Jetzabé No me atrevo a hablar. No ahora, simplemente no puedo decir nada, siento una tremenda culpa la cual golpea mi pecho con furia. Su mirada acusadora me hace sentir más pequeña que un grano de arena, más sucia que un montón de basura. ¡Maldición, estoy disfrutando algo que no deseo! Al menos no lo deseo de este modo. Desearía salir corriendo de este lugar y olvidarlo todo, olvidarlo a él, que ya no duela como duele, que sus palabras ya no puedan lastimarme, que su gélida mirada no rompa todo mi ser en mil pedazos. Olvidar que por mi maldita culpa también arrastra a Samuel en toda nuestra mierda, como si ya no fuera suficiente con lo que a él le toca lidiar. —¿Lo estas disfrutando, verdad? —Me toma de las muñecas para luego estrellar mí cuerpo contra la pared. Ante su acción Samuel

