa dibujada en su agotado rostro. —¿Puedo pasar señorita? Solo atiné a darle un enorme abrazo mientras unas cuantas lágrimas escapaban por mi rostro. Traía en sus manos mi tazón preferido con leche caliente y galletas vainillas para mí. —Estoy para escucharte, ¿Qué ocurrió hoy? —He tenido una serie de continuos acontecimientos en la facultad que han buscado debilitarme. Fui maltratada por la mayoría de mis compañeros. Cuando iba a contarle sobre André algo me detuvo, igual no tenía caso yo ya había decidido alejarme de él. No quería más daño en mi vida. —Eso es grave Cailin, mañana mismo hablaré con el rector de tu universidad para que de una vez por todas paren de hacerte estas cosas. Pero como saben, una joven de 17 años no quería más problemas. Quería enfrentarme yo sola, porque quería ser fuerte y no verme ante todos custodiada aún por padres. —No, ahora ya está mejor todo. Hoy detuve esto. Yo puedo sola. Papá me abrazó y me dio un beso en la cabeza diciendo lo orgullosa que estaba de mí. Cuando se marchó, tomé mi móvil para ver mi bandeja de notificaciones. No había ni un correo de Ada y solo veía 10 llamadas y un mensaje de texto de André con el link de una canción titulada: “Best Of Me de Sum 41” Entré a escucharla, mientras estaba escuchando un mensaje de Joice aparece de notificación. — “Perdón por juzgarte, André es una mierda” Le respondí de inmediato escribiendo: — “¿Y ahora por qué lo dices?” —“Revisa tu red social ahora mismo lo que publicó André en su cuenta oficial” Fui a revisarlo de inmediato y me di con la sorpresa de la publicación fijada en su muro: “Tiro mi orgullo al diablo y decidí escribir estos párrafos, todos alguna vez nos vimos atrapados en las sombras de esta puta vida. Y yo fui esclavo, fui porque desde que conocí a Cailin Harrison del primer ciclo de medicina humana. Fue siempre mi jodido rayo de luz bajo las sombras y sueños rotos que creí que jamás perderían el color n***o. Pero llegó ella y trató de desvanecer cada parte de mí, cada parte de mis sueños. Todo el daño causado en ella es mi maldita culpa, desde que seguí el jodido juego de Alexis para poder salvar mi reputación, popularidad y orgullo. Ahora quiero anunciar públicamente que esta mierda se acaba y todo aquel que se meta con ella se las verá conmigo.” Casi tiro el celular de toda la impresión que poseía, él al hacer esa declaración estaba poniendo en juego al grupo. Su imagen se vería afectada completamente y no quería que pasase eso. Pero como aun así podía estar preocupándome por el idiota de André, aun así, todo eso no cambiaba todo el dolor y humillación que pasé. Era un nuevo día para empezar, los rayos del sol brillaban sobre mi cabello y alumbraban cada parque de la universidad. Estaba decidida a empezar de nuevo y estaba lista para enfrentarme a lo que sea ya no me importaba ni una mierda. Entré a clases con la mirada en alto, todos me observan como de costumbre y ahora todo me daba igual. La clase ya iba a empezar y mi mirada se dirige hacia la carpeta de André, él no estaba ahí, dentro de mí sentí extrañar sus muecas infantiles y esa mirada gris. Volví a mis libros, al salir al break Joice conmigo me empieza a decir sobre lo asombrada que estaba y todos también, no esperaban que André resultara diciendo una fuerte declaración. Me dijo que sus seguidores empezaron a bajar bruscamente, dentro de mí me sentí culpable. Pero volví a la realidad, César se me acerca saludándome, mientras hablábamos mi vista se pierde a lo lejos sobre unos cabellos ondulados y una sonrisa dulce, una dulce niña estaba jugando con las mariposas del parque de la facultad. Todo ese cuadro me hizo acordar a Sol y Daniel. Había pasado por mucho estas 2 semanas que me olvidé de mi promesa.—¿Cailin estás? ¿Estaba preguntándote si querías distraerte en el parque de juegos mecánicos? —Lo siento mucho, estaba pensando en muchas cosas. Claro pasas por mí a las 5:00pm. Al llegar a casa y almorzar con mis padres, le dije que saldría un rato por el parque mecánico con un amigo mío. Les pregunté si podía usar mi tarjeta de crédito para comprar algunas cosas, no dudaron en decirme que no. Contenta fui a alistarme, alisté todo y no podía olvidarme mi tarjeta de crédito. César estaba ya afuera los presenté a mis padres y fuimos hacia el parque de juegos mecánicos. El ocaso del sol era perfecto, el sonido de las olas rompiendo era una sinfonía en mis oídos. Fuimos a mi juego favorito, subimos a la grande ruleta, dimos vueltas en un mismo círculo por no saber usar bien los coches de choque. Luego terminamos con un enorme algodón de azúcar en forma de margarita. Era una de mis flores favoritas. Con todos los tickes acumulados, César se dio cuenta que pudo conseguirme el peluche de orejas grandes. Cuando lo obtuve nos sentamos sobre una banca con la vista hacia el mar, eso me hacía acordar la vez que vine a ver al André vulnerable. Restringí mis recuerdos para dedicarme el tiempo con César, luego le dije: —Necesito hacer algo y quisiera que me lleves hacia un pequeño pueblo no muy lejos de aquí ¿Podrás? —Claro, con toda esa sonrisa que llevas desde que te recogí no quiero que se desvanezca. Fui indicándole el camino, entre callejones llegamos hacia esa miserable casucha, cada vez se veía más deteriorada. Empecé a tocar, pero parecía que nadie me escuchaba. Cuando una señora se me acerca. —Nadie le abrirá, la abuela de los niños falleció. Ellos están bajo tutela de un lugar de refugio para niños. Escuchar todo eso dio un pequeño revuelco a mi adolorido corazón. Me quedé paralizada sin poder asimilar todo lo que pude escuchar. —Por favor me podría decir donde está el refugio de los niños.  La señora me dio la dirección, con César en el auto fuimos en marcha del refugio, en todo el trayecto mis lágrimas caían. César solo me dio un fuerte abrazo antes de subir al auto. Llegamos pregunté por Sol y Daniel, cuando me señalan a la niña de esos enredados cabellos ondulados. Corrí a verlos en llanto, Sol me reconoció y me abrazó fuerte llorando. —No están solos, llegué. Llegué tarde pero aquí estoy mi niña. Daniel no se me quiso acercar y de lejos me observaba, César ayudó mucho y se le acercó para poder entablar una pequeña conversación. Tenía planeado llevarlos de compras por ropa nueva y comida. Cuando conseguí el permiso, veía los rostros que me reflejaban soledad y un montón de sueños rotos. Pero estaba dispuesta a cumplir mi promesa, de una manera esos niños necesitaban creer de nuevo en la luz. Al llegar al centro comercial sus caritas emocionadas veían sin cesar cada parte del centro comercial. —Bien, empecemos por ropa nueva ¿Qué les parece? —les pregunté a ambos. Sí, dijeron los dos asentando sus cabecitas. Sol eligió muchos vestidos florales me hizo acordar a mis particulares gustos al vestirme. Y Daniel prefirió más sus juguetes de carros que ropa. Obtuvo ambas cosas, César también se unió a los gastos, los llevamos a por una pizza. —¡Está deliciosa! —alzó la voz feliz Daniel con ese brillo en los ojos que necesitaba ver. —Prometo traerles cada fin de semana si son niños buenos. —¡Lo seremos! —al unísono entraron los dos. Era momento de llevarlos al refugio, hablé con la tutora que vendría a verlos continuamente. Cuando una joven nos interrumpe: —Señora los medicamentos están con fecha de caducidad. No tenemos más donativos. Esas dos oraciones me dejaron con un montón de ideas, necesitaban más donativos y yo no podría cruzarme de brazos. Buscaré una solución de alguna forma. Al subirme al auto César interrumpió el silencio del trayecto. —Eres increíble Cailin no esperaba eso de ti. Déjame decirte que puedes contar conmigo. —Gracias justo eso necesito. Al llegar a casa me di un baño, para organizar mis ideas después de todo eso me hizo olvidar mi situación con André. Pero volvió cuando un mensaje de texto me sacude todo el cuerpo. — “Sé que no quieres perdonarme, pero haré lo imposible y no me rendiré hasta que lo hagas. Por otro lado, lamento decirte que César no es quien tu realmente crees, quería decírtelo en persona, pero solo me has rechazado. Al menos podrás leer esto. César fue quien se encargó de tomarnos las dos fotografías, con el fin de destruirme y que caiga.” Una vez más que era todo esto, las personas que están conmigo suelen ocultarme siempre cosas o yo me las buscaba. Quería llorar, pero me calmé y me quedé dormida. Los rayos de luz que traspasaban la ventana de mi habitación me despertaron con los ojos entrecerrados. Me levanté vi la hora esta vez me había levantado antes que la alarma sonara. Me alisté para ir a la estúpida facultad. Con los audífonos puestos en alto volumen me dirigí hacia mi salón de clases ahora todo aparentaba normal una vida universitaria normal. Nuevamente no encontré a André sentado y creo que ya no me importaba o al menos eso pensaba. Al salir de la facultad César se me acerca. —Puedo saber por qué la gente es tan falsa. —¿Dé que hablas? —me dijo César desconcertado. —Ya sé que fuiste tú quien se encargó de tomar esas fotografías para luego divulgarlas. ¿Por qué tanto daño para André? —Sí, fui yo, pero tengo mis razones. —¿Cuáles son tus estúpidas razones? —¿Te acuerdas de mi hermano que falleció? Pues él tuvo mucho que ver, era amigo del acosador de mi hermano. Alexis se encargó de hacerle mierda la vida de mi pobre hermano, se aprovecharon de él. Él era destacado, así como tú, pero se enteró de cosas. Vio a Beth y Alexis teniendo intimidad cuando Beth estaba en una relación con el capitán del equipo de Fútbol. Mi hermano no iba a hablar, pero Alexis tenía tanto miedo que empezó a acosarlo por toda la universidad. André sabía eso, incluso creo una página para perdedores donde subió algunas fotos de mi hermano y el mismo patrón que encontraste pegado en la puerta de tu casillero. Le llamaron: “El pase de la justicia” ¿Qué irónico no? Escuchar todo eso me heló la piel mi sistema nervioso aún estaba asimilando lo que mi emisor me dijo. Me marché dejando a César para ir por mi paradero de bus e ir a casa. Cuando llegué a casa me tiré a la cama para pensar todo. Realmente todo era muy confuso, mi timbre suena y veo a Joice acercarse hacia mí. —Vamos tengo que llevarte a un lugar. —Espera, no. Me jaló del brazo y me llevó hacia su auto. —¿A dónde vamos? —Ya lo sabrás. Cuando llegamos el ambiente parecía un campamento y en el frente estaba el grupo de André y él cantando. Me vio sus ojos brillaron con la luz de la noche. Joice me llevó hacia él, cuando empezó a sonar la canción que me envió como mensaje de texto para escucharla. — “No te diré mentiras, voy a hacer acusado, con mi mano en mi corazón solo estoy tratando de decir lo siento, es todo lo que puedo decir.” Al acabar de cantar dirige unas palabras: —Ahí está el amor de mi vida unos aplausos por favor. —señalándome. Cuando ya estaba por marcharme mejor de ese lugar, me detiene y con su aliento a puro alcohol me da un beso para tranquilizar mis miedos, inseguridad, inciertos. —No pienso soltarte Harrison. Me estoy enamorando de ti, ¿A caso no es notorio? He perdido muchos seguidores, he recibido muchas críticas, insultos. Y yo solo deseaba tenerte a mi lado a mi jodido rayo de luz. —¿Por qué solo buscas lastimar gente André? —He desechado todo clase de sueños rotos a las sombras de los lamentos ellos se encargarán de cuidarlos bien, significas tanto aunque no me enseñaron otra forma de querer, no tengo duda alguna que te quiero desde la mejor forma que sé. —¿Fuiste cómplice de Alexis? —Así que eso te dijo ese estúpido, pues te diré la verdad siempre. Yo era el amigo de Alexis, pero jamás estuve de acuerdo con lo que hizo. Lo único que hice fue crear una página de perdedores y subir algunas fotos, pero eliminé esa página porque me di cuenta de que lo que estaba haciendo era destruir una vida. Cuando me enteré del s******o no pude contenerme y acusé a Alexis por si no lo sabía César. Yo jamás tuve algo que ver en todas las agresiones. Todos dicen que un ebrio en ese estado siempre suelta la verdad. Y mi corazón creía a André William. El silencio ocupó un lugar en esa escena y yo esta vez me lancé sobre él y lo besé acariciando su cabello. Nos subimos a la moto y nos dirigimos hacia el mar. Estando ahí, me carga sobre sus brazos para bajarme de la moto. —Lo siento tanto, lo siento tanto no puedo perderte. —mientras su rostro pegado al mío con la mirada fija en mis labios. —Voy a creerte siempre André. Al terminar esa pequeña oración, juntó sus labios con los míos. No me importaba su aliento a puro alcohol. Solo quería que este momento no acabase. —Solo ya no quiero que tomes más. Y no manejes estando en esas condiciones. —le dije mientras acariciaba cada una de sus cejas. —No es nada fácil cuando tienes tantos problemas, incluso un padre alcohólico que se supone que debe ser tu ejemplo para seguir. —Al menos podrías intentarlo. —le dije con mi mirada convincente puesta en él. Me apegó hacia él y me dio un beso en la cabeza tomándome de la mano, mientras observamos el azul del mar.  
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR