No sabía qué me pasaba, no entendía absolutamente nada.
— ¡Por favor Jane!, me preocupas- dijo nuevamente Max.
Las lágrimas inundaron mis ojos, no pude contenerlo, vinieron a mi mente aquellos ojos verdes que había visto en mis sueños y que por más que trataba no podía recordar nada más.
— Estoy cansada- le dije mirándolo a los ojos a penas abrí la puerta, derrumbándome en el piso.
Él se sentó a mi lado, pude sentir como sus brazos me rodearon, mi corazón empezó a latir rápidamente.
— Pronto esta pesadilla acabará y ya no tendrás que preocuparte- agarró con su mano mi mandíbula e hizo que nuestras miradas estuvieran una a la otra.
— ¿Crees que esto funcionará?- le pregunté con una voz baja.
— Todo estará bien a partir de ahora- dijo acercándose a mí oído y susurrando, se me erizó la piel y no pude ocultarlo, así que me alejé bruscamente.
Me levanté, tomé mi teléfono y salí de la habitación sin decir nada más, si no podía entender lo que estaba pasando quería lo menos posible estar cerca de él.
— James, siento mucho no haber asistido a nuestra reunión... tuve un inconveniente- le dije a penas contestó la llamada.
— Lo imaginé, estuve llamándote varias veces y enviándote mensajes- se aclaró la garganta- ahora debemos resolver eso mañana a primera ahora, te espero en el mismo lugar.
— Sí, de acuerdo.
Me quedé ahí durante unos segundos tratando de asimilar todo lo que estaba pasando, enseguida Max salió.
— Te llevaré a comer, prepárate- me dijo mientras bajaba las escaleras.
Me puse algo más decente que lo que llevaba puesto, una camisa blanca con un pantalón de tela color verde oscuro dejándome el cabello suelto.
Bajé y Max me esperaba sentado en el sofá, se levantó y tomó las llaves de su auto mientras yo lo seguí.
Después de unos cuantos minutos en el coche noté un silencio bastante incómodo, Max ni siquiera había puesto música.
— ¿Está todo bien?- pregunté al verlo con una expresión de molestia.
— Claro, por qué no habría de estarlo- contestó fríamente.
Decidí no preguntar nada más, asumí que estaba molesto por algo que no tenía que ver conmigo, así que no me preocupé más por eso.
Al llegar al restaurante el hombre del estacionamiento me abrió la puerta para que me bajara y luego se llevó el auto cuando Max y yo entramos.
— Bienvenidos- dijo una joven amable, quien se quedó en silencio a penas vio a Max- ¿le ofrezco la mesa de siempre?- preguntó con vergüenza.
— Por supuesto- contestó él sin mirarla.
Mi disgusto fue notable. No podía creer que ni siquiera se hubiera tomado la molestia de llevarme a un lugar diferente al que llevaba a todas las mujeres con las que solía salir.
— ¿Así que has venido aquí con otras mujeres?- pregunté con voz neutra.
— ¿Qué esperas de mi Jane?- preguntó mirándome a los ojos- si esperas que sea diferente contigo, que te lleve a lugares a los que nunca he llevado a nadie, que te mire como si fueras única en el mundo.. en fin, cosas que solo pasan en las estúpidas películas románticas que pretenden que las mujeres piensen que algún día tendrán algo igual, no tendrás eso de mi parte, para mí todo eso es un pretexto que la gente inventa para sentirse menos miserable en su propia vida. Escucha, he salido con muchas mujeres, más de las que me gustaría admitir de hecho y todas caen muy fácilmente porque sé lo que quieren, pero no me interesa que seas una de ellas, como yo lo veo, nuestro matrimonio es un negocio y si tengo claro algo, yo jamás me involucraría con alguien con quien trabajo, es simple- lo dijo con una voz tan fría que mi cuerpo sintió un escalofrío y sí, para ser honesta me daba mucho miedo convivir con un hombre así y era la primera vez que Max me mostraba ese lado.
— Tengo claro lo que dices, no hace falta que lo repitas- dije con firmeza- nuestro matrimonio será un negocio y yo soy muy buena para eso, así que esto solo es una fachada que por ahora no necesitamos cumplir- miré alrededor y le señalé el restaurante.
— Les traigo las cartas- nos indicó una mesera a penas llegó a la mesa con una enorme sonrisa interrumpiendo nuestra conversación.
— Gracias- le dije mientras las recibía.
— Espero que no te ofendas con lo que dije- me molesté que miraba su teléfono como si fuera la más importante del mundo.
— ¿Por qué tendría que molestarme?- ni siquiera me miró.
— Las mujeres son bastante sensibles con todo.
Ese comentario me molestó, moví mis labios de un lado a otro tratando de llamar su atención, se estaba comportando como un complemento imbécil y no sabía si no se estaba dando cuenta o lo estaba haciendo a propósito.
— ¡Suficiente!- dije dando un golpe a la mesa.
Él soltó su teléfono rápidamente y me miró con miedo.
— ¿Qué es lo que pasa contigo?
— ¿Conmigo?, ¿a caso no te das cuenta de lo que estás haciendo?
— Me has estado ignorando desde que llegamos y me has hecho sentir como una mujer más que tienes en tú lista y no estoy dispuesta a tolerarlo, no merezco esto.
Me levanté de la mesa enojada y con demasiado coraje para volver a mirarlo a los ojos.
Empecé a caminar a la salida, con pasos firmes, sin regresar a ver si miraba cómo me alejaba.
A penas salí empecé a respirar, de un día para otro había tenido que obligarme a mí misma a no depender de nadie y a no dejar que nadie hiciera cosas que no estaba dispuesta a tolerar, pues alguien más dependia de mí, pero se sentía extraño y me generaba miedo a la vez.
Me alejé de la puerta de entrada, lista para recorrer la ciudad y pensar un poco.
Entonces una mano me detuvo que se sentía cálida y suave, pensé que se trataba de Max pero al darme la vuelta vi a alguien completamente diferente.