Aidan estaba en casa de Karl, intentando distraerse del dolor y vacío que sentía en su pecho. Pero no podía evitar equivocarse al tocar el bajo durante el ensayo, así que el grupo decidió tomarse unos minutos para que el chico pudiera calmarse.
-Aidan, ¿qué te pasa? -preguntó Ekaterina, dándole un vaso de agua.
-Nada -mintió él, desviando la mirada, pero la chica alzó una ceja y le tomó el rostro obligándolo a fijar sus ojos en los de ella.
-Puedes confiar en mí, lo sabes. ¿Es por lo que vi el otro día?
El pelirrojo asintió y ella le soltó la cara.
-Creo que no debí hacer eso. Ra... el otro Aidan no lo tomó muy bien y lo entiendo, en el fondo. Su familia, sus cercanos, nadie aceptaría que él tenga algún sentimiento por otro chico, sobre todo por uno como yo, y supongo que él está confundido por eso. Pero me duele.
Ekaterina puso su mano sobre el hombro de su amigo.
-Él tiene que entender que enamorarse de ti quizás es poco común, pero no por eso es malo. Como dices, su entorno es el que lo reprime y eso es muy triste, pero si le preguntas qué tiene de malo tener estos sentimientos, no va a saber qué decirte, porque, en el fondo, nadie tiene claro por qué deciden odiar el amor.
-No sé si algún día se atreverá a estar en contra de su familia y de todo el mundo, solo por mí. No lo creo.
-¿Y hablaste con él?
-Sí... bueno, fue más que nada una discusión. Es que también estoy muy frustrado. Y lo extraño, pero no sé si quiera hablarme otra vez.
-Cuando estés más tranquilo y ordenes tus ideas, intenta conversar con él una última vez.
-¿Y si no me quiere hablar de nuevo?
-Bueno... es parte de la vida, Aidan. No siempre hay finales felices.
Él miró al suelo, y asintió nuevamente. Tenía todas las de perder, pero al menos no podría decir que no intentó hasta la última chance para arreglarse con Raen.
-A ensayar -dijo Karl en voz alta y los cuatro músicos se dispusieron con sus instrumentos. Cuando el vocalista anunció la canción que iban a tocar, Aidan sintió que el corazón le daba un vuelco.
There's a place used to go
Got to the music on radio
And you can't help but feel it
Walk through the door
On the tables, on the floor
Lo más gracioso para el pelirrojo es que al cambiar solo una letra, sería prácticamente el tema del chico que lo hacía sufrir tanto.
Real Rean, real Rean, real Rean
Y bueno, la letra le pegaba bastante.
It doesn't matter
Where you've been
They gotta get here or be seen
It ain't a palace you feel alone
It's got a feelin' you've never known
Ese ensayo salió bien. La conversación con Ekaterina lo había tranquilizado un poco, aunque aún seguía algo angustiado por el posible resultado de su último intento.
La Navidad y Año Nuevo llegaron en un suspiro, y el rey seguía con la intención de que su hijo tuviera un acercamiento especial con Emily.
Pero Raen, incluso aunque hubiera querido, prefería no demostrar ningún tipo de romanticismo, ya que sabía que la joven estaba prendada de otra persona y él no la iba a obligar a quererlo. Además, había cierto pelirrojo que se paseaba por el Palacio, trabajando, por supuesto, que también seguía viviendo en su mente y, muy a su pesar, en su corazón.
A veces tenía ganas de hablarle. Ya habían pasado varias semanas desde su discusión y sentía que las aguas estaban más calmadas. Pero no sabía qué decirle.
¿Te extraño?, ¿podemos seguir siendo amigos? Olvidemos lo del beso, no es como si significara algo. No, cómo le iba a decir algo tan atroz y que, además, era una mentira. Al menos para él sí había significado algo, y mucho. Había sido su primer beso.
Ahora que lo pensaba, Aidan parecía saber demasiado bien lo que estaba haciendo, ¿acaso ya había besado a otras personas?, ¿a quién?, ¿alguna vez se había enamorado antes? No podía creer que nunca hubieran hablado de eso todas las veces que estuvieron juntos, y ahora lo carcomía la duda o los celos, no sabía diferenciar bien sus sentimientos.
Pero imaginar a Aidan con otra persona... le hervía la sangre. Probablemente, lo mismo debía pasarle al pelirrojo, cada vez que lo veía con Emily. Quizás pensaría que esa era su forma de olvidarlo. A veces, cuando la chica estaba en el Palacio, podía notar que Aidan los miraba con un asomo de tristeza, aunque quizás solo fuera su imaginación.
Un príncipe y una hija de duques, prácticamente la pareja ideal. Por su parte, no podía negar que una de las cosas que más le gustaban de la joven eran sus ojos, tan parecidos a los de Aidan.
-Veo que tu hija y mi hijo se llevan muy bien -comentó el rey al duque mientras estaban sentados a la sombra de una viña, mirando a los jóvenes conversar entre las flores.
Aidan se encontraba junto a ellos, ya que era el encargado de servirles el té y estar atento a sus demandas.
-Quizás pronto podamos anunciar un compromiso. Sé que aún son jóvenes, pero los años pasan volando -respondió el otro con una sonrisa de satisfacción.
El pelirrojo apretó los labios. Se le estaba acabando el tiempo. Tenía que hablar con Raen lo antes posible.
Y fue esa misma noche cuando decidió tomar valor. Esperó a que todos se fueran a dormir y entró a hurtadillas al Palacio, hasta llegar frente a la puerta del dormitorio del príncipe.
Raen, que estaba acostado, pero aún despierto, sintió unos suaves toques en su puerta. Se puso de pie y se acercó con cautela, hasta que escuchó la voz de Aidan al otro lado.
-Raen, ¿puedo hablar contigo? Por favor...
Su voz se oía tranquila, pero suplicante. El príncipe puso la mano en el picaporte, sin saber si abrir o ignorarlo.
-¿De qué quieres hablar? -preguntó de vuelta.
-De nosotros.
Le sorprendió la franqueza de las palabras del pelirrojo y, finalmente, decidió abrir y dejarlo entrar.