Conocer al diablo en persona

1809 Palabras
—Señor Antón, acaba de llamar el señor Evans —inmediatamente dejé de hacer lo que hacía para mirar a mi asistente y mi mano derecha, Giordano Bruno. él me sonrió, sabía que me diría algo mas por su reacción a esa llamada. —No hay nadie que no tenga precio, ¿no es así? —Giordano levantó el hombro haciéndome ver que él no sabía nada a lo que me refería. —Solo hay un detalle Diablo. —me dijo, y con esa frase se acercó más a mi y me miró fijamente, luego dijo: —El padre quiere diez millones de euros por ella —lo miré de reojo. No dije ni media palabra al respecto, pero sabía que él si tenía mucho que decir. —Giordano —estas muy callado, dí lo que piensas —insistí a que me dijera lo que tenía en mente. Yo me recosté en el respaldar del asiento para mirarlo y dar toda mi atención a él. —¡Es increíble creer que tu pagues por una mujer, si ellas están delante de ti obsesionadas contigo, y tú comprando el amor de esa chica! —dijo Giordano. —Le daré ese dinero, ella lo vale. —dije sin mas preámbulos. —vi su reacción, así que volví a decirle. —¿Que tiene? Lo tomaré como si fuera un regalo que le doy a sus padres que la han criado bien para entregarme a mi a su ser mas preciado ¿no crees que es una buena transacción? —Y... ¿que hay de aquella chica? ¿ya la olvidaste? La chica del pueblo pequeño, la que te ayudara siendo tan solo una niña. —¡No, no la he olvidado. Además ya pasó tres años completos y no he podido dar con ella. Así que una enorme contribución es lo que le daré, por eso la busco. —vi su semblante confundido, así que le aclaré. No es que la convierta en mi esposa, no la busco para eso. —respondí sin pensar mucho en ese detalle. —Giordano hizo silencio, él si había alcanzado a ver a esa joven que me salvara la vida hace tres años atrás en una emboscada que sufrí en cercanía a un pequeño pueblo, desde entonces Giordado siempre trata de recordarme que le debo mi vida a una chica joven. —Entonces, deberías tan solo comprar a esa chica y luego que te canses de ella, deberías continuar con tu vida —volvió a sugerir Giordano. —Eso dependerá. —¿De que dependerá? —volvió a preguntarme. —¿De que tanto me guste ella cuando la vea en persona.—dije riéndome de su cara rígida. —Mmm, ¿Y cuando la verás? —preguntó interesado. —Hoy pretendo ir de sorpresa a casa de sus padres. Giordano movió su cabeza y salió de mi oficina, hoy había descubierto que él no toleraba para nada a Alana, estaba en contra de esa chica. No sabía porque, pero él no la quería ver ni en pintura. Había decidido que esta noche iría a casa de los padres de Alana y la tendría de cerca, me vería cara a cara esa preciosidad. ( ... ) Mientras tanto en casa de los Evans... —¡Alana, hija mía!, ¿ya terminó tus vacaciones? ¿Porque volviste a casa? —Ay mamá, volví porque ya estaba aburrida de viajar. ¿Acaso no me quieres de vuelta en casa? —la señora Alicia suspiró y dijo. —¿Cómo no te querría de vuelta? solo que nosotros estamos ocupados trabajando para el futuro. —dijo Alicia su madre. Se dirigió directo a las habitaciones, solo para encontrase cara a cara conmigo. Me miró de soslayo, pegó un aullido de perro rabioso. —¿Mamá y ella quien es... es la nueva sirvienta? —No —respondió la madre mirándome de lado. —Helena, trae el almuerzo de Alana a su habitación —ordenó de inmediato. —A menos que quieras que la envenene, estarás pidiendo que yo le sirva su comida. —sonreí como una bruja real, bueno no era, pero fingí serlo. —Esta rebeldía te la cobraré con un precio muy alto —me amenazó. —Ay mamá, ¿quién es ella? No me agrada, échale a la calle ahora. —No puedo botarla hijita mía —Alana levantó una ceja mirando a su madre, la mujer bostezó una sonrisa cínica y dijo para tranquilizarla. —Ven conmigo, te voy a contar lo que sucede. —la famosa Alana me lanzó una mirada fría y caminó detrás de su madre. Respiré aire como tratando de apaciguar mi espíritu ansioso, fuí a la cocina a servirme un vaso de agua. Mientras que en la habitación... —Mamá, esa mujer no me gusta —dijo Alana. —Lo sé, a mi tampoco me gusta, pero no te preocupes, será por muy poco tiempo que ella esté aquí. —¿Que pasará con ella? ¿Al fin la botarás de casa? —la rubia despampanante se rió con euforia antes de explicar que haría conmigo. —Algo mucho mejor, la entregaremos por esposa a un peligroso delincuente, él nos pagará por ella. —Alana casi se atraganta al escuchar eso. —¿Que delincuente es? —¡No lo conoces, pero se obsesionó contigo! —dicho eso, miró fíjamente a su hija. —¡Qué! ¿Quién es ese hombre?" —Ya te expliqué. Lo estamos engañando, le hemos hecho creer que eres tú a la que le entregaremos en matrimonio, así cobraremos los diez millones de euros y nos iremos a vivír a Miami. —Alana quedó algo silenciosa y luego preguntó. —¿Estás segura que el hombre es un delincuente? Porque para tener diez millones de Euros listos para dar, a de ser un hombre muy acaudalado, muy rico. —dijo Alana, era joven, pero era pájaro de alto vuelo. —Mamá, si es millonario, me interesa ese hombre. —dijo Alana. —Es un delincuente de alta Gama, un gánster mafioso, lo apodan el Diablo. —¿De verdad quieres estar con un hombre de esa reputación? —le cuestionó Alicia su madre. —Oh ya, stop, stop, ya no quiero saber nada de él. Será mejor si le entregas a la andrajosa esa y ya nos vayamos de aquí. —miró con recelo a su madre y se acostó en la cama. Quedé en la puerta escuchando la conversación de las dos mujeres, era verdad que no me habían puesto vigilancia, pero me estaban amenazando con hacerle daño a mi madre enferma, y mientras yo hiciera lo que ellos querían, al menos mi madre tendría atención médica. Volví a mi habitación, miré los tres vestidos que la esposa de ese señor dizque mi Padre, trajo la noche anterior. Según hoy me llevaría a conocer a esa persona. Estaba perdida en mis propio mundo de ideas cuando sin tocar entró la tal Alana a la habitación donde yo estaba, me vió de pies a cabeza, inclusive me apartó mis flequillos de cabellos de un lado a otro, arqueó una ceja e hizo un chirrido, era una chica muy arrogante, tenía un aura muy oscura. —Asi que somos hermanas, dicen —dijo en tono burlón y despectiva. —Media hermana —corregí sin vacilar. Resopló de disgusto y volvió a señalar. —También, no eres tan bonita como cree mi madre que eres. —hice un silencio notorio, pues no me había dado gana de entrar en discusión, eso era lo que ella buscaba. —¡Hey es a ti a quien hablo, salvaje! —gritó iracunda. Sin darme tiempo a reaccionar me da un manotazo en el rostro, me deja viendo estrellas de tanta fuerza que usara. Quedé con la cara de lado, enseguida empezó a hinchar la piel y solo volví a verla, no sé exactamente que expresión puse, pero ella se atragantó con mi mirada, su madre entró corriendo y en vez de regañar a su hija, me atacó a mi diciendo que yo provoqué a su hija. —Prepárense por que pagarán lo que me hacen. —dije molesta. En ese momento llegó dizque mi Padre, me oyó claramente que le hice esa amenaza, así que muy molesto me empujó haciendo que me cayera en la cama, el borde del cuartón de ésta era de madera y me golpeó en la sien, empecé a sangrar, pero ni aún así él me socorrió. Los tres salieron de la pequeña habitación, antes de desaparecer, Alana me volvió a ver, emitió una sonrisa satisfecha al verme en esa posición. Había pasado tres horas después de ese incidente, me metí dentro del agua y me había quedado ahí por un buen rato. Escuché tocar en la puerta, era mi madrastra Alicia, estaba sofocada y buscaba por todos los medios ayudarme a vestir. —Él llegó antes. Por favor, no hagas berrinches, dí si, si y no, no. —Como tratando de afianzar mi conducta, volvió a repetir. —Ya sabes, de esto depende el tratamiento de tu madre, dijo. —No formulé palabra, mi cabello estaba mojado, goteaba el agua de ella. La mujer trató de maquillarme, aún así, se notaba la hinchazón de mi rostro. Subí las gradas para subir a la planta de arriba, la habitación que me habían dado era en el sótano. Al entrar a la sala, vi al hombre parado de espaldas, se mostraba muy elegante en un traje fino, su hombro era ancho, se percibía fuerte y al volverme a ver, traía unas gafas de sol oscuras que le caían como anillo al dedo. —¡Alana! —dijo y se acercó a olfatear mi olor, lástima, yo no usaba nada de fragancias, así que me sentí cohibida. —Me la llevaré a dar un paseo —dijo eso y me tomó de la mano, pero me puse rígida y más bien parecía ser una estatua humana. Me volvió a ver, tratando de ver mis ojos, pero yo mantuve la mirada al suelo. —No, aún no puedes llevarte a mi hija —dijo el maldito hombre que se decía ser mi Padre. —Señor Evans, seré su esposo mañana, ¿por qué no puedo llevarla? ¿acaso desconfianza de mi? —el cobarde carraspeó su garganta y dijo. —No es desconfianza, solo trato de que la gente no hable mal de mi hija, su reputación estará en juego. Me soltó y se encaminó hacia el distinguido señor Evans, y dijo lo siguiente: —Veo que te preocupas mucho por el qué dirán, sin embargo mi novia está golpeada. Por supuesto la llevaré conmigo ahora mismo. Al parecer, el había notado la hinchazón de mi rostro. Me tomó de la mano y me sacó de aquella casa.
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