(...) Dormitorios Ala oeste.
Aproximándose a la puerta, el rubio ya se había grabado cual era desde el día en el que llego a la institución y se encontró con el peculiar dúo. Frente a la habitación, el hombre comenzó a dar una serie de golpes para que quienes al otro lado se encontraban respondieran, sin embargo solo se escuchaba música y risas.
—Parece que la fiesta esta buena en este sitio —Hablo Seiko con una sonrisa ladina escuchando lo que ocurría tras la puerta.
—Aun lado muchachon —Apartando a su amigo, Shin metió un fuerte golpe que hizo sacudir al cuarto — ¡Abre esa mierda pues! —Exclamo el economista perdiendo la paciencia.
Tras semejante estruendo los muchachos se asustaron y se pusieron en alerta. Fue entonces cuando el chico de lentes camino hacia la puerta.
— ¿Quién es? —Pregunto cordialmente.
— ¿Cómo que quien es? Abre esa puerta o la destruiré —Respondió violentamente el joven de negocios.
—Voy —Con amabilidad el hacker la abrió —Si dígame en que puedo ayudar--- —No pudo decir nada más antes de ser empujado por el rubio quien entre junto al karateka.
Al estar en aquel sitio, se dieron cuenta de que era lo que ocasionaba todo el alboroto. El guitarrista de pelo blanco estaba lucido en aquella habitación, mientras que unas siete chicas andaban semi-desnudas disfrutando de la música del compositor, quien los vio con algo de intriga.
—Coño me tengo que cuadrar una fiesta como esta —Comento Shin al ver a las mujeres.
— ¿Se les ofrece algo caballeros? —Pregunto Ryu con un tono serio —Si se trata de mi amigo, pueden golpearlo no hay problema —Expreso de manera bastante despreocupada.
—Disculpen nuestra intromisión señoritas. Pero tengo un asunto pendiente con este enano, si me lo permiten, se los regreso en un rato —Concluyo el economista finalizando su explicación.
—Quédatelo si quieres —Reitero nuevamente el albino continuando con su canción.
—Muy bien Sunohara, te necesito para algo importante ven con nosotros. —Comento el rubio con una mirada seria —El trato es simple, tú vienes y nos ayudas... A cambio yo no te golpeo —Explico con énfasis.
—Suena justo... Supongo ¿Puedo hacer algo antes? —Pregunto el azabache acomodando sus lentes.
— ¿Qué cosa? —Dudo Shin.
—Ponerme pantalones... —Hablo el joven Tendo quien se encontraba en bóxeres.
—Seguro... Mientras tanto Seiko y yo... ¿Seiko? —Aceptando y bajando su mirada sonrojado, el economista noto que su amigo estaba abrazando a las damas y escuchando a Ryu tocar —Oye hermano ¿Qué demonios haces?
— ¡Espérate que viene la mejor parte! —Exclamo el karateka subiendo las manos y aullando junto a las otras mujeres — ¡Amo esa canción! —Grito feliz por estar allí.
Tras un par de composiciones, unos números de teléfono y un pantalón más tarde. Los tres hombres salieron del cuarto y se miraron mutuamente esperando a que alguien dijera algo.
—Bueno les gusta el--- —Antes de terminar su frase la boca de Sunohara fue frenada por la mano de Shin.
—No lo digas... —Expreso un poco cansado del tópico de romper el silencio incómodo —Mira hombre, te necesitamos para encontrar una muchacha
—De acuerdo... ¿Por qué recurrieron a mí? —Dudo Sunohara.
—Eres un perro es natural pensar que sabes de todas las chicas de la institución —Explico Seiko quitándole los lentes.
—Primero regrésame eso —Salto tratando de tomarlos pero estos eran puestos fuera de su alcance por la altura de ambos jóvenes —Segundo... ¿Creen que solo por ser perro tengo que saber de todas las mujeres de este sitio?
—... Seiko y Shin se miraron mutuamente — ¡Sí! —Respondieron al unísono.
—De acuerdo si lo tengo... ¡Pero no por ser perro! —Se excusó el azabache tomando sus anteojos y caminando hacia los casilleros.
Tras unos minutos de caminata llegaron a aquel inmenso pasillo, era algo complicado tener tantos lugares en los cuales guardar objetos. El joven Tendo puso su huella dactilar y el armario se abrió de manera inmediata, tras hacerlo aproximo su ojo a un scanner, abriendo otra puerta.
— ¿Todos tienen eso? —Pregunto Kutetsu intrigado por el espacio que tenía.
—Desde luego, todos sirven como depósito. Pero el mío tiene algo especial. Entren por favor —Comento Sunohara adentrándose en aquel cubículo.
No había mucho espacio, estaba todo lleno de recuerdos, cartas y cajas vacías sobre relaciones que el joven había tenido.
—Según Hayato eres del departamento de informática, esperaba algo de eso aquí. Pero en su lugar lo usas para registrar cuantas chicas han pasado por tu vida —Expreso con algo de desagrado el rubio.
—No dejaría computadoras o cosas como esas en este sitio y claro, me gusta llevar un recuento de con cuantas lo he hecho —Respondió Tendo apartando cartones.
—Son... Bastantes —Señalo sorprendido Seiko.
—Bien, ahora sí —Colocando un extenso y enrevesado código, abrió finalmente una puerta que daba a unas escaleras —Tengan cuidado al bajar —Dijo entrando en la habitación secreta.
Siguiendo al hacker, los dos muchachos atravesaron el umbral. Tras bajar un poco llegaron a ese sitio. No era demasiado grande, pero era sorprendente. Un cuarto con una computadora asombrosa que se conectada a varios monitores y tenía un teclado táctil, la luz del sitio era formada por el efecto lumínico de los cables. Al principio estaba todo oscuro y con un solo interruptor todo el lugar se puso en marcha.
—Quizás piensen que es demasiada seguridad, pero este es mi pequeño rincón. Sin cámaras, sin profesores, sin reglas —Sentándose frente a las pantallas el muchacho tecleo rápidamente activando los sistemas de cifrado. Nadie podía saber nada de él.
—Bastante sorprendente. Tengo que admitir que esto me ha dejado sin palabras —Acepto Seiko nervioso y maravillado.
—Así que díganme caballeros ¿A quién debo buscar? —Pregunto Sunohara con una sonrisa.
—A ella —Denoto el economista mostrándole el teléfono.
—Sencillo. Dame un momento —Al instante el azabache busco el archivo del vídeo y uso sus programas de comparativa facial —Como les dije, no es por perro, es por Hacker que tengo los registros de todos en la institución —Explico mientras la cara de la joven del metraje era comparada con todos los estudiantes a una velocidad elevada.
Tras unos momentos de análisis el monitor finalmente dio positivo a una comparativa completa.
—Bien, la maquina ha terminado de... —Al ver a la chica, Sunohara y Shin quedaron en completo silencio.
—Cielos es... Hermosa —Alego el rubio sonrojándose.
— ¿Hermosa? Esa chica es una verdadera preciosidad —Hablaba hipnotizado Tendo, acomodándose los lentes para ver mejor.
—... ¡No tiene ni senos! ¡Ni trasero! ¿Acaso están dementes? Además, parece una niña de 13 años —Expreso el karateka rompiendo brutalmente el trance de los muchachos —Se llama... Nanami Furukawa y es de la clase de danza. Vamos por ella —Haciendo que ambos hombres cayeran nuevamente en la realidad, Kutetsu se preparó para seguir.
—Tiene razón vamos a conocerla —Con una sonrisa alegre, el informático empezó a caminar.
— ¡Momento enano! Gracias por tu ayuda, pero ya no es necesario que nos acompañes —Lo detuvo agarrándolo por la camisa —Así que, quédate quieto y regresa con las chicas esas... Y con el afeminado de Ryu —Ordeno el rubio mientras salía del lugar con Seiko.
—Oye pero yo quiero ir —Respondió Tendo.
—Ya Shin dejemos que venga con nosotros. —Cansado de la discusión, hablo el karateka a su amigo.
—Bueno está bien, pero si te veo en una cosa rara, te voy a meter un golpe que te va a dejar en el culo del mundo —Amenazo el economista al joven de lentes.
—Seguro ahora síganme —Poniéndose al frente de los muchachos el pequeño dio indicaciones de hacia dónde debían ir.
— ¿Cómo sabes donde esta exactamente? —Dudo el chico de cabellos grises
—Todos tenemos unos pequeños aparatos en nuestros brazos que nos pusieron al llegar, sirven para tener registro de hacia dónde vamos y lo que hacemos. Pero principalmente tiene la función de asegurarse de que no nos vayamos. Lo único que hice fue buscar en donde estaba con ese sistema —Explico Suno, caminando hacia el ascensor.
— ¿Irnos? —Dudo Shin.
—Sí, yo tampoco lo entiendo pero así de paranoico es el director de este sitio —Expreso el pequeño.
—Esta como raro... —Reflexiono el rubio mientras entraban al ascensor y este se cerraba.