Por primera vez le agradecí a mi padre, él vestido que había dejado sobre la cama era perfecto para darle la bienvenida a la nueva Jane.
Mi padre amaba el color n***o, pensaba que era elegante y sofisticado; no se equivocaba, era el color que resaltaba no solo mis atributos, si no también mi piel.
Un escote en el busto me quedaba perfecto, mis senos habían crecido considerablemente en el embarazo, largo, con un pequeño cinturón blanco en la parte de la cintura; quería que siguiera ocultando mi embarazo. Unas mangas de encaje con decoraciones de flores del mismo color y unos zapatos de tacón blancos que quedaban perfectos.
Empecé a maquillarme, quería verme reluciente y elegante, así que empecé con un delineado que no marcara demasiado mis ojos, me puse unas pestañas y polvo de hadas con un labial que luciera atractivo, así que escogí el más fuerte, rojo carmesí.
Tenía que ser un momento especial, así que me peiné, agarré mi cabello en un pequeño moño dejando que mi cabello delantero sobresaliera definiendo mis ondulaciones.
Me miré nuevamente en el espejo, sintiéndome orgullosa de lo que estaba viendo.
Bajé las escaleras, con pasos firmes y delicados a la vez.
— ¡Qué gusto al fin poder verlos señor y señora Turner!- dije con entusiasmo a penas llegué al primer piso.
Ambos me observaron de arriba a abajo, se quedaron incrédulos y maravillados al verme, exactamente lo que quería lograr.
— Es un placer que formes parte de la familia- contestó el padre de Max- mis hijos mayores, que por supuesto ya debes conocer.
Dirigí mi vista a André y Conder Turner, hermanos de Max, los únicos fuera del escándalo público.
— Sí me disculpan tengo un compromiso con mi futuro esposo que atender, pero volveremos dentro de algunas horas- dije educadamente- mientras se quedan en su casa.
Caminé hacia la salida, manteniendo la compostura. Sentía la mirada de todos puesta sobre mí y la sensación de no poder fallar.
A penas salí me quité los tacones y me dirigí a mi coche, conduciendo hasta el despacho del abogado de Max.
Cuando llegué me recibieron todos amablemente, habían algunos guardias esperando fuera de la habitación en la que se encontraban.
— Señores- dije a penas entré, llamando la atención de James, Max y su abogado.
Me detuve a observar cada mirada detenidamente. Karl, abogado de Max me miraba algo distante, no era para menos, su esposa era una de las abogadas más reconocidas y hermosas de la ciudad.
James por otra parte me miraba con curiosidad y hasta con ternura, me veía como a una hermana a la que quería proteger.
Por último, la expresión de Max, la que me encantó ver, sabía que lo estaba provocando. Me miraba de una manera poco usual, incluso me atrevería a decir que casi me desnudaba con la mirada, no podía dejar de contemplar lo que sus ojos estaban viendo.
— Qué bueno que llegaste Jane, siéntate por favor- James me hizo un espacio a su lado, cuidadoso de cada movimiento.
— Empecemos, quiero irme de aquí- la voz de Max era impaciente y desde que había llegado no me había quitado los ojos de encima.
— Karl, por favor, te pedimos que hagas los honores- dijo James.
Sin hacer ninguna objeción Karl se levantó.
— Los acuerdos que mi cliente y yo queremos que se respeten dentro de este matrimonio son los siguientes:
1. Jane Smith estará obligada a acompañar al señor Max Turner en todos los eventos sociales que se requieran.
2. Su relación tras el matrimonio será público y no se podrá objetar ninguna decisión tomada fuera de este.
3. Se respetarán los límites puestos por ambas partes antes de la firma de este contrato.
4. Tendrán que permanecer un mínimo de un año casados.
5. No se permitirá bajo ningún concepto que Jane Smith abandone su matrimonio fuera del tiempo establecido.
6. No se podrá obligar a ninguna parte sobre sentimientos hacia el otro.
No esperaba menos de Max, la verdad nada de lo que había escrito en ese contrato se sentía fuera de lo normal.
Me asustaba el tiempo que tendría que pasar con él, porque sabría que sería difícil poder mantener mucho tiempo en secreto lo del embarazo.
¿Sentimientos?, ¿a qué se refería con eso? Él estaba seguro de que yo estaba enamorada, y no estaba más lejos de la realidad. La atracción que sentí no era más que eso y que se terminaría acabando con la forma en la que Max estaba actuando últimamente. Estaba casi segura de que quería mantener relaciones con otras personas fuera del matrimonio, sin embargo, yo no se lo iba a permitir.
— ¿Bien, qué opinas?- preguntó James al acercarse a mí oído.
Al fijarme en la expresión de Max pude notar sus celos en el rostro, le incomodaba esta situación, el definitivamente sentía algo por mí y lo iba a llevar hasta su límite.
— Es un acuerdo que puedo aceptar- me acomodé para rozar mis piernas ligeramente con las suyas sin que lo netata demasiado... para que Max pudiera seguir enojándose como lo estaba haciendo.
— Sí, creo que todo es normal Jane... sin embargo, ¿crees que estén de acuerdo con lo que exigimos?- se alejó de mí para mirarme, pues nosotros no solo teníamos más cláusulas si no que además nos lo tomábamos más en serio.
— Él va a aceptar- le dije mirando a Max con un pequeño gesto en el que mordí ligeramente mis labios, sabiendo que le provocaba exactamente lo que deseaba... llevándolo al límite en el que yo sabía que iba a aceptar todo lo que estaba a punto de pedirle.
Se levantó y caminó hacía mí, su mirada estaba llena de furia y deseo, mientras yo sonreí de placer.
— ¿Qué crees que haces Turner?- le dijo James antes de que Max pudiera acercarse demasiado a mí.
— ¡Esto no es asunto tuyo!- gritó Max saliéndose de sus sentidos y actuando como un novio celoso.
— Karl controla a tu cliente- le ordenó James, mientras yo observaba todo desde el asiento en el que estaba con una cara de angustia y una sonrisa inmensa en mi interior.