Los días siguientes pasaron de maravilla, la compañía y la amistad con Erin era algo que empezaba a valorar con mucho cariño, todos los días tenía algo que aprender de él, sobre todo de supervivencia. Empezaba acostumbrarme a este estilo de vida y a valerme por mí misma. - Agh – entró Erin a la tienda de mal humor. - ¿Estás bien? – dije el ver su comportamiento. - No Lena, discúlpame - - Esta bien, ¿Qué sucede? – dije con un tono más suave. - Debemos entregar el sábado, solo nos queda tomar lo que podamos, empacar e irnos – dijo con tristeza y frustración. - No, debemos hacer algo, si hablamos directamente nosotros- - No es posible Lena - - Si vamos y excavamos en otras zonas… - dejé la idea en el aire. Me miró tratando de ordenar sus ideas en la cabeza. Esa idea no era nueva

