Por más fuerza que traté de tener, unas lágrimas salieron de mis ojos, el viento que golpeaba mi rostro las congelaba y parecían lágrimas ajenas de otra persona. Las lágrimas que posiblemente había derramado Alice durante todo este tiempo, por la ausencia y el comportamiento tan horrible de su esposo. Me merezco cualquier cosa que me pase en la vida. Lo que le he hecho a esa mujer no tiene nombre ni perdón. Me repetía una y otra vez. Traté de pedirle perdón al universo completo. Al Dios con el que había crecido y a los Dioses que gobernaron antiguamente estas tierras. Pero nada de lo que dijera iba a cambiar lo que habíamos hecho. Y aquí en la banca de este olvidado parque estaba sentada, con el mundo girando a mi alrededor. Me iba quebrando poco a poco. Mi teléfono celular sonó un

