— No esperaba verla aquí tan pronto- me dijo Susan, la organizadora de bodas.
— La boda...
— ¿Se canceló?- preguntó con angustia.
— No, decidimos adelantarla, será en tres días.
— ¿Tres días?- me miró desconcertada- es muy poco tiempo para hacer todo lo que habíamos planeado.
— Sí, lo sé, por eso he venido aquí para reajustar todos los detalles, quiero que todo esté listo para el sábado.
— Pero es muy pronto señorita Smith, me temo que no será posible.
— Escuche, si no lo hago con usted lo haré en otro lado... sin embargo, no quiero recorrer la ciudad buscando a alguien más, haremos todo simple, lo importante es casarme.
— ¡De acuerdo, lo haremos!- dijo emocionada- jamás había escuchado a una novia querer hacerlo así de rápido, normalmente quieren tener la boda de sus sueños, pero veo que usted está muy enamorada para hacerlo tan pronto, la felicito por haber encontrado lo que muchas nos pasamos la vida buscando.
A penas escuché esas palabras mis ojos se empezaron a humedecer, sentí como mi corazón se hizo trizas, ¿enamorada? Había ignorado todos mis deseos por satisfacer y a la vez alejarme de mi familia, no podía estar más triste por eso.
Una lágrima cayó por mi mejilla y con una sonrisa falsa engañé a la organizadora para que pensar que era justo por esa razón por la que decidía adelantar la boda.
— Bien, ya que la boda será mucho más pronto de lo planeado, empecemos por el vestido, escogí varias opciones que estoy segura que le van a encantar. Sígame por favor.
Estaba algo nerviosa, sentía que mi peso había subido por el embarazo, pero no estaba segura de si se trataba de una percepción.
Cuando entré a la sala de vestidos me encontré con 5 que Susan había separado para mí y eran el tipo de vestidos que me gustaban, al menos sabía que usaría de vestido perfecto.
El primero completamente liso, con un escote en la parte del pecho, era largo y con forma de campana. El segundo y tercero se parecían bastante, ambos con flores en la parte de arriba, el uno no tenía mangas, mientras que el otro tenía mangas con una tela de encaje.
Los otros dos parecían vestidos de princesas, para mí eran demasiado grandes y ostentosos, así que los descarté de inmediato.
— Esos no me los voy a probar- le dije a Susan.
— ¿Segura?, porque pienso que se verá increíble- me dijo con una gran sonrisa.
— Gracias, pero prefiero probarme los otros.
— De acuerdo.
Había uno en particular que me gustaba, a pesar de no ser exactamente el vestido con el que había soñado casarme.
— Me probaré el vestido blanco que es completamente liso- dije con una sonrisa leve en mi rostro.
— Claro, seguro le quedará estupendo.
Me llevó al vestidor, cuando entré todo alrededor estaba cubierto de espejos, lo que le daba al lugar elegancia, también me di cuenta que con ellos podía ver cada punto del vestido en mi cuerpo.
Empecé a quitarme la ropa y miré mi vientre en el espejo, había crecido, con la ropa holgada no me había dado cuenta de su tamaño, temía que el vestido no entrara en mi cuerpo.
Empecé a ponérmelo, la seda se sentía de muy buena calidad, traté de que encajara, empecé a acomodarlo y me quedé asombrada por el resultado, formaba unos pliegues en el estómago lo que hacía que no se notara mi vientre. Sabía que era el vestido indicado, no el que hubiera deseado para una boda, pero esta ni siquiera era real.
— No quiero probarme más vestidos, este es el indicado- le dije cuando salí del vestidor.
— Perfecto, podemos seguir con la decoración del lugar, la iglesia y todo lo demás- al oír esas palabras sentí una carga.
— Por favor, encárgate de todo, no quiero tener que ver nada más.
— Pero señorita... es su boda- su asombro era evidente- ¿cómo quiere que me encargue de todo si no sé cuáles son sus gustos personales?
— La verdad es lo que menos me importa- mi desgano y frustración eran evidentes- casarme con Max ya es lo mejor en mi vida, así que por favor le pido que se encargue de todo- concluí cuando observé que me miraba extrañada, tratando de disimular- si soy honesta todo esto me abruma.
Ella asintió y por fin pude salir del lugar, me hacía falta aire, a pesar de que no tenía demasiadas preocupaciones me daba la sensación de tener que resolver mil cosas juntas.
— Puedo ir a tú casa, te juro que me siento tan sofocada que voy a desmayarme- le dije a Angélica a penas contestó el teléfono.
— ¿Dónde estás?, ¿te sientes bien como para manejar?
— La verdad no, pero haré un esfuerzo para llegar a tú casa.
— Envíame tú ubicación e iré a buscarte Jane- sonó preocupada.
Después de unos minutos ella llegó, estacionó su auto y se bajó rápidamente.
— ¿Jane estás bien?- me abrazó fuertemente.
— Ya no lo sé- mi voz se empezó a entrecortar, mis ojos se humedecieron y las lágrimas empezaron a caer una tras otra- ¿cómo pueden hacerme esto?- le pregunté sin despegarme de ella.
— Tranquila, estoy aquí- su voz era firme y me transmitió mucha tranquilidad y seguridad.
Durante algunos minutos estuvimos así, las personas nos observaban como si fuéramos bichos raros, mientras ella solo quería asegurarse de que estuviera bien.
Cuando estuve más tranquila empecé a alejarme suavemente, ella lo notó así que me miró con una sonrisa leve.
— Gracias por venir Angélica, sentí que el mundo se venía encima para mí.
— Andrews me contó lo que sucedió... realmente no puedo imaginar lo que debes estar sintiendo.
— Ya sé... mis padres me tienen muy cansada y te juro que ya no quiero estar así, sé que le hace mal al bebé.
— Sabes en qué estaba pensado- se quedó unos segundos en silencio- Andrews me dijo que eras la favorita de tus padres, a quien más le tienen cariño, pero eso creo que es precisamente lo que te convierte en la persona a la que más quieren controlar.