¿De qué se trata esto?

1021 Palabras
— Eso los convierte en los peores padres. — Sin duda, pero a pesar de que esta boda desde el principio me pareció descabellada creo que te sacará de tus problemas Jane y eso te permitirá alejarte de tus padres. — ¿Entonces ahora estás de mi lado?- le sonreí. — ¿De qué hablas?, yo siempre he estado de tú lado. Me sorprendía que alguien que conocí tan solo semanas atrás se haya convertido en mi confidente. Angélica tenía el don de ponerme de buenas en mis momentos más difíciles, era genial haciéndolo. En ese momento un mensaje interrumpió nuestra conversación. "Todo está listo, creo que debemos reunirnos y verificar todo antes de la reunión de mañana. Te veo en una hora en la cafetería" James ya había terminado, vaya que se lo había tomado en serio. — ¿Algo bueno?- me preguntó Angélica cuando observé mi teléfono. — Al parecer... en una hora tengo una reunión con mi abogado, ya tiene listo el contrato que va a tener que firmar Max. — ¿Cómo te asegurarás que tú bebé no salga perjudicado?, definitivamente Max en algún punto se va a enterar. — Tengo mis maneras... pero si soy sincera, te juro que espero el día en por fin sentirme libre. — Llegará Jane, no te preocupes, ¿pero y si es un matrimonio falso cuando va a dejar de serlo?, ¿te lo has preguntado? — Pues sí, de hecho estipulé una cláusula de que nuestro matrimonio quedará finalizado cuando se irrespeten las normas del contrato. — ¿Eres consciente de que lo estás engañando? — No es un engaño Angélica... es más bien una forma de proteger al ser que tanto amo. — Bien, quieres que comamos algo antes de tú reunión. — No, creo que debo ir a darme un baño y cambiarme, estoy algo cansada y quiero despejar mi mente. — ¿Te estás quedando en casa de Max?- preguntó con los ojos abiertos. — Sí, es una locura, pero en su casa fue la primera vez que dormí como nunca. — Creo que lo que te tenía tan mal era el entorno en el que estabas Jane, tus padres te generaban tanta ansiedad que simplemente no podías estar tranquila. — Tal vez tengas razón, como sea te agradezco que hayas venido- le di un abrazo- ahora me voy, te avisaré si ocurre algo importante. Ella me vio caminar hacia mi auto y me despidió con la mano, conduje alrededor de 20 minutos y cuando llegué me sentí aliviada de entrar a un lugar en donde el silencio reinaba y lo único que escuchaba era mi respiración. Subí las escaleras, me dirigí al cuarto en el que dormiría con Max y empecé a quitarme la ropa, fui al baño para encender la ducha y esperé a que el agua se calentara. Después de unos minutos el agua estaba en la temperatura perfecta, así que me metí. Sentí como las energías negativas salían de mi cuerpo, como si todo volviera a sentirse bien. Estuve ahí aproximadamente diez minutos, cuando salí empecé a secarme con la toalla, en pocos segundos cuando regresé a ver a la puerta Max me miraba desde ahí. Mis ojos se clavaron en los suyos y mi respiración se empezó a acelerar. — ¿Qué... qué crees que estás haciendo?- al fin pregunté cuando recuperé la conciencia, mientras él analizaba mi cuerpo casi desnudo. — Había esperado este momento y es exactamente como lo imaginaba- empezó a acercarse lentamente, sin quitarme ni por un segundo la mirada mientras mi corazón latía con fuerza. ¿Qué estaba pasando?, ¿y por qué de pronto me sentía tan débil para intentar cubrirme o alejarlo de mí? Traté de obligar a mi mente a reaccionar, ya que mi cuerpo se quedó estático. Sin embargo, para cuando me di cuenta Max se encontraba a tan sólo centímetros de mí, sus ojos estaban puestos en los míos, sentía una extraña fuerza que me atraía hacia él y como si ambos fuéramos imanes nos acercamos tanto que podía sentir su respiración en mi rostro. — Ya no puedo evitarlo Jane... te deseo, siempre lo he hecho- sus labios recorrieron mi cuello, lo que hizo que mi respiración se acelerara. Una luz potente hizo que mis ojos se abrieran bruscamente. — ¿Jane qué sucede?- Max estaba parado a los pies de la cama. — ¿Cuánto tiempo llevas ahí?- le pregunté asustada. — Llegué hace unos minutos, cuando subí por unas cosas que necesitaba te escuché algo agitada. Al oír esas palabras me avergoncé, nada de lo que había estado viviendo era real, Max estaba parado mirándome de forma extraña. — ¿Qué hora es?- cambié de tema para sentirme menos avergonzada. — Las cinco y media Jane, no sé cuánto tiempo lleves dormida. — Me perdí en el tiempo, tenía una reunión importante, que tendrá que quedar para mañana. Me levanté rápidamente de la cama y caminé rápidamente al baño, sentí la mirada de Max encima de mí hasta que cerré la puerta. Me miré al espejo, estaba demasiado desconcertada, aquello parecía tan real, sin embargo, no había sido más que un estúpido sueño. No entendía por qué o qué era exactamente lo que me importaba tanto. ¿A caso deseaba que eso pasara?, ¿a caso estaba volviéndome loca?. Mi piel se había erizado y lo había podido sentir... Trataba de convencerme a mí misma que solo se trataba de la necesidad de sentirme querida por alguien. No recordaba la última vez que me entregué a alguien en cuerpo y alma, aunque por mi embarazo podía deducirlo claramente. Me frustraba no tener esos recuerdos, me sentía vacía y llena de coraje por no poder recordar lo que se sentía que alguien te deseara tanto y te hiciera el amor. — ¿Está todo bien?- preguntó Max tocando la puerta. Mis ojos se cerraron y descubrí que en mi mente seguía con la misma intensidad... Max tocando mi cuerpo, sin embargo, me asustaba el hecho de sentirme así, ¿a caso me estoy enamorado?, pregunté en medio del caos.
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