Capitulo 8

1057 Palabras
Isaac *Notas de Isabella* Hoy ha sido un día especial, casi mágico, como el señor Maxwell se encuentra con licencia médica ha llegado un profesor de reemplazo. Su nombre es Sebastián Weber, es joven y demasiado atractivo. Ambos hemos conectado casi de inmediato, no me importa que arrastre tras él, ese hombre será mío pase lo que pase. Han trascurrido dos semanas desde que Sebastián ha llegado al instituto, dos semanas que han sido más que suficientes para que volteé completamente mi pequeño universo. Puede sonar algo enfermo, pero sostengo una relación incestuosa con mi hermano mayor, lo nuestro viene desde hace muchos años atrás y creí que lo amaba, pero no, el conocer a Sebastián me hizo entender que estaba confundida. Confundí el amor fraternal que nos teníamos con la carencia de atención y de un núcleo familiar bien constituido. Isaac, fue mi escape, me aferré a él para poder tolerar los maltratos de nuestro padre, él hacía mi dolor llevadero, sin embargo, ahora realmente he conocido el amor. Hoy Sebastián me a besado por primera vez, bastó ese gesto para darme cuenta de que estoy enamorada de él. No me importa que sea casado, o que tenga un hijo a punto de nacer, solo importa que él siente lo mismo por mí. Hemos comenzado una relación a escondidas y cuando cumpla la mayoría de edad se divorciará de su esposa para que vivamos juntos. Por primera vez en mis dieciséis años me siento plenamente feliz. Llevamos dos meses de relación, dos meses que han sido los mejores de mi vida. A veces, me siento en extremo egoísta, porque mientras soy feliz junto a Sebastián, mi hermano Isaac, sufre mis constantes rechazos. Se que debería terminar nuestra enfermiza relación, sin embargo, tengo miedo de contarle la verdad. Su reacción no será buena y eso me aterra, es por eso que prefiero fingir, aunque el solo roce de sus labios me repugna. Tengo un retraso de un mes, al parecer estoy embarazada, aunque no sé quién sea el padre... En este último tiempo he estado con ambos, ninguno de los dos se cuida y cualquiera puede ser el padre, aunque mil veces preferiría que esté bebé que espero sea de mi amado Sebastián. No puedo continuar leyendo, sus palabras han destrozado la poca autoestima que me queda, jamás pensé que se sentía de ese modo a mi lado, mucho menos que llevaba tantos meses enredada en esa relación sin futuro. Cierro la libreta de notas y con mi antebrazo limpio las lágrimas que han empapado mi rostro. Duele, duele demasiado y no creo poder reponerme a su desprecio. Pensar que mientras me desvivía por ella, ella se desvivía por alguien más. Mientras ponía todo de mi parte para que lo nuestro funcionara, ella, buscaba el modo de huir de mí. Ahora que se que carga con un bebé en su vientre mucho menos la dejaré ir con aquel bastardo. Con pesadez me levanto de la cama y dejo ambos objetos en su sitio, la idea, es que Isabella no se percate de que se la verdad y que en su próximo encuentro se lleven una gran sorpresa. Es momento de poner punto final a esta historia, estoy dispuesto a desenredar la maraña de mentiras que ese par se ha encargado de tejer durante todos estos meses. Isabella, debe de aprender que con Isaac Bauer, no se juega. No logro conciliar el sueño, es imposible dejar de pensar, no tengo nada claro, no sé qué haré realmente cuando los descubra juntos. Siento una presión dolorosa en el centro de mi pecho y temo a mi reacción una vez que deje salir todo lo que estoy reprimiendo. Las horas han transcurrido con demasiada prisa, al parecer el destino desea concluir con todo esto lo antes posible. Es sábado, por lo que Isabella, se levanta pasado el mediodía. A diferencia de otras ocasiones, se levanta prolijamente vestida y con el cabello recogido en una coleta baja. Como buen imbécil, le he preparado el desayuno, huevo revuelto con queso y pan que he calentado en el micro ondas, todo tal cual le gusta. Debe de alimentarse adecuadamente ahora que me dará un hijo. Se relame los labios al ver todo listo y sin mirarme a los ojos se sienta frente a mí. Se prepara un café bien cargado y le agrega tres cucharadas de las grandes de azúcar. —Tanta azúcar en el café terminará haciéndote daño, —digo de pronto para romper el incomodo silencio que nos envuelve a ambos. —De algo debo de morir algún día, que mejor que hacerlo por algo que me provoca tanto placer. —Revuelve reiteradas veces su café, posteriormente degusta el sabor de este y sonríe complacida. —Créeme que este sabor tan delicioso lo vale, —toma un humeante pan y con los dedos lo abre para luego agregar huevo. —Estas muy arreglada, ¿planeas salir? —Insistentemente busco su mirada, sin embargo, en todo momento la esquiva. —Si, tengo que hacer un informe para la clase de ciencias, es en pareja y me tocó con Antonio alza levemente la mirada. —Ya sabes, ese chico ñoño con el que me ha tocado trabajar antes, lo bueno es que hacemos un gran equipo. —Esboza una escueta sonrisa para luego llevarse un bocado de pan a la boca. —Procura no llegar tan tarde, las cosas están cada vez más peligrosas allá afuera y me preocupo por ti. —Los nervios me superan y no logro comer bocado alguno, sin embargo, mi hermana come por ambos. —Lo sé, llegaré antes de las diez, en caso de retrasarme un poco prometo llamarte. —Se come el último bocado de pan que queda en la mesa, traga y se levanta con prisa, —nos vemos, Isaac. — Esboza una sonrisa falsa que me sienta de lo peor. —Isabella, no vayas—, la voz se me quiebra y rápidamente me pongo de pie. —Te lo suplico, quédate conmigo, podemos ver películas, comer sushi y hacer el amor hasta caer rendidos, tal cual hacíamos antes. —Con pasos inseguros me acerco a ella y la rodeo con mis brazos. —No puedo Isaac, simplemente no puedo. —La frialdad con la cual pronuncia sus fatídicas palabras me rompe aún más.
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