Al siguiente día me desperté muy temprano, me levanté a preparar café antes de irme, me vestí en silencio y salí a tomarme el café en la mesita de la cocina, disfrutando de la pequeña pero encantadora vista que se tenía por la ventana. Detrás de su casita había un espeso bosque, la vista mejoraba considerablemente en verano, sin embargo, no estaba mal, de hecho, podía decirse que me encantaba los paisajes de invierno. - No te decía enserio lo de los vestidos – dijo Erin con una voz ronca entrando por la puerta con su usual cara de dormido. Solté una pequeña risita. - Siento no haber traído otros vestidos … ¿Quieres café? – le dije divertida. - Por favor – acercó una taza para que le sirviera. – Gracias – dijo con una amplia sonrisa. - Estaba esperando que despertaras para despedirme

