En el transcurso en que el auto se desplazara, el hombre solo se limitaba a manejar, venía solo sin nadie mas, para lo que había oído de él, que era un Gánster mafioso, debía andar rodeado de matones llenos de tatuajes estremecedores en todo su cuerpo, pero el estaba limpio.
Mis ojos rodaron discretamente de un lado a otro, la palma de mano eran con dedos largos, delgados y blancos, su piel era hermosa, lo sé, lo pude notar, le dí un festín a mis ojos, además, aún cuando llevaba gafas de sol y sombrero n***o, me parecía que él me era conocido, "ya sé, me estaría volviendo loca" pues solo había alcanzado a ojear revistas para mujeres que las demás colegialas llevaran a escondidas a la escuela.
El carraspeó su garganta, me hizo agachar la mirada.
—Te haré unas preguntas, respóndeme con sinceridad, la honestidad sobre todo. —me dijo.
"¿Que de qué diablos hablaba?" él hablando de honestidad cuando era un capo mafioso.
—Entonces, tierra llamando a Marte, ¿me escuchaste lo que dije? —cuestionó mirando con ojos severos.
—Si señor —respondí de forma evasiva.
—Quiero que seas honesta conmigo. —asentí y él pudo continuar con su cuestionamiento.
—¿El señor Evans y su esposa, son tus padres? —¿Que debía hacer yo en este caso?, ellos ya me habían advertido acerca de contarle la verdad.
—Si señor. —respondí a secas.
—Bien. —dijo.
—Quien te golpeó en la cara. —no dije nada para empezar. Vi que se impacientaba y me volvía a ver.
—Te voy a decir lo Segundo que odio. —se acercó a mi y me miró bien, al hacerlo noté sus ojos claros, verdes.
—No me gusta que me hagan esperar —me dije en mi mente, "algo más que no le guste al señorito" y como si leyera mi mente, empezó a enumerar mas cosas que no le gustaba a él.
—No soporto las mentiras, no tolero la traición, recuerda esto, yo mando, y nadie me puede traicionar, mucho menos mi esposa.
—Pero... yo no soy tu esposa —respondí y miré por la ventanilla hacia afuera. No le había visto hasta rato después al ver su reflejo en el vidrio oscuro, él estaba sonriendo solo.
El auto aparcó frente a un establecimiento enorme, de esos que nunca había pisado en mi corta vida, entramos, antes de caminar hacia las gradas eléctricas, él me tomó de la mano, tuve un sentimiento raro en verdad, era así como una sensación de calor, de sentir que mi corazón se saldría por mi boca, de querer saltar bardas, como que comí cosas picantes o de echar a llover fuego sobre mi cabeza. ¿Le habían pasado algo similar asi a ustedes?
¿Era esta sensación el miedo a este hombre?
Me dijo: —Elija todo lo que te guste —mi madre siempre me repetía, no hay nada gratis en esta vida, incluso si te sonríe alguien, querrá que tu le sonrías también y que seas amable.
—Señor, no es necesario. —el frunció el ceño, me dijo.
—"¡Ah, no deseas ropa de marcas, ropa del último grito de la moda!" —me miró espectante, le respondí que no.
Se tomó de la barbilla y me miró de pies a cabeza, se acercó a mi y me dijo:
—Está bien. Pediré que mande toda la tienda a nuestra casa. —sus palabras me dejaron patinando en el aire, "¿nuestra casa?" Habla de nosotros???...
Me llevó a una joyería, le dijo al hombre vestido de traje elegante en el mostrador.
—Muéstrame los anillos de diamantes exclusivos. —Enseguida volteé la cara para mirarlo.
—No necesito un anillo de diamantes.
—Alana Evans, eres la primera mujer que me interesa, ¿cómo no colmarte de lo mejor y más caro? —te equivocas señor —le contradije.
—¿En qué me equivoco? —me tomó del hombro y me cuestionó así mirando fijamente a mis ojos.
—Señor —el me interrumpió de inmediato.
—No vuelvas a llamarme Señor, llámame Antón De Luca.
—Me llevó a cenar, casi no toqué la comida, ¿Quién estaría llenando el estómago teniendo el corazón vacío? De vez es cuando el anillo en mi dedo brillaba, yo apreté mi mano para subyugar la presencia del diamante en mi dedo.
—Quiero que estés lista temprano en la mañana, enviaré por ti.
—¿Para que? —pregunté con cara de confusión.
—¡Para casarnos?, ¿Acaso no te lo ha dicho tu padre, el señor Cornelio Evans?
Yo tartamudié de la ansiedad, lo miré casi a punto de perder la lucidez, en una semana cumpliría 17 años, ¿me estaría casando ya? ¿Era lo que quería? Absolutamente no, mi padre me estaba vendiendo por diez millones de euros a este hombre apodado el Diablo.
—Vamos, ya llegamos —me dijo, se bajó del auto, me abrió la puerta del coche, me dijo —yo también entraré a pedir tus documentos personales —finalizó.
Al entrar, el señor Cornelio Evans estaba sentado en el sofá, se puso de pies en un salto, su mujer, la misma que amara el dinero desde mi percepción, también corrió a saludar al tal Diablo, incluso se inclinó para reverenciarle.
—Solo quiero pedir los documentos de identidad de Alana —dijo, momento que aproveché para decir sin sopesar en la gravedad de la situación.
—Me llamo Helena —el hombre se volvió a mi y repitió.
—¿Helena? —sabia que la había encavado su historia falsa, la de estas dos personas, así que le expliqué rápido.
—Alana es el nombre con el que me llama mi papito, pero en documentos me llamo Helena. —dije.
—Trae tus documentos —demandó Antón De Luca, caminé rápido a las escaleras del sótano, bajé a la habitación, no me había percatado que al hombre le había parecido fuera de lugar verme ir a esa dirección, me había seguido hasta la puerta, vió el cuchitril de habitación que me habían mantenido, había echado un vistazo rápido, y había vuelto arriba, mi padre lo había seguido abajo y luego arriba, sabiendo el descubrimiento de él, ya no podía esconder nada más.
—Es su habitación de castigo, ella nos desobedeció y la envié por unas noches a dormír en esa habitación de abajo.
Dijo excusándose. Yo subí y le extendí mi documento de identidad, luego eché un vistazo a los dos, me parecía que eran unos buitres, me miraban como si quisieran arrancarme la piel.
—Me iré ahora —dijo Antón De Luca, mirándome. —Llámame si necesitas algo, no importa la hora o el día que sea— aclaró.
Atrajo a mi Padre al despacho, le dijo entonces al estar solos.
—Ni un castigo mas a mi esposa. Cuídate si la vuelves a lastimar aunque sea un mal gesto, no les perdonaré. Ya saben mi reputación. —amenazó con rabia.
—Esta noche tendrán su dinero. Ella ya no es de su incumbencia. —dicho eso, salió y se alejó de aquella casa.
[ ... ]
Una vez afuera a solas...
A solas suspiré hondo, soy un hombre que no me inmiscuyo en nada en el que no gano nada.
No sabía que me había pasado hoy. Algo dentro de mí había cambiado al parecer.
Había ido ahí con el propósito de conocerla de cerca, tratarla un poco para desinteresarme de ella,
si fuera posible, pero resulta que en cuanto la ví de frente, algo cambió en mi mente.
Sentí una enorme necesidad de hacerme cargo de ella, claramente noté el golpe en el rostro, me di cuenta de la hinchazón en su rostro, el maquillaje mal puesto, el pelo mojado, todo era indicio de que esa chica no había sido bien tratada en esa casa.
Camino a casa, eché una llamada a Bruno, sabía que era de noche, pero necesitaba de las habilidades de Giordano Bruno, mi asistente y considerado mi amigo y mano derecha.
—¿Si, es un espanto de persona, no es así? —fue lo primero que dijo, refiriéndose a ella, puse mis ojos en blanco y respondí —¡No, no es así!
—Te he llamado para algo mas.
—¡Oh!, ¿como que?
—Quiero saber acerca de la vida completa de Cornelio Evans, también la de su esposa. —la curiosidad llenó el tímpano de Giordano, él preguntó de nuevo.
—¿Por qué harás eso?
—Me temo que algo están escondiendo ellos, y quiero saber.
—Esta bien —respondió Bruno.
Sabía que él me haría ese trabajo antes de desposar a la niña, por supuesto que sí había algo, no era ella la del problema, si no sus padres.
Enseguida Bruno se acercó a la mesa donde se encontraba la gente con quien había venido, se despidió de sus acompañantes y se fue a la oficina, iba a investigar la vida y milagro del señor Evans.
Al sentarse ante la computadora y empezar a hackear el sistema de datos de todo el país, se dió cuenta muchas cosas de este hombre.
Por ejemplo, el señor Cornelio Evans estaba casado con una mujer por nombre Lisa Melendez, su matrimonio solo duró dos años, pues en simultáneo él llevaba una relación clandestina con Alicia Ortiz.
Después de que dejara embarazada a su esposa Lisa Melendez, se unió en unión libre con su amante Alicia, y solo dos meses después nació Alana Evans, de la otra mujer y su embarazo nunca volvió a hacerse cargo, aunque a la hora se nacer su hija, Cornelio Evans todavía seguía casado con la madre de Helena, lo cual determinaba que Alana era una hija ilegítima, aunque después se divorciara y se casara con su amante dándole un estatus respetable.
Giordano siguió la investigación casi toda la noche, descubrió que la otra mujer se llamaba Lisa Melendez, también había tenido una hija, esta chica tenía casi los 17 años, era menor que Alana por cuatro meses.
También descubrió que la otra hija de Cornelio Evans se llamaba Helena, según las fotografías que él estaba viendo, esta chica era una jovencita muy hermosa, tenía ojos claros, cuerpo delgado, piernas largas y esbeltas, cintura pequeña, una belleza con naturalidad.
Y cohincidencias o no, era del mismo pueblo en el que Antón De Luca sufriera un atentado de sus enemigos, el cual hubieran salido con las suyas si no fuera por que una valiente mujer ayudó a su jefe, el Diablo.
Cómo la investigación lo hiciera casi toda la noche, Giordano Bruno se quedó dormido en el escritorio, en la madrugada se había pasado al sofá espacioso.
Dando el tiempo suficiente de dejar que Antón De Luca se terminara por casarse con Helena Evans y no con Alana Evans.