Capítulo 6 —Caín entre nosotros
Dilan:
Caín asintió, entendiendo que la preocupación de Aurora iba más allá de las promesas. Se trataba del futuro incierto y de las fuerzas que ahora se movían contra nuestra familia.
—Lo primero que hay que hacer es asegurarnos de que Luz esté protegida en todo momento. Voy a duplicar la seguridad y…
—No, no quiero que mi hija viva bajo vigilancia constante —interrumpió Aurora, su voz más fuerte ahora, una mezcla de desesperación y determinación —No quiero que crezca en una jaula —Caín suspiró, sabiendo que Aurora tenía razón, pero también que no teníamos otra opción.
—Lo entiendo, pero no podemos permitirnos el lujo de ser descuidados.
—Voy a encontrar a esos vampiros rebeldes y los sacaré de la ecuación. No permitiré que ninguna amenaza se acerque a mi hija —Me levanté, con una decisión clara en mente.
Aurora me miró, con el miedo y la desesperación todavía presentes, pero también con un atisbo de esperanza.
—Dilan, por favor, prométeme que tendrás cuidado. No quiero perderte —su voz se escuchó como un ruego.
—Te lo prometo, amor. Volveré a salvo y nuestra hija estará segura —La tomé en mis brazos, sintiendo cómo su cuerpo temblaba ligeramente.
—Iré contigo. Dos son mejor que uno, y no quiero arriesgarme a que algo salga mal —Caín se levantó, su expresión seria.
—Yo preferiría que te quedaras, por ahora, ya sabes, en mi manada no eres muy bien visto —le dije tratando de sonar más amable de lo que en realidad era —además ahora solo iré a ver qué podemos hacer, así que sería mejor que te mantuvieras aquí y de paso te encargas de la seguridad de las chicas —esto último fue un poco jocoso para tratar de limar tensiones
Narrador:
Como era de esperarse, cuando estos tres seres se reunían, la tensión era tan palpable que parecía posible cortar el aire con un cuchillo. Con el tema de Aurora, Caín trataba de mantenerse lo más al margen posible, reflexionando sobre su único interés: mantenerla a salvo. Sin embargo, cuando se trataba de Luz Esperanza, la situación cambiaba por completo. Ella era su hija, y esta vez, mantenerse al margen no era una opción.
—No serán ustedes dos los que decidan y yo el que ejecute las órdenes —declaró Dilan con firmeza, dejando claro que no se repetiría lo sucedido antes.
—Nadie pretende eso, Dilan —respondió Caín, con un tono que buscaba apaciguar —Tengo bien claro que Luz Esperanza es tu hija, pero también sé que la supervivencia de los seres que habitamos este planeta está en sus manos. Mi deber es velar por su seguridad.
—Caín, como bien te dijo Dilan, esta vez no acataremos órdenes a ciegas. Seremos parte de la toma de decisiones —Aurora intervino, con su voz teñida de una mezcla de preocupación y determinación.
—Por favor, Aurora —insistió Caín, con un tono que traía consigo un peso emocional —Debes creerme, no pretendo tomar un rol que no me corresponde, pero deben entender que me preocupa el bienestar de la ni*ña.
Aurora lo miró con ojos entrecerrados, buscando leer más allá de sus palabras.
—Y te lo agradezco, porque imagino que no solo te preocupas por la profecía, sino por ella misma.
—Por supuesto, Dilan —afirmó Caín, sin vacilar —Ella me interesa por la profecía, sí, pero también porque es hija de... —Hizo una pausa, sus ojos fijándose en Aurora —Porque es tu hija, Aurora.
Una sonrisa satisfecha se dibujó en los labios de Aurora, mientras que Dilan frunció el ceño, una clara muestra de descontento. A pesar de la tensión latente, la charla se mantuvo dentro de un tono moderado. Después de unos minutos, las brujas volvieron a sumarse a la conversación. Aunque habían dejado claro a Caín que no sería él quien tomaría las decisiones en solitario, reconocieron que era quien poseía la información clave sobre lo que estaba sucediendo. Con esa aceptación, la tensión en el ambiente disminuyó ligeramente, aunque la presencia de Caín en la casa de Dilan y Aurora seguía siendo un recordatorio constante de la fragilidad de la situación.
Dilan:
Asentí, aceptando su ayuda a regañadientes. Sabía que, a pesar de todo, Caín seguía siendo un aliado poderoso, y en este momento, necesitábamos toda la fuerza que pudiéramos reunir. Aun así, no podía ignorar el peso de nuestra historia y la desconfianza que aún latía en mi pecho. Aurora me observaba mientras me preparabas para partir, sus ojos como faros que seguían cada uno de mis movimientos. No dijo nada, pero la intensidad de su mirada hablaba más fuerte que cualquier palabra. Podía sentir su miedo, su esperanza, y algo más profundo, como una imploración silenciosa para que todo saliera bien. Antes de salir para ir a hablar con Marcos, me acerqué a Aurora, mi Alfa, con una mezcla de determinación y temor. Ahora, nuestro objetivo no era Aurora en Barcelona, ya que claramente no iría; era Luz Esperanza, aquí, en el corazón del bosque. Tomé su rostro entre mis manos, sintiendo la suavidad de su piel bajo mis dedos, y la besé suavemente en los labios, saboreando ese momento como si fuera el último.
—Te amo —le susurré, mis palabras cargadas de una promesa que iba más allá de lo que podíamos controlar.
—Yo también te amo, Dilan —respondió ella, su voz apenas un susurro, pero lo suficientemente fuerte como para atravesar la barrera de mis miedos. Sus ojos se desviaron hacia nuestra hija, que seguía jugando en su habitación, ajena a la tormenta que se cernía sobre nosotros.
Con un último vistazo a Luz Esperanza, me giré hacia Caín, sintiendo la necesidad de confirmar su lealtad una vez más.
—¿Te quedarás entonces? —le pregunté, con un tono cargado de autoridad, pero también de una vulnerabilidad que rara vez mostraba.
—¡Por supuesto! —afirmó con su característica voz de mando, esa que siempre había generado una mezcla de respeto y recelo en mi interior. Pero luego, como si el peso de nuestra historia se interpusiera entre nosotros, miró a Aurora y suavizó su tono —Si me lo permiten, sino me buscaré algún alojamiento cercano…
—No seas tonto, Caín, esto es más grande que cualquier diferencia que hayamos tenido antes —le respondí, dejando salir a mi lobo interior, sintiendo la fuerza y la rabia latente que siempre me acompañaban. Allí estaba mi Alfa, mi compañera, así que la miré buscando su aprobación —Supongo que estarás de acuerdo conmigo…
Aurora asintió, su mirada fija en la mía, como si quisiera transmitir todo lo que no podía decir en palabras.
—Sí, Dilan, lo que tú decidas estará bien. Yo ahora no puedo pensar con claridad.
Con esa afirmación, sentí un peso sobre mis hombros que no podía ignorar. Salí de la cabaña, listo para enfrentar la amenaza que se cernía sobre nuestra familia. Cada paso que daba en dirección al bosque me alejaba de Aurora y de Luz Esperanza, pero también me acercaba a lo inevitable. Mientras me internaba en la oscuridad, no podía evitar la sensación de que estábamos al borde de algo mucho más grande de lo que podíamos imaginar. Pero no importaba lo que viniera, sabía que haría cualquier cosa por proteger a los que amaba, sin importar el costo, incluso si eso significaba volver a meter a Caín entre nosotros. La lucha que se avecinaba no era solo contra los enemigos externos; era también una batalla interna, una en la que tendría que enfrentarme a mis propios demonios, sus propios miedos. Y en esa lucha, la única certeza era que no estaba dispuesto a perder a mi familia, sin importar lo que eso significara.
Les parece buena idea Aurora y Caín bajo el mismo techo sin que esté Dilan? ...mmm...