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Siempre te amé

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drama
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Descripción

Milena es una mujer trabajadora, que ha tenido muchas decepciones amorosas, y ha sido menospreciada por su jefe.

Adrián es un hombre que le gusta tener una vida tranquila, pero tiene la obligación de tomar la dirección de la empresa, ya que sus padres quieren controlar cada paso de su vida,

Estos dos amigos, a los cuales las circunstancias de la vida los separo al salir de la universidad, se reencontraron y al volverse vecinos, se dieron cuenta, los sentimientos que reprimían seguían latentes en sus corazones

Para la familia de Adrián, el dinero era lo más importante, así que obligaba a sus hijos a casarse solo por beneficio económico, y al ver como su hermana había sufrido un matrimonio tormentoso, él no estaba dispuesto acceder a la imposición de su familia y menos después de enterarse de todos los negocios turbios.

Milena también luchaba por ser reconocida en su trabajo, y por encontrar el amor, pero su último novio la maltrato y sin ella saberlo era blanco de la prometida del hombre que ella creía que amaba.

Mientras Milena y Adrián trataban de solucionar sus problemas, se apoyaban. Ellos se encaminan en una lucha para preservar su amor, que los llevó a correr un gran peligro, debido no solo a la verdad que ocultaba Adrián, sino su familia.

Después que los dos se dieron cuenta de sus sentimientos, lucharan con todas sus fuerzas para estar juntos, a pesar de que la familia de Adrián la rechazaba y la utiliza para que su hijo cumpliera sus obligaciones. Pero con ayuda de sus mejores amigos y aliados inesperados, podrán darse paso al amor.

¿Los dos podrán permanecer juntos mientras enfrentas a su familia?

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Capítulo 1: El triste despertar
Milena Ramos —¡Eres una inepta!, no sirves para nada— Era la única frase que retumbaba en mi cabeza, Sandro, mi jefe, siempre me menosprecia, se toma el crédito de varias de mis ideas y pensaba que por el hecho de ser mujer podía tratarme como él quería, yo empecé a trabajar muy ilusionada, ya que esta era una excelente compañía, donde podría crecer profesionalmente, pero no sabía que solo por el hecho de ser mujer, y mi apariencia, mi jefe pudiera tratarme de esa manera. —Milena, ¿te encuentras bien? — Berta era una compañera de trabajo y de las pocas amigas que tenía fue a buscarme, yo me encontraba en el baño limpiando mis lágrimas, porque estaba cansada de tanta humillación. —Si Berta, no te preocupes— dije mientras miraba mi reflejo, como pude caer tan bajo, porque me dejo tratar de esa manera, pensé. —Milena, él es siempre así, ¿no has pensado en cambiar de trabajo? Y si, lo había hecho, y más de una vez, pero esta era una compañía muy importante y seguía con la esperanza que todo mejoraría y que podría ejercer mi carrera con éxito. —Berta, amo este trabajo, el único que no me deja estar bien es mi jefe. —Mi niña, no te quedes hoy hasta tarde, ve a tu casa y trata de relajarte, mañana pensarás con cabeza fría. Volví a mirar mi reflejo en el espejo mientras lavaba mi cara y mis manos, y vi a una trigueña, con cabello crespo y desordenado, llevaba un conjunto de saco y falda negros, no me quedaban ajustados, pero ese era mi estilo y me sentía cómoda, mis ojos estaban rojos y reflejaban cansancio, y ya no tenían ese brillo de seguridad con el que empecé en esta empresa, cada vez me sentía más desanimada, pero no quería rendirme y menos ante un hombre como mi jefe. —Si Berta, tienes razón, hoy no me quedaré más de lo que me corresponde, a veces me olvido que tengo una vida, así que… me iré a casa temprano. —¡Así se habla mi niña!, limpia esas lágrimas y vete, necesitas descansar. Berta era una de las pocas personas en la cual tenía confianza, era una mujer de 40 años y me ayudó desde que entré a la compañía, así que siguiendo su consejo salí apenas termino mi jornada laboral, yo siempre he sido responsable y soy de las primeras en llegar y de las últimas en salir, me gusta dejar todos mis pendientes al día, pero quiera irme lo más rápido para ir a refugiarme en los brazos de mi novio. Al llegar a mi apartamento, me detuvo un ruido, más bien… eran gemidos, creí que era la televisión, que esto no me podía estar pasando a mí… otra vez, empecé a caminar hacia mi habitación, lo hacía lentamente, ya que mis piernas estaban temblando, a medida que me acercaba podía escuchar los gemidos cada vez más fuertes, al igual que los latidos de mi corazón, al abrir la puerta pude ver que uno de mis miedos más grandes apareció frente a mis ojos, mi novio Franco estaba teniendo sexo con una de mis vecinas, lo peor es que ella era 10 años mayor que él. No podía creer que mi novio, con el cual llevaba un año compartiendo el mismo techo, me estaba traicionando de esta manera, mi pecho ardía, sentía mis piernas aún más débiles y un escalofrío empezó a recorrer todo mi cuerpo, me quede pasmada por unos segundos, mientras veía en mi cama, la espalda desnuda de una mujer, saltando encima de mi novio, trataba de gritar, pero no salía un solo ruido de mi garganta, cerré los ojos para mitigar la imagen frente a mí y tomar fuerzas para poder gritar, ya que están tan ocupados que ni se percataron de mi presencia. —¡Franco!, ¿qué demonios?, ¿cómo te atreves? — por fin pude sacar lo que tenía atorado en mi garganta mientras los miraba desde el marco de la puerta. Los dos se quedaron mirándome, Franco soltó una pequeña sonrisa, mientras la mujer, solo se levantó y empezó a buscar su ropa, ni siquiera tuvo la decencia de taparse con algo su cuerpo sudado. —Cariño, sabes muy bien que no eres lo suficiente mujer para satisfacerme, me toca buscar lo que tú no me das en otras, pero tranquila, ven, los tres podemos pasar una tarde espectacular. No podía creer lo que Franco me decía, lo que más me impactó fue como mi vecina, semidesnuda, se acercaba a mí para acariciarme, por un segundo me congela, la risa de Franco era cada vez más sádica y la mujer solamente me miraba con sus ojos sombríos, llenos de lujuria; no pude aguantar el asco que sentí, retrocedí instintivamente para evitar su toque, y eso hizo que mi cuerpo por fin dejara de temblar, así logré salir de ese lugar, el cual ya no consideraba mi hogar. Salí sin rumbo fijo, sentía que mi mente y mi vista estaban nubladas, no lograba concentrarme en otras cosas, solo en las palabras de Sandro y la imagen que vi en mi cama, mi mundo otra vez se venía abajo, lo único que tenía fijo era mi trabajo, no sé por cuanto camine, pero mis pies se sentían pesados y me dolían, de repente un gran perro se me abalanzó y me tumbo, lo cual despejó un poco mi mente, aunque mi cadera me dolió por la caída, pude sentir que el perro empezó a lamer mi cara con cariño, o eso creí, lo cual me alegro un poco. —¡Mil disculpas señorita!, mi perro no suele comportarse así. —No se preocupe, no es lo peor que me ha pasado, —dije mientras estaba aún en el piso acariciando al labrador, hay caí en cuenta que en verdad había caminado mucho, ya que pude ver que estaba en un parque, que se encontraba a varios kilómetros de mi casa, como era de noche estaba algo oscuro, pero había varía gente haciendo deporte o solo paseando a sus mascotas. El dueño del perro estiró la mano para ayudarme a levantar, la cual acepté, cuando de pronto escuché mi nombre. —¿Milena? ¿¡Milena Ramos!? — esa voz, me invadió de tranquilidad y felicidad, la conocí apenas dijo mi nombre. —¿Adrián? — No podía creer, era mi mejor amigo en la universidad, no era muy aplicado, pero él era el único que se acercaba a mí sinceramente, y yo era su única amiga, porque las demás compañeras se acercaban para conquistarlo o tener un buen polvo, ya que él era y sigue siendo un hombre muy guapo. —¡Milena, que bueno verte! — Dijo mientras me daba un fuerte abrazo, el cual yo acepte, en verdad lo necesitaba, mientras caminaba hace un instante pedí un deseo, poder encontrar refugio, en donde me sintiera en paz, y qué mejor lugar que los brazos de Adrián. —Adrián, También me alegra verte — le dije separándome de él para verlo y poder cerciorarme que en verdad era él. —Mile, ¿Todo bien? — No lo pude evitar y volví a abrazar a Adrián, en la universidad fue el único que me escuchaba y me apoyaba, y eso era lo que en este momento necesitaba, él respondió a mi abrazo y nos quedamos así por unos segundos, cuando me sentí tranquila lo solté y lo miré, esos ojos azules, me traían siempre paz. Él era un hombre alto, pelo castaño, su tez era blanca y a pesar de que estaba con ropa deportiva, seguía siendo muy atractivo, se había dejado crecer un poco la barba y su cabello, el cual tenía sujeto con una moña. —Adrián, me alegra verte otra vez y sentir que siempre estas hay para mí. — Él tomó mis hombros y me dedicó esa mirada que me invadía de calma. — A mí también me alegra volverte a verte, y sin importar lo que pasó, quiero que sepas que aquí estoy para ti — dijo mientras se encorvaba un poco para que yo pudiera ver la sinceridad en sus ojos. —Gracias— fue lo único que pude decir. —Y si vamos a tomar algo, un café, ¿Qué opinas? —Me encantaría, pero la verdad creo estar presentable. Yo me había dado cuenta de que mi ropa estaba algo sucia después de caerme, y suponía que mi cara tenía rastro de maquillaje corrido, aunque no usaba mucho, pero podía sentir que lo poco que había en mis ojos, estaba fuera de su lugar, pero Adrián al parecer no le importaba. —No te preocupes por eso, si te sientes incómoda de ir a algún lado, podemos ir a mi apartamento, vivo cerca… y … tengo café. Asentí con la cabeza y fui con él, como era costumbre yo lo tomé del brazo mientras hablábamos, era como retroceder a los años que estuvimos en el campus de la universidad, ya que en esa época y ahora, las mujeres que pasaban a nuestro alrededor me miraban con celos, pero a ninguno le importaba. Llegamos a un edificio de 5 pisos, subimos por las escaleras hasta el último piso, su apartamento era pequeño, pero agradable, no tenía muebles modernos, pero me hacía sentir cómoda. —Mile sigue, siéntate mientras preparo café— dijo señalando el sofá mientras se dirigía a la cocina, la cual se dividía de la sala por un mesón, lo cual me facilitaba poder ver como Adrián molía los granos de café y me regalaba una hermosa sonrisa. —¿Pensé que estabas especializándome en el extranjero? — Le pregunté, ya que nos habíamos distanciado por ese y otros motivos. —Sí, fui, pero sabes muy bien que la carrera que estudiaba me la impusieron mis padres, así aproveche que fui al extranjero y me dedique a mi verdadera pasión, la pintura— de repente, dejo lo que estaba haciendo y caminó hacia mí, me tomó de la mano y como si fuera un niño que quería mostrar su juguete nuevo, señaló una de las habitaciones del apartamento, la cual estaba cerrada—ven te mostraré algo. Al abrirla pude ver en su interior varias pinturas, la mayoría eran de mujeres con poca ropa, y uno que otro paisaje, pero había una en especial que llamó mi atención, fue una mujer que se parecía a mí, y estaba mirando el atardecer. —Sí, esa eres tú — dijo mientras se acercaba a mí. —¿Me pintaste? —Sí, el ir contigo a mirar el atardecer, era nuestro momento de calma, olvidamos el estrés de la semana … eran mi lugar y momentos favoritos — dijo detrás de mí y muy cerca de mi oído. —También los míos … cuanto quisiera ver ese atardecer otra vez. —Podemos ir a ver el amanecer. —¡Adrián!, mañana trabajo y tengo que resolver un asunto, tengo que volver a mi realidad — dije separándome de él y dirigiéndome a ver otras de sus obras de arte. —Sabes que puedes confiar en mí, me puedes contar que te paso — no se movió de su sitio, pero si me seguía con la mirada, esa mirada que a veces parecía que fuera más que la de un amigo, sabía que podía contar con él, pero para mí es muy difícil hablar y decirle lo que vi, en mi casa y en mi propia cama. — Descuida Mile, no tienes que contarme nada. — Adrián, es que es difícil, ver como siempre me pasa lo mismo — respiré profundo y lo dije sin rodeos— hoy descubrí que mi novio se metió en mi cama con otra mujer. —¡¿Qué?! ¡Mucho desgraciado, y en tu propia cama! — gritó y se acercó a mí. —Pero Adrián, tú eres igual — desde que lo conozco, él siempre anduvo con una y otra, es un mujeriego. —No nena, no lo soy, nunca he tenido una relación seria, y mucho menos he vivido con una mujer, tuve una prometida, pero fue una imposición de mi madre, no porque en verdad la quisiera. —¿Y cuál es la diferencia? —La diferencia es que si yo tuviera una mujer que me amara como tú amas a ese imbécil, nunca te haría daño, ni dejaría que alguien te lo hiciera. Esas palabras me dejaron sin aire y después de que se acercó más a mí y tocó mi cara, volví en el tiempo, ya que a veces creía sentir cosas por él, pero no soy el tipo de chica que le gusta, y tampoco soy una mujer de una sola o pocas noches. —Adrián, no hagamos algo que podamos arrepentirnos — le dije mientras separaba lentamente sus manos de mi cara. —¿No quieres vengarte de ese imbécil? —Aunque quisiera, no sería capaz de dañar esta amistad. Él asintió con la cabeza y me dio un beso en la frente, otra de las razones por las que nos habíamos alejado era esa, el pensar que sentía algo por él. —¡Dime que no piensas volver! —No tengo a donde ir. Él con sus dos manos señaló su apartamento —Claro que tienes, mira, lo mío es tuyo. —¡No!, sería muy incómodo — no solo eso, él era un hombre muy simpático, la verdad no sé si podría evitar la tentación de estar bajo el mismo techo. —No va a ser por siempre, además, conozco al dueño del edificio y tiene un apartamento disponible, justo frente al mío. —¿En verdad? —Claro, le enviaré un mensaje en este momento y verás que problema resuelto. Fue una gran noticia, podía quedarme hoy con Adrián y después mudarme con mis cosas, tenerlo cerca sería como volver a vivir con él en el campus, nada más tendría que aguantar unos días la tentación y lo mejor es que no dejaría que el infeliz de Franco me viera destrozada. —De acuerdo, aceptaré quedarme hoy aquí, pero tengo que ir por algunas cosas. —Te acompaño— dijo tomando su chaqueta. —Esto lo tengo que hacer sola. —Te esperaré afuera, vamos en mi auto — no lo pensé mucho y acepté afirmando con la cabeza, entre más rápido alejará a ese hombre de mí, más rápido podría olvidarlo. —Está bien, pero primero quiero limpiarme un poco— Adrián me indico donde estaba el baño, al entrar pude oler su perfume, me encantaba su olor; respire profundo y empecé a arreglarme un poco, no iba a permitir que el maldito de Franco me viera así destruida, miré otra vez mi reflejo, y vi a una mujer decidida que dejaría a un hombre que no la ama ni la respeta. Adrián Smith No esperaba volver a ver a mi gran amor, a Milena, que después de dos años le había perdido el rastro, y aquí estaba, esperándola en mi auto para llevarla a mi apartamento, la sentía como antes, tan cerca, pero a la vez tan lejos. No había cambiado casi nada, seguía vistiendo ropa sencilla, pero eso no evitaba que sus curvas salieran de vez en cuando, tenía poco o nada de maquillaje y sus ojos color miel eran lo que más me cautivaba, ella fue la única mujer que se acercó sin esperar nada a cambio, y no sé desde cuando me enamore de ella, pero sé que no soy el hombre indicado para hacerla feliz, ella merece a alguien mejor y sin tantos problemas en su vida. Al reconocerla en el parque, sentí como el destino me daba otra oportunidad para poder tenerla cerca, no pude evitar abrazarla al verla tan frágil, ella siempre ha sido una mujer de carácter, a veces le afectaban los comentarios de nuestros compañeros por su apariencia o lo que más ira me daba, era que los chicos se acercaban, y le coqueteaban, solo para que los ayudara con alguna tarea o exámenes, pero se recuperaba rápido y con esa determinación que yo amaba, lo superaba y seguía adelante con sus metas. La acompañé a recoger sus cosas y me advirtió que no saliera de mi auto, la vi salir de un pequeño edificio antiguo, con una pequeña maleta y detrás de ella un hombre que solamente tenía puesto un pantalón, la seguía y la jalaba, yo estaba a punto de bajarme para darle una paliza, pero Milena con solo una mirada me dijo que no, y la conocía tan bien que sabía que era mejor hacerle caso. Pero sin importar le envié un mensaje a un empleado que mi padre me impuso, era un buen hombre y de mi entera confianza, yo me encargaría de darle una lección sin que ella se diera cuenta, apenas guarde mi celular vi como ella le dio una fuerte cachetada, se alejó y corrió hacia mi auto. —Lamento que vieras esa escena tan bochornosa. —No te preocupes, yo le hubiera propinado más de una cachetada. —Sabes que no vale la pena. —Lo sé, lo importante es que tú lo entiendas. Al llegar a mi apartamento, estaba esperándome Natalia, fue una de mis amantes, pero no había querido aceptar que nuestra relación terminó, sus ojos se abrieron como si se fueran a salir, miro a Milena de arriba abajo y su cara se puso roja de la ira. —¡¿Y esta niñita que hace aquí?!, ¡¿por esto me cambiaste?! — Natalia empezó a gritar, como una loca, mientras apartaba a Milena de mi lado. —Espérame adentro —le dije a Milena, a lo cual Natalia se interpuso, colocándose frente a la puerta de mi apartamento. —Ella sobra aquí, que se vaya para que los dos podamos arreglar nuestros asuntos. Yo aparté a Natalia, ya que me jalo hacia ella y empezó a insinuar mientras miraba a Milena, esa mujer no encendía mi deseo, más bien me producía asco. —Natalia hablemos afuera — la tome del brazo y la jale, a lo cual puso resistencia, pero yo era más fuerte y la lleve hacia las escaleras para sacarla del edificio. —Te espero adentro cariño, saca rápido la basura — dijo Milena lo cual me causo risa, mientras que mi loca ex amante se puso aún más histérica y empezó a gritar y maldecir a Milena. —Suéltame, como esa don nadie puede tratarme así, ¡la perra me las pagara! —¡Cuida tus palabras Natalia!, entre nosotros ya no hay nada, así que puedes irte y buscar a otro hombre que te satisfaga – le grite y mientras la soltaba a las afueras del edificio. —¡Pero yo te amo a ti!, lo único que quiero es a ti. —Seamos claros, lo único que quieres de mí, es mi dinero, desde que supiste que mi familia era acomodada, sigues persiguiéndome, así que puedes ahorrarte esta molestia y largarte. —¡Pero amor! … —Vete Natalia o llamaré a la policía, aquí no eres bienvenida. No sé por qué, pero ella siempre se iba después de amenazarla con la policía, la verdad no me importaba, al entrar al apartamento, nos miramos y reímos por la cara que puso Natalia. —Espero en verdad que te pases aquí al frente, así me ayudarías con todas las que vienen a molestarme. —Claro que sí, te debo mucho y sabes que puedes contar conmigo. Yo me acomodé en un sofá-cama que tenía en mi estudio y Milena se acomodó en mi habitación, al pensar en tener a mi gran amor a unos pasos, me ponía impaciente, no pude dormir, me di una ducha con agua helada para que se me bajara la calentura y de esta manera descansar un poco.

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