— Espero que no pienses dormir así- le dije señalando su cuerpo.
— Es como duermo todos los días, eso no va a cambiar porque estés aquí, ¿te molesta?- me miró fijamente- ¿o a caso te provoca?- dijo con una gran sonrisa en su rostro.
— ¿Es un chiste no?, creo que por respeto deberías cubrir tu cuerpo.
— ¡Vamos Jane! Sé que esto te trae buenos recuerdos.
Me quedé en silencio, ignorando por unos segundos sus palabras, hasta que como una película se reflejaron todos mis recuerdos con él en mi mente.
Había olvidado que él y yo teníamos una historia, habíamos sido pareja en la universidad durante algunos meses, y éramos muy apasionados en ese entonces.
— Eso pasó hace tiempo, no es lo mismo.
Entonces lo entendí, aquel sueño y el cómo me sentía era por recuerdos que no sabía qué tenía hasta que él lo había mencionado.
— Tal vez podemos revivir todo ahora que tenemos la oportunidad- dijo susurrándome al oído. Max podía ser muy insistente.
— Olvídalo Max, no seré como todas las mujeres, seguro hay muchas que han entrado a tú cama.
— Serás la última, lo prometo- trató de que sonara romántico, sin embargo, no le salió.
— Solo ponte algo de ropa- le dije mientras me metía a mi lado de la cama.
Cerré los ojos y después de unos cuantos minutos sentí su presencia en la cama.
— ¿Estás dormida?- me preguntó con una voz baja.
— Lo intentaba.
— ¿Qué tal si tenemos un bebé?- soltó cómo una bomba.
Me quedé en silencio, ¿sabía algo de mi embarazo?
— ¿Por qué tendríamos un bebé Max?, no olvides que esto no es más que un matrimonio por conveniencia.
— Lo sé Jane, ¿pero no serías feliz con una mini versión de ti?
A pesar de no haber visto su rostro pude sentir como se le formaba una gran sonrisa.
— ¿Más bien no eres quien quiere una mínima versión?- le pregunté.
— La verdad sí, una mini versión tuya corriendo por toda la casa.
Me quedé helada al escuchar esa declaración, no era a lo que me refería pero él lo había dicho con mucha seguridad.
No quise contestar nada más, ya venía un bebé en camino y me preocupaba no saber cómo enfrentaría la situación más adelante.
Después de unos minutos dándole vueltas al asunto me quedé dormida y abrí mis ojos a las 6 de la mañana. Vi que Max todavía estaba a mi lado durmiendo.
Hoy era el último día, mañana sería la boda y quedaban muchas cosas por hacer antes de eso.
Me levanté y fui directo a la ducha, quería darme un baño para poder refrescarme y quitarme el sueño que aún me quedaba, así que dejé que el agua se calentara.
Al entrar pocos segundos después escuché que la manija de la puerta se movía, al parecer me había olvidado de poner seguro.
— Solo toma lo que viniste a buscar y sal de aquí- le dije a Max dándole la espalda a la puerta, sin embargo, no escuché respuesta.
Sentí como la puerta corrediza de la ducha se abría, me quedé inmóvil, no podía regresar a ver aunque me moría de ganas de hacerlo. ¿A caso esto era real?
— Lo siento Jane...- escuché su voz, ya no había duda de que se trataba de él- pero no puedo evitarlo teniéndote tan cerca- sentí su respiración en mi cuello, lo que me hizo sentir un escalofrío.
— Tú no estás aquí- dije en voz alta sabiendo que se trataba de mi imaginación.
— ¿Segura?- empezó a recorrer con su dedo índice mi espalda, fue una sensación placentera, así que cerré los ojos deseando que fuera real.
Me volteó con su brazo, mi cabello estaba empapado, lo miré directamente a los ojos y sentí como mi corazón latía rápidamente.
— ¿Qué haces?- le dije entre suspiros.
— Si me dices que pare lo haré Jane- su boca parecía irresistible, su cuerpo desnudo alborotaba mis hormonas.
Lentamente sus labios se acercaron a los míos, solo éramos él y yo. Me besó, al fin podía sentir lo que había olvidado.
No podíamos evitar la atracción, era demasiado fuerte.
Él cerró la ducha y me envolvió en una toalla, me tendió la mano y yo la tomé sin pensarlo dos veces.
Salimos de la ducha y se apresuró a poner seguro en la puerta principal, mientras yo lo esperé tendida en la cama.
Empecé a preguntarme mil cosas, esto estaba pasando y ya no parecía ser un sueño.
Cuando él llegó y se acostó a mi lado me sonrió enterneciendo a mi corazón.
— No quiero que nada pase sin que lo desees Jane.
— ¿Es un chiste?- le contesté yo después de que me había sacado apurada.
— ¿Así que lo deseas?- me miró con una sonrisa pícara mientras yo me sonrojaba.
Con un impulso que no pude detener me acerqué y lo besé, él por supuesto correspondió a ese beso y mi cabeza dejó de preguntarse cosas, simplemente se quedó en silencio...
— ¿Estás segura?- me preguntó antes de colocarse encina de mí.
Asentí, mi cuerpo lo deseaba tanto como mi alma y ya no me importaba qué tan mal podría sonar.
Empezó a besarme, sentí su m*****o entre mis muslos, empezó a juguetear con él mientras yo soltaba leves gemidos.
Después de unos minutos, cuando ambos estábamos húmedos y yo deseosa de él, entró dentro de mí suavemente.
No pude aguantar soltar varios gemidos, mientras él me miraba extasiado, empezó a moverse lentamente y conforme pasaban los minutos aumentó la velocidad haciendo que mis gritos fueran cada vez más fuertes.
Estaba tan involucrada en eso que hasta los gritos que daba me parecían demasiado débiles para que alguien los escuchara, sin embargo, él me tapó la boca con su mano derecha, lo que me exitó todavía más.
Los recuerdos de aquellos días en los que era suya venían a mi mente, mi corazón latía con fuerza y escuchar mi nombre con su voz agitada casi me hacía acabar.
Volvía a besarme una y otra vez, sus labios parecían perfectos... un movimiento extraño me hizo estremecer y sentí como los músculos de mi cuerpo se relajaron de una manera maravillosa.