Capítulo 7 —Cercanía perturbadora

1163 Palabras
Capítulo 7 —Cercanía perturbadora Caín: Dilan desapareció entre los árboles, y el silencio llenó la cabaña. Aurora permaneció inmóvil, con la mirada fija en la puerta por la que su esposo había salido. Pude ver el temblor en sus manos, la tensión en sus hombros. Era fuerte, sí, pero estaba agotada. Demasiado había caído sobre ella en tan poco tiempo y yo era, en gran parte, el responsable. Me quedé quieto, observándola. No pude evitar sentir un nudo en la garganta al verla así. Aurora siempre había sido un símbolo de fortaleza, una presencia imponente que irradiaba poder, pero ahora, bajo la luz tenue de la cabaña, se veía tan vulnerable que me hizo recordar a la chiquilla que recogí al lado del camino, aquella noche. —¿Cómo estás? —le pregunté finalmente, haciendo que mi voz rompiera el silencio. Ella no respondió de inmediato. Sus ojos seguían clavados en la puerta, como si esperara que Dilan regresara de inmediato. Pero luego, con un suspiro, se giró para mirarme. Sus ojos, aunque cansados, brillaban con una mezcla de emociones que no pude desentrañar del todo. —Sobreviviendo —contestó al fin, con una sonrisa débil que no alcanzaba sus ojos. Sentí un dolor agudo al ver esa expresión. Aurora había sido mi mundo en el pasado, una llama que había iluminado mi existencia de una manera que nunca podría olvidar. Aún ahora, con todo lo que había sucedido, seguía siendo tan hermosa como siempre. No solo por su apariencia, sino por la intensidad que emanaba de ella, una fuerza que no se apagaba incluso en sus momentos más oscuros. —Esto no es justo para ti —dije, dando un paso hacia ella —Has pasado por demasiado. Ella se rió suavemente, pero su risa estaba teñida de amargura. —¿Justo? ¿Qué es justo en este mundo, Caín? He aprendido a no esperar justicia, solo a seguir adelante, a proteger a los que amo, cueste lo que cueste. Asentí, reconociendo la verdad en sus palabras. Siempre había sido así, siempre dispuesta a sacrificarse por los demás. Esa era una de las cosas que siempre había admirado de ella, y tal vez también la razón por la que nunca pude dejar de pensar en ella, incluso cuando me alejé. —Sé que Dilan es fuerte —continué, mi voz un poco más baja —pero no puedo evitar preocuparme. No solo por Luz, sino también por ti. Aurora me miró fijamente, con su expresión un poco más suave. —Caín… no deberías preocuparte por mí. Lo que importa ahora es Luz. Ella es nuestra esperanza. —No puedo evitarlo —dije, sintiendo cómo la distancia entre nosotros parecía acortarse, aunque físicamente seguíamos estando separados —A pesar de todo, nunca he podido dejar de preocuparme por ti. Ella bajó la mirada, como si no supiera cómo responder a eso. El silencio se instaló entre nosotros nuevamente, cargado de palabras no dichas, de recuerdos de un pasado que ambos intentábamos olvidar, pero que seguía presente, como una sombra que nunca se desvanecía. Me acerqué más, sintiendo que, a pesar de la tensión, necesitaba estar cerca de ella, aunque solo fuera para recordarme a mí mismo por qué había tomado ciertas decisiones en el pasado. Por qué, a pesar de todo, seguía siendo leal a ella, a esta familia. —Caín… —su voz era un susurro, y cuando la miré, vi el conflicto en sus ojos, la lucha interna entre el pasado y el presente, entre lo que fue y lo que quedó pendiente de ser. —No tienes que decir nada —le aseguré, tratando de aliviar parte del peso que parecía cargar sobre sus hombros —Solo quiero que sepas que, sin importar lo que pase, estaré aquí para ti. Siempre lo estaré. Ella asintió, sus ojos se volvieron a encontrar con los míos. Durante un breve instante, sentí que todo se detenía, que no había más que nosotros dos en ese espacio, compartiendo una conexión que, aunque rota y distorsionada por el tiempo y las circunstancias, seguía existiendo en algún lugar profundo dentro nuestro. Pero antes de que pudiera decir o hacer algo más, Aurora se apartó ligeramente, su expresión se endureció una vez más. —Gracias, Caín —dijo, volviendo a la distancia segura que siempre había mantenido desde que nuestras vidas tomaron rumbos diferentes —Necesito descansar. Mañana será un día largo. Asentí, entendiendo que la conversación había llegado a su fin, al menos por ahora. Pero mientras me alejaba y la dejaba sola con sus pensamientos, no pude evitar sentir que algo había cambiado entre nosotros. Algo que, aunque pequeño, podría tener grandes repercusiones en el futuro. Porque, a pesar de todo, Aurora seguía siendo esa llama que nunca podría apagar, esa parte de mi pasado que seguía ardiendo con fuerza dentro de mí, incluso cuando todo lo demás parecía desvanecerse en la oscuridad. Aurora: Sentir la presencia de Caín a mí alrededor era una mezcla de emociones que no podía ignorar, aunque lo intentara. Su sola cercanía despertaba en mí recuerdos que creía enterrados, pero que seguían vivos, latentes, como brasas bajo la ceniza. No era solo el hecho de que él fuera mi creador, sino que Caín había sido mi primer amor, mi primera pareja, y aunque qué había hecho el ritual para desvincularnos, algo en nuestro vínculo permanecía intacto. Cada vez que estaba cerca, mi piel se erizaba, y no por el frío de la noche o la ausencia de latidos en mi pecho, sino por la memoria de sus manos sobre mí, de sus labios reclamando los míos. Era como si mi cuerpo recordara lo que mi mente intentaba olvidar. Y aunque ahora mi vida y mi corazón pertenecían a otro, no podía evitar sentir una perturbación constante en su presencia. Caín tenía esa habilidad, esa manera de mirarme que atravesaba cualquier barrera que intentara construir. Sabía todo de mí, desde mis miedos más profundos hasta los deseos más ocultos que alguna vez compartimos. Me leía como si cada pensamiento mío estuviera escrito en un libro abierto frente a él. Dilan era mi fortaleza, mi amor presente y futuro, pero Caín… Caín era mi pasado, uno que nunca había logrado dejar completamente atrás. Intentaba no mostrarlo, no dejar que su presencia afectara lo que tenía ahora, pero era difícil, casi imposible. Había momentos en que deseaba gritarle, pedirle que se alejara, que me dejara vivir en paz, pero sabía que eso era algo que nunca podría hacer. Porque, aunque me perturbara, había una parte de mí que siempre lo recordaría, que siempre se aferraría a lo que alguna vez fuimos. Sentir a Caín tan cerca era una constante lucha interna, una batalla entre lo que soy ahora y lo que fui entonces. Y mientras él estuviera aquí, esa lucha no haría más que intensificarse. Bueno, parece que Caín volvió a moverle el piso a Aurora... que dicen...??? caerá en la tentación..???
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