Valentina se rehusaba a despertar en su mente, aquellos horribles recuerdos de ese sábado en la tarde: Iba caminando por uno de aquellos estrechos callejones de Agua Blanca, e iba por pedido de su madre, a comprar unas cosas básicas, para tomar las onces en la tarde: quizá un poco de café y pan, para ellas las dos. De repente, Valentina, sintió como una sombra gigantesca la perseguía, en lo que ella conseguía dar la vuelta a la calle; luego vino el vacío en el estómago y luego un zarpazo seco, que iba directo a su nariz, e iba empuñado por un pañuelo empapado de cloroformo; Valentina sintió como se desgonzaba poco a poco como una pluma, y tenía esa sensación de las pesadillas en las que uno intenta dormirse, y sueña que de repente se cae, sin embargo ella seguía cayendo y cayendo, al inter

