Al día siguiente, alrededor de las diez de la mañana, llegó un auto de color oscuro brillante. De ella se bajó un hombre vestido elegantemente, traía esmoquin,. parecía un pingüino del polo Sur.
Al salir de la habitación, que por cierto, por una noche era de lujo y espaciosa, ellos me trataron debidamente, en este caso, no me gritaron, no me ofendieron, solo me ayudaron a tomar un baño se rosas con burbujas, me dieron de comer, y mi madrastra me maquilló el rostro, todo um espectáculo de una familia ejemplar.
Cuando iba a salir de aquella vivienda, el hombre que se manejara cómo mi Padre, me dijo:
—Helena, te vez tan hermosa como lo fue alguna vez tu madre. —escuché su discurso barato, no le creería nada acerca de lo que dijera. Ya me había traído aquí con el fin de lucrarse de mi cediéndome como esposa a un desconocido.
—No lo hará —dijo Alana, quien apareció abajo en las escaleras.
—Deberia dejarla en la calle ahora y no dejar que sea la esposa de un poderoso hombre. —balbuceó con rabia. Su Madre se acercó a Alana y trató de explicarle.
—Esto es por tu bien Alana, ella creció en la calle, es casi ya una delincuente peligrosa, pero tú... tu mi pequeña princesa, ese hombre no te tratará como bien te mereces.
—¡Mira afuera mamá, mira bien! ¿crees que él es un don nadie? ¿Tendrá ese auto de lujo ahora y otro mas ayer? El es súper millonario, lo sé... y ustedes le están dándole un buen esposo a esta gata.
—¡La gata eres tú! Te arrastras detrás de un hombre por su dinero. —dije en un momento de descontrol.
—¿Crees que si no me obligaran a casarme estaría hoy aquí? —me sentía increíblemente valiente para gritar sus verdades en sus caras, miré a Alana y le hablé directo a ella.
—¡Anda, diles, convéncelos que me dejen ir, quiero ser libre e irme junto a mi Madre! —Alana se acercó para intentar golpearme, pero sus Padres le impidieron. Le dijo en tono asustadizos.
—¿Quieres que su esposo que es un Gánster peligroso nos asesine? —Alana respiró con dificultad, ella se puso a llorar para luego decir.
—Cámbiame por ella. Dile que hubo una confusión y que ella usurpó mi identidad para buscarlo y sustituirme.
El señor Cornelio se puso ansioso y preocupado, por que había ocurrido un retraso en que la novia saliera, un Guardaespaldas y el conductor se acercaron a la puerta.
Enseguida, me empujó hacia afuera y me dijo:
—¡Vé, vé, vé! —con el ceño fruncido dijo. —Solo no olvides que llevas mi sangre, y que yo soy tu padre. —me volví y le susurré en su oído.
—Padre es quien cuida, ama, cría.
Dicho eso abrí la puerta y caminé hacia ese auto ne'gro. Al abrirme la puerta, entrar y sentarme, cual fue mi sorpresa, ví a ese tal Antón De Luca sentado ahí en el asiento de pasajeros.
Su mirada se posó en mi, y sus pupilas se dilataron al verme, traía un velo transparente, se veía mi rostro, y yo le miré con algo de ansiedad.
—Vamos al registro de casamientos —lo mencionó como si fuera algo normal. Que sabía yo que debía hacer para casarnos.
En un momento dado, el vehículo se detuvo, él salió primero y luego dió la vuelta para abrir la compuerta del auto, me bajé y me tomó de la mano, entramos, había otras dos parejas que de seguro querían casarse también, pero en cuanto llegamos, las personas que trabajaban ahí nos atendió sin demora alguno. Vi claramente en los rostros de las demás parejas mucha insatisfacción, y tenían la razón, este hombre y yo llegamos en tercer lugar y fuimos atendidos como a los primeros.
—Señor De Luca, firme aquí y aquí y en los siguientes documentos para que usted quede totalmente casado con esta jovencita. —el sonrió.
—Señora De Luca, usted ya es la esposa de este hombre.
—No he firmado nada —dije en tono áspero.
—Hazle firmar también, aunque su padre y su madre ya lo hayan hecho. —dijo Antón.
—Entonces te has casado con ellos, no conmigo. —la mujer del registro se echó a reír de mis palabras, no me había dado cuenta que el hombre se había puesto verde de coraje.
Al fin, me dieron unos documentos, los firmé y di la vuelta, no sabía por qué tanto rollo con este casamiento, para que me vistió como Novia? yo no era uno de verdad. La mujer del registro dijo:
—Pasen por aquí, se les tomará una foto juntos. —fruncí el ceño, porque habría que hacer eso, pensé.
El hombre me tomó de la cintura y me dirigió hacia otra habitación, después de unos minutos salimos listos, la mujer nos miró con picardía y dijo:
—Él es un hombre felizmente casado, pero ella parece que va a un velorio. —fue la primera vez que le viera enojado a este hombre, él fulminó con ojos feroces a la mujer y la regañó.
—No estas aquí para dar opiniones, absténgase de hacerlo o perderás la lengua. —la mujer quedó petrificada al escuchar semejante amenaza, yo quedé como ensordecida de verlo actuar así.
Parecía que estaba enojado, no me esperó, caminó con pasos ágiles hacia el auto, me dejó atrás sola.
—Señora De Luca, aquí están sus tarjetas de matrimonio, estás legalmente casada con Antón de Luca. —Solo asentí, tomé las tarjetas y salí afuera del edificio.
El carro seguía ahí, caminé hacia el, el guardaespaldas abrió la puerta, vi que el espacio estaba vacío, el hombre que me abriera la puerta regresó a un segundo auto y comprendí que el estaba ahí, el chofer encendió el motor y empezó a desplazar la máquina.
Estuve en silencio en todo el trayecto, de vez en cuando miraba aquel par de tarjetas rojas que me habían dado.
El auto se detuvo en frente de una gran Catedral, veía como estaba adornados con muchas y muchas flores blancas y rojas, me dije, "es tan hermoso todo" sin embargo no hacía feliz a mi corazón.
Por un momento, me había perdido en mis pensamientos, alguien hizo toc, toc, levanté la vista y vi al hombre alto parado junto a la puerta del auto, abrió lentamente, me extendió la mano, dudé por unos minutos estrechar esa mano, asi que vi claramente que se enfadara conmigo.
Salí del auto a como pude, traía un vestido blanco largo estrecho a mí figura, era un poco difícil moverse en un ambiente así.
Me agarró de la mano, lo estrechó entre el suyo me llevó con él. Al fin entramos, todo estaba vacío, no había mas que diez personas incluídos el padre que nos casaría, y ese lúgubre hombre junto a su esposa; mi supuesto padre y su esposa.
Al pasar a su lado, ella me lanzó una mirada de cachorro tierno, su tétrico desencaje de actualización. Pero yo que sentía tanta rabia en mi interior, le vomité unas palabras llenas de dolor.
—¡Bruja ponzoñosa! —enseguida mi ahora marido, me volvió a ver, el dijo:
—Compórtate señora De Luca. —su sola afirmación de mi nueva situación me agrió la mente, me detuve abruptamente sin querer dar un paso mas.
—No hagas estos juegos conmígo, recuerda, tus padres podrían pagar con sus vidas tu osadía. —amenazaba a ese par de delincuentes, como si me importara un rábano.
Aún tenía el impulso de salir corriendo de esa iglesia, quería auto controlar mis impulsos.
Alguien me tocó el hombro, se agachó discretamente y me dijo:
—Recuerda que tengo a tu madre en mis manos, también recuerda que ella necesita mantenerse hospitalizada y bajo tratamiento médico —temblé como hoja seca ante su amenaza, con su objetivo logrado, dijo de nuevo.
—¡Cásate sin demora y piérdete de mi vida! —mis lágrimas recorrieron mi mejilla.
Era tan joven para odiar a este hombre que decía ser mi padre, pero lo odiaba a morir.
Quise formular palabras, pero sin embargo mi lengua se había trabado.
Me dejé llevar hasta el altar, y de ahí lo que ocurriera, ya no lo sentía en juicio, nada estaba bien, me había anestesiado ante lo inevitable.
Una hora más tarde, él me llegaba en auto, al llegar,. otro hombre alto corpulento lo recibió. Vi que se encerraron en una habitación contigua, me senté en un enorme sillón, me derrumbé.
No sé cuánto tiempo había pasado, el hombre con quien me había casado me llamaba, desperté ágilmente de un salto.
Solo alcancé a escuchar decir a gritos; "¡No la quiero ver de nuevo!" el hombre que tenía de frente, era otro y quién gritara diciendo que ya no quería verme, era Antón De Luca, con quién me había casado.
—Señora De Luca, ven conmigo. —me dijo el hombre alto y fortachón.
—¿Quién eres? —pregunté mirándolo de reojo.
—Bueno, soy Bruno Giordano, amigo y mano derecha de su esposo Antón De Luca.
—¿A dónde me llevarás? —consulté bostezando de sueño.
—Su esposo Antón descubrió que usted no es Alana Evans, está muy enojado contigo. —me explicó, consideré que era alguien muy amable conmigo.
—¿Dónde se fue? —jah, no querrás saberlo, creo que fue a ajustar cuentas con tu Padre.
—¿Eso hizo? ¿Bueno se lo merece? — dije frunciendo mis cejas.
—¡Haber, dime por qué crees que se merecía que le vieran la cara de tonto!
—Bueno, no me refería a él, sino a ese dizque Padre mio, pero igual él también se merece esto.
—Debió echar de ver que yo no era Alana, si tanto le gustaba ella debió ver que yo no era ella. Además un Padre no se deshace de una hija así como este malvado le puso precio a mi cabeza.
—El Diablo le hará pagar si. —dijo en pocas palabras.
—¿Qué diablo? —el se volteó para mirarme, luego dijo. —Tu esposo con quien te casaste.
—Umph, se anula el matrimonio y ya, no es problema de otro mundo. —dije minimizando todo.
—Hay niña, estás en medio del fuego, si supieras en qué posición te han dejado esos estafadores, no dirías eso. —me advirtió aquel hombre de presencia guapa y distinguible.