Una vez que salí del lugar di un suspiro de alivio, todo estaría listo para la fecha programada.
Me subí a mi auto y recibí en mensaje de James, así que conduje hasta una cafetería llamada Dulce resplandor, le pedí que nos encontráramos ahí, pues el aroma del café que había en ese lugar me volvía loca y los pasteles de vainilla... no había nada mejor que eso. Sin duda, sería un lugar perfecto para nuestra reunión.
— ¡Vaya!, aún no puedo creer que tengo el placer de verte, aunque me enoja que esto sea por trabajo- dijo James a penas me vio recibiéndome con un fuerte abrazo.
— Ya lo sé... odio que esta reunión sea por mi matrimonio.
— Entonces mi pequeña Jane al fin se casará- su tono sonaba dulce.
— No como me gustaría, pero sí y agradezco que te hayas tomado el tiempo para redactar mi contrato de matrimonio, sé que seguramente tienes mejores casos que atender.
James Solivan, uno de los mejores abogados de Europa, reconocido mundialmente por sus numerosos casos ganados de homicidios, divorcios intempestuosos entre celebridades y violencia de género se encontraba frente a mí. Solíamos ser buenos amigos en el colegio y sabía que sería alguien impresionante cuando creciera.
— Lamento escuchar eso Jane, pero teníamos nuestras dudas de que pasaría, ¿recuerdas que solíamos hacer bromas en el colegio respecto a eso?, aún me cuesta verte tan...- sé quedó en silencio y me miró tratando de buscar la palabra adecuada- tú- dijo con una gran sonrisa.
— Lo recuerdo bien James, nuestra época dorada- quise seguir la conversación y saber de su vida, hace años que no lo veía, pero mi mente no dejaba de pensar en mi matrimonio con Max.
— Escucha sé que quieres resolver lo antes posible lo del contrato y vine para eso, luego podemos ponernos al día- como si leyera mi mente apoyó su mano en la mía y me transmitió tranquilidad.
— Cuánto siento haberte llamado para esto...- dije con tristeza.
— Es mi trabajo y hay que enfocarnos en este contrato, ¿cuéntame, quieres separar los bienes que tiene tú familia?, es fácil, él no tendrá derecho a nada si no lo deseas.
— Eso... eso no es lo que quiero.
— Perfecto, entonces con bienes conjuntos, pero no te lo recomiendo si no sabes el tipo de hombre con el que te vas a casar- dijo revisando unos documentos.
— Como mi matrimonio no es más que un engaño frente al mundo quiero que quede claro lo que será permitido por mi parte, ¿me hago entender?
— Lo entiendo Jane... esto es más común y lo conozco más de lo que me gustaría en realidad. ¿Así que Turner?
— Sí... la verdad es que mis padres querían este compromiso, ya te puedes imaginar por qué y yo solo busco una vida diferente.
— Entiendo... alejarte de todo es lo que te va a permitir sentirte un poco libre... pero me hubiera gustado que lo hicieras por amor- me dijo con angustia- voy a trabajar en eso, si tienes algo pensando envíamelo y yo lo redactaré, te avisaré tan pronto como esté listo y programaré una reunión con él y su abogado.
— También me hubiera gustado, pero perdí a quien amaba y no sé si pueda volver a enamorarme.
— ¿Por qué?, ¿pasó algo con ese hombre?
— No lo recuerdo porque tuve una perdida de memoria selectiva, ¿puedes creer que tu mente te haga eso para olvidar algo tan doloroso?- le dije con una sonrisa.
— No has dejado de ser la Jane que conocí- me miró con sus ojos cafés y su sonrisa que me hacía recordar a aquella época en la que todo se sentía bien- ¿ahora estás mejor?
— Lo estoy, encontré una razón para hacerlo- miré ligeramente hacia mi vientre para que él no lo natara. Ahora que sabía que estaba embarazada todo lo que me pasaba quería dejarlo atrás.
— Me alegra tanto- dijo mirando su reloj- el tiempo ha pasado volando, tengo que irme, hay una reunión importante a la que debo asistir.
— De acuerdo, me dio gusto verte.
— Te invito a ese pastel que tanto te gusta- dejó un billete encima de la mesa antes de irse.
Pedí un capuchino y el pastel de vainilla que solía pedir desde hace varios años por su sabor y la textura esponjosa que me encantaban.
Me senté y por primera vez quise quedarme a disfrutar lo que por mucho tiempo ignoré, no tenía suficiente tiempo con el tema de las clases y la vida ocupada a la que siempre nos involucraron mis padres.
Después de unos minutos mi teléfono empezó a vibrar, llegaron mensajes de Max uno tras otro.
"Tienes que venir a casa de tus padres ahora"
"ES URGENTE"
" Te espero, pero no tardes Jane"
Me quedé observando mi celular durante unos segundos, no quería ver a mis padres, mucho menos a mi madre después de lo que había pasado.
Una lagrima cayó por mi mejilla y antes de que llegara a mi quijada la sequé con mi dedo índice.
Salí de la cafetería, me subí a mi auto y conduje hasta mi casa, al llegar había una ambulancia afuera, me asusté y empecé a correr hacia dentro de la casa.
Se escuchaban unos murmullos provenientes de la habitación de mis padres, así que sin pensarlo dos veces subí las escaleras y entré. Encontré a mi madre en la cama, se veía debilitada y sin vida.
Mis hermanos junto con Max observaron mi rostro, no podía esconder el miedo que sentía dentro de mí.
— Acércate- dijo mi madre con una voz muy baja- mis días están contados, no sobreviviré mucho más- empezó a toser y mi padre agarró su mano con mucha fuerza en ese instante.
— Max nos habló de su compromiso, en hora buena- dijo mi padre con una sonrisa de satisfacción, no pude evitar sentir repugnancia por su expresión, pues mi madre definitivamente se encontraba en la peor condición.
— Solo deseo que me permitas estar en tú boda- la voz de mi madre era un poco ronca- por eso tendrás que casarte en tres días, no puedo esperar tanto tiempo.