El sentir sus labios en los míos, las caricias de sus manos en mi piel era una sensación única, la forma en que lo hacía o era simplemente por ser él, era especial, ninguna otra persona había logrado hacerme sentir de esa manera antes. - Yo… te deseo Lena – suspiró – No quiero que te sientas como la amante, para mí no lo eres - Esas palabras encendieron la chispa que faltaba para darme la valentía de amarlo y dejarme ser amada. Me abalancé sobre su boca y lo besé con deseo, mis manos rodearon su cuello. Él puso sus manos en mi cintura y me fue llevando hacía atrás en pasos pequeños. Bajó sus manos a mis nalgas y las apretó con firmeza, las bajó suavemente y me levantó, haciéndome abrir las piernas, apoyándome sobre una mesa llena de libros que cayeron estrepitosamente al suelo. Nues

