- Buenos días, cielo… - dijo en un suave susurro Erin. Abrí lentamente mis ojos y le sonreí, podría ser feliz con mirar esos ojos al despertarme todos los días. - Buenos días – le respondí. - Toma, te traje té caliente, amaneció haciendo algo de frío – me pasó la taza caliente en mis manos. - Gracias – dije suspirando el olor que emergía de la pequeña taza vieja. Dimos unos sorbos en silencio. Disfrutando del momento. - ¿Qué vamos a hacer hoy? – le dije entusiasmada. - Tengo todo un itinerario para estos días, vas a ver- dijo de manera traviesa. - ¿No me vas a decir? – puse cara de indignada. - No – sabía muy bien que no podía sacarle una sola palabra, y ni siquiera sabría que debía llevar puesto. Se quedó analizándome un instante. - Ponte ropa de expedición, vamos a hacer

