El fuerte viento comenzaba a sacudir las cortinas de aquella habitación. Se habían quedado en silencio escuchando como la lluvia caía con mucha fuerza. Mientras las fuertes ráfagas de viento hacían que el agua comenzara a ingresar por los bordes de los enormes ventanales. El príncipe acercó a Ana a su cuerpo y se encontró con esos hermosos ojos verdes esmeralda que parecían atravesarlo por completo. Él avanzó lentamente hacia sus labios para comenzar a besarla. Sus besos eran los más dulces que había probado en toda su vida. Lo dejaban completamente extasiado, sintiendo el placer; admiración y alegría tan intensos, que no podían pensar ni sentir nada más, estaban totalmente entregados el uno al otro. Esclavos de sus propios deseos; carentes de toda voluntad y fieles subordinados de la p

