Un beso

1359 Palabras

"Respira, Clara. Solo respira y haz lo que te pide", me ordené a mí misma. Cerré los ojos un segundo, y en esa oscuridad vi la cara de mi padre, pálida y sudorosa, luchando por cada bocanada de aire en aquella cama de hospital. Vi el aviso de desalojo, ese papel blanco y frío que representaba el fin de generaciones de esfuerzo en la granja. ¿Qué culpa tenía yo de haber nacido pobre? ¿Qué pecado había cometido para que el destino me pusiera en esta encrucijada? Ni teniendo tres trabajos en esta ciudad devoradora podría reunir la cuarta parte de lo que costaba la vida de mi padre. Mis sueños de infancia, esos cuentos de hadas donde un príncipe me rescataba y nos casábamos por amor bajo el cielo abierto de la pradera, se disolvieron como humo en el aire viciado de Toronto. No iba a haber vel

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