Capitulo 7

1052 Palabras
Isaac Es difícil fingir y hacer de cuenta que nada ha pasado, el fingir no es algo que se me dé muy bien e Isabella nota que algo me pasa. Como siempre intenta arreglar todo con un beso, posa sus labios sobre los míos y ese contacto tan intimo me sabe amargo. Siento el perfume de aquel hombre impregnado en su ropa por lo que en un arranque de celos le tomo de la barbilla para luego devorarle la boca de un beso. Un beso que rápidamente se torna salvaje y demandante, de algún modo necesito ejercer mi dominio sobre ella, de lo contrario me volveré aún más loco. Tiempo atrás ella hubiese correspondido con la misma intensidad, más ahora solo busca separarse de mis brazos. La dejo ir, no quiero forzarla a nada y tampoco estoy dispuesto a mendigar las migajas que el otro deja. Isabella, rápidamente se separa de mis brazos y frota sus manos con insistencia, señal de que está nerviosa. Se mantiene en silencio y su mirada se pierde en las líneas del piso, se siente incómoda, lo noto con solo mirarla y su lejanía me carcome por dentro. —Estoy cansada Isaac, ha sido un día largo y los ojos me pesan. Creo que el profesor se excedió con tanta tarea que nos encomendó. —Bosteza sin ganas y se encamina a su habitación contorneando las caderas. —Buenas noches, —dice desde el umbral de la puerta. —Buenas noches —susurro a la nada porque ella ya se ha ido, dejando muy en claro lo poco que le importo. Me quedo quieto, contengo la respiración hasta estar seguro que se ha ido y no volverá, para luego romper en llanto. Necesito sacar de dentro toda esta angustia que me ahoga. ¿Podré renunciar a Isabella? No, no puedo perderla, no me importa si realmente ama a ese hombre, mucho menos si es feliz, me tocó renunciar a cientos de cosas para estar con ella y ahora no puede desecharme como si nada. Me reprendo mentalmente por llorar, papá me enseñó que los hombres no lloran y reciben estoicos los golpes de la vida. Seco mis lagrimas con el dorso de mi mano, que no queden huellas de este profundo dolor, después de todo pronto pondré final a esa relación e Isabella sabrá que conmigo no se juega. Tendré que enseñarle esta importante lección de vida, debe de entender que la traición se paga con sangre. Necesito descubrir quién es ese hombre, donde diablos lo conoció y que tan en serio va esa relación. La única forma de obtener información es mediante Isabella, por lo que decidido me levanto del sillón y me encamino hasta su habitación. Me adentro sigiloso en su cuarto, todo esta oscuro y ella duerme plácidamente ajena a mis macabros planes. Sin hacer ruido saco del cajón de su escritorio el notebook que en navidad le regalé y una pequeña libreta donde suele escribir sus emociones. Con ambos objetos entre mis manos abandono su habitación para encerrarme en la mía. Decido explorar su computadora, para mi fortuna no tiene clave por lo que puedo ingresar sin problemas. Anclado a su escritorio me encuentro con una carpeta a la que ha titulado “mi amor”. Al revisar su contenido me encuentro con cientos de fotos de ella y su amante. No puedo negarlo, el sujeto es mayor que nosotros y muy atractivo, es el estereotipo de hombre perfecto, pelo n***o, alborotado y con ondas rebeldes, buen porte y contextura fornida, y, sobre todo, una radiante sonrisa. Algunas fotos son más comprometedoras que otras y de solo verlas me enfurezco. Siento una intensa opresión en el centro de mi pecho que me arrebata el aliento. Cierro la carpeta, no deseo seguir torturándome con tanta felicidad ajena, abro el navegador e ingreso a f*******:, conociendo a mi hermana sé que tendrá la sesión abierta. No me equivoco, como siempre olvidó cerrar sesión. Es tan predecible, después de todo, nadie la conoce como yo lo hago. Inmediatamente una ventana de chat brilla, anunciando un nuevo mensaje. No me hago de rogar para leerlo y es de ese modo que descubro todo lo necesario acerca de él. Su nombre es Sebastián Weber, tiene veintiséis años, profesor de matemáticas y da clases en el instituto que estudia Isabella, aparentemente es casado y tiene un hijo recién nacido. Por lo que veo en la plataforma social, su esposa está en el hospital por que acaba de dar a luz, mientras que el bastardo se estaba revolcando con mi hermana. No sé qué pasa por la cabeza de Isabella, como se le ocurre involucrarse con un hombre diez años mayor, casado y con hijos. ¿Se da siquiera cuenta que está destruyendo a una familia? En este momento la desconozco, ella siempre se mostró tan diferente, tan inocente y resultó ser tan impía. La última conversación que tuvieron fue hace unas horas, leer sus platicas me ha provocado una furia que no estoy siendo capaz de controlar. Sebastián, le ha escrito hace unos minutos, donde le pide a Isabella verse mañana después de clases, ya que su esposa será dada de alta y pasará a buscar a su hija a las clases de fútbol a las cuales sagradamente asiste casa semana. El mensaje dice que la espera a las 17 horas en su departamento de solteros. Me lleva aproximadamente una hora encontrar la dirección de dicho departamento en las conversaciones del chat. Una vez obtengo toda la información necesaria apago el aparato y me dispongo a tomar la pequeña libreta de mi hermana. Cierro los ojos y aspiro su aroma, la fragancia de su perfume está impregnada en cada hoja y se me escapa un suspiro de puro gusto. Isabella, para mí es como una droga, una droga en estado puro, dañina, letal, pero sin importar cuan mal te haga la consumes una y otra vez, porque ya eres adicto a ella y no existe salvación para un adicto, no importa cuantas rehabilitaciones recibas, basta con la más mínima provocación para recaer una vez más. Con manos temblorosas comienzo a hojear la libreta, tengo miedo de encontrarme con algo que me lastime más de la cuenta, aún así indago en los más íntimos secretos de mi amada hermana.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR