Se sabía que, en aquel entonces, la justicia colombiana (esa que rara vez funciona), estaba tras los capos de la mafia del cartel del Valle, por lo que el caleño, hablaba casi como un profeta acerca de lo que le ocurriría, y por ello se apoyaba en Amaranto, para dejar una suerte de “testamento” que nadie pudiera rastrear, y que tal, y como se lo había propuesto el joven, le serviría para empezar una nueva vida con su familia en un nuevo lugar. Tras una semana de larga espera, por noticias de la joven madre del hijo del caleño, los hombres del narcotraficante, recibieron una llamada de un supuesto informante que había visto a la joven en un barrio contiguo a la ladera en el Oeste de la ciudad; el informante mencionó al pequeño niño, que probablemente, sería el hijo del caleño, y a una se

