Los labios de Luca recorrían mi cuerpo, la calidez que sentía al estar con él era lo único que calmaba mi dolor... o eso era lo que yo pensaba. Pues había vuelto a llorar otra vez, consiguiendo con ello que él alejara sus labios de mi cuerpo. Me rodeó con sus brazos y me abrazó con fuerza a su pecho. —Maldición, Abigail; te dije que era mala idea —dijo apoyando su barbilla en mi cabeza. Él era un buen chico, y no se merecía que yo le hiciera esto. Lo había convencido de que estuviera conmigo, pensé que con sus besos y caricias podría dejar de pensar. Lo cual no había dado buen resultado. —Nena, tomará tiempo. Tu corazón deberá sanar —susurró. Ya no lo creía. Llevaba cuatro semanas encerrada en mi habitación como una ermitaña, sólo aceptando la compañía de Luca, quien no se había ale

